¿El fin de las bolsas desechables? El cobro reduce sus ventas en un 98%

Publicado por Emprendimiento en

Durante años, las bolsas plásticas de un solo uso fueron un símbolo de la comodidad en supermercados y tiendas. Sin embargo, también se convirtieron en uno de los residuos más visibles de la contaminación ambiental, al encontrarse en calles, ríos, océanos y rellenos sanitarios. Hoy, una política pública aplicada en Inglaterra demuestra que un pequeño cambio económico puede transformar los hábitos de millones de consumidores.

De acuerdo con edie, los resultados más recientes del Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales (Defra) confirman que el cobro por cada bolsa plástica logró reducir sus ventas en un 98% respecto a los niveles previos a su implementación. Más allá de la cifra, este caso abre una conversación relevante para gobiernos, empresas y especialistas en sostenibilidad sobre cómo los incentivos adecuados pueden acelerar el fin de las bolsas desechables sin depender únicamente de campañas de concientización.

Fin de las bolsas desechables: un cobro que cambió los hábitos de consumo

La medida fue introducida en Inglaterra en 2015 con un cobro de cinco peniques por cada bolsa de plástico entregada en grandes cadenas comerciales, aquellas con más de 250 empleados. Seis años después, en mayo de 2021, el monto aumentó a diez peniques y la regulación se extendió a todos los comercios, fortaleciendo el mensaje de que el plástico de un solo uso debía dejar de ser la opción predeterminada.

Las cifras muestran el alcance de esta decisión. Antes de la implementación del cobro, los siete principales supermercados del país comercializaban alrededor de 7,600 millones de bolsas desechables al año. Durante el periodo 2025-2026, esas mismas cadenas reportaron únicamente 126 millones de unidades vendidas, lo que representa una disminución del 90% respecto al primer año de aplicación del impuesto y del 98% frente al escenario previo a la regulación.

Este cambio refleja cómo una política pública sencilla puede modificar comportamientos cotidianos cuando se combina con mensajes claros y alternativas disponibles para los consumidores.

¿Qué revelan los datos más recientes sobre el fin de las bolsas desechables?

Los resultados también muestran que varias empresas prácticamente eliminaron este tipo de productos de sus operaciones. Desde el periodo 2022-2023, Tesco y Waitrose informaron que ya no comercializan bolsas plásticas desechables, mientras que Marks & Spencer y Sainsbury’s reportaron la misma situación durante el ejercicio 2025-2026.

Si se consideran los datos de los 94 comercios que entregaron información a Defra, durante el último periodo se vendieron 399 millones de bolsas de un solo uso. Aunque la cifra todavía parece elevada, representa una disminución anual del 9% y una caída del 81% respecto a los 2,100 millones registrados entre 2016 y 2017.

Es importante señalar que estas estadísticas no incluyen las llamadas “bolsas para toda la vida” ni otros modelos reutilizables, por lo que el comportamiento total del consumo de bolsas requiere un análisis más amplio.

Un beneficio ambiental que también impulsa el impacto social

El cobro por las bolsas no solo ha contribuido a disminuir el consumo de plástico. También ha generado recursos para apoyar iniciativas sociales y ambientales. Durante el periodo 2025-2026, cerca de un tercio de los comercios informó que destinó los ingresos obtenidos por este concepto a organizaciones benéficas.

En conjunto, estas empresas donaron aproximadamente 8.7 millones de libras esterlinas durante el último año analizado. Desde que comenzó la política en 2015, el monto acumulado asciende a cerca de 234 millones de libras, recursos que han respaldado diversos proyectos comunitarios y ambientales.

Este componente fortalece la percepción de la medida, ya que convierte un cambio de comportamiento en una fuente adicional de inversión para causas de interés público.

El reto pendiente: el plástico flexible sigue sin una solución definitiva

A pesar de los resultados positivos, el Reino Unido enfrenta nuevos desafíos en materia de economía circular. El gobierno anunció recientemente que retrasará la implementación nacional de la recolección domiciliaria de plásticos flexibles como parte de las reformas de reciclaje previstas entre 2027 y 2030.

Especialistas del sector consideran que esta decisión podría tener consecuencias importantes. David Gudgeon, director de Asuntos Externos de Eurokey, advirtió que el retraso permitirá que más de mil millones de bolsas adicionales terminen en rellenos sanitarios o sean incineradas antes de que exista una infraestructura suficiente para reciclarlas de manera masiva.

Esto evidencia que reducir el consumo representa solo una parte del desafío. La otra consiste en garantizar que los residuos que continúan generándose permanezcan dentro de un sistema de aprovechamiento eficiente.

Economía circular: la siguiente etapa después de reducir el consumo

El éxito de la política británica demuestra que las regulaciones pueden modificar conductas cuando existen objetivos claros y una implementación consistente. Sin embargo, los expertos coinciden en que el siguiente paso debe centrarse en fortalecer la infraestructura de reciclaje y brindar certidumbre tanto a las empresas como a los consumidores.

La industria del reciclaje sostiene que cuenta con la capacidad para contribuir a este proceso, pero requiere políticas estables que incentiven nuevas inversiones y faciliten la recuperación de materiales. Sin estos elementos, incluso las reducciones más importantes en el consumo podrían perder parte de su impacto ambiental.

La experiencia de Inglaterra demuestra que el precio de una bolsa puede parecer insignificante para cada consumidor, pero su efecto colectivo es capaz de transformar mercados completos. La reducción del 98% en las ventas confirma que las políticas públicas bien diseñadas pueden acelerar cambios de comportamiento que durante años parecían difíciles de alcanzar.

No obstante, el camino hacia una verdadera economía circular aún está lejos de concluir. Alcanzar el fin de las bolsas desechables requiere combinar regulación, innovación, infraestructura de reciclaje y corresponsabilidad entre gobiernos, empresas y ciudadanía. Solo mediante ese esfuerzo conjunto será posible reducir de forma sostenible la contaminación plástica y aprovechar mejor los recursos disponibles.

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