El éxito femenino y la constancia marcan las mejores notas de la Selectividad
La publicación de las calificaciones de la Selectividad ha vuelto a poner de manifiesto el altísimo nivel de los estudiantes españoles en esta convocatoria. Tras semanas de mucha tensión y codos hincados, las listas de admitidos y las notas de corte empiezan a definir el futuro de una generación que, contra todo pronóstico, ha sabido gestionar la presión de forma ejemplar. En este escenario, los resultados de la PAU han dejado un rastro de excelencia académica en prácticamente todos los puntos de la geografía nacional, confirmando que el esfuerzo tiene su recompensa.
Lo que más llama la atención este año es el claro protagonismo de las alumnas, quienes han copado la gran mayoría de los puestos de honor en las tablas de resultados. Según los datos que se manejan, las mujeres han liderado el ranking de mejores notas en catorce de las veinte comunidades autónomas, demostrando una madurez y una capacidad de estudio que las sitúa a la cabeza del sistema educativo actual. Más allá de las cifras frías, detrás de cada décima hay historias de superación y, sobre todo, mucha planificación para no morir en el intento.
La perfección del 14: cuando el examen sale redondo


Alcanzar la nota máxima no es algo que se vea todos los días, pero este año varios jóvenes han conseguido lo que muchos consideran un milagro: un 14 sobre 14. En regiones como Asturias o Castilla-La Mancha, estudiantes como Adriana Santoro o Samuel Ros han rozado la perfección absoluta en sus exámenes. Aunque el caso de Samuel tiene sus matices por haber cursado una modalidad específica de Bachibac, su rendimiento ha sido tan sobresaliente que se ha convertido en uno de los nombres propios de esta edición, demostrando que se puede con todo si se tiene un objetivo claro.
No han sido los únicos, ya que en Extremadura hasta cinco alumnos han logrado ese pleno soñado, mientras que en otros puntos como Madrid o Murcia, las calificaciones se han quedado a milésimas del máximo posible. Lo curioso es que, al preguntarles por su secreto, casi todos coinciden en que no se trata de estudiar 24 horas seguidas, sino de llevar la materia al día durante todo el curso para que el último mes sea simplemente un repaso general de conceptos ya asimilados. Esa tranquilidad de saber que el trabajo ya estaba hecho es lo que les ha permitido enfrentarse al papel sin que los nervios les jugaran una mala pasada.
No todo es hincar los codos: la importancia de desconectar

A diferencia de lo que se suele pensar, los alumnos con mejores expedientes no son ratones de biblioteca encerrados a cal y canto. Muchos de ellos han compaginado sus estudios con actividades que les han servido de vía de escape. Casos como el de Inés Martínez en Albacete, que no ha dejado de lado la danza urbana, o Lucía Martínez, apasionada del bádminton, reflejan que mantener las aficiones es vital para el equilibrio mental durante el segundo curso de Bachillerato. Tener un rato para bailar, tocar el piano o salir a correr parece ser el complemento perfecto para que el cerebro rinda al máximo cuando toca sentarse frente a los libros.
Esta capacidad de organización es, precisamente, lo que más valoran los propios estudiantes. La clave no reside en sacrificar la vida social al completo, sino en saber cuándo toca concentrarse y cuándo toca airearse. De hecho, varios de los números uno de este año aseguran que la gestión del tiempo ha sido su mejor arma para llegar con confianza a la prueba, siguiendo útiles consejos para hacer las pruebas de acceso. No se trata de hacer atracones de última hora, que al final solo generan agobio, sino de una carrera de fondo donde la constancia diaria es la que marca la diferencia entre un aprobado y un sobresaliente de escándalo.
En cuanto al futuro, la mayoría de estos cerebros privilegiados ya tienen la vista puesta en facultades de Medicina, Ingenierías Biomédicas o dobles grados de Física y Matemáticas. Es una tendencia que se repite año tras año, donde las carreras de ciencias de la salud y las tecnológicas siguen siendo el principal reclamo para quienes tienen la suerte de elegir lo que quieran. Al final del camino, estos jóvenes han demostrado que el talento unido a una disciplina de hierro es la fórmula infalible para abrir cualquier puerta universitaria, dejando claro que el futuro de nuestro país está en muy buenas manos tras este intenso periplo educativo.


