Carta abierta para abordar el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición

Publicado por Emprendimiento en

Mientras el Día Mundial contra el Hambre nos recuerda la urgencia moral de acabar con el hambre y la malnutrición, nosotros, el Consejo Mundial de Iglesias (CMI), Caritas Internationalis y World Vision International (WVI), tres de las principales comunidades de iglesias y organizaciones religiosas del mundo, unimos nuestras voces en un momento de profunda crisis mundial para expresar nuestro dolor y llamar a la solidaridad y la acción.

Hoy en día, el hambre no se debe a la falta de alimentos. El mundo sigue produciendo más que suficiente para alimentar a todos los niños, mujeres y hombres. Sin embargo, millones de personas se están viendo empujadas a una situación de hambre y malnutrición aún más grave debido a los conflictos, los desplazamientos, la inestabilidad económica y las crisis climáticas. Los niños y las mujeres son quienes pagan el precio más alto por unos fracasos de los que no son responsables.

La escalada de guerras y conflictos en Sudán, Ucrania, Rusia y en todo Oriente Medio está agravando estas realidades mucho más allá de esas regiones. La destrucción de medios de vida, sistemas agrícolas, mercados e infraestructuras está devastando a las comunidades directamente afectadas por la violencia. Al mismo tiempo, las interrupciones en el suministro de energía, los mercados de fertilizantes, las rutas marítimas y el acceso humanitario están provocando una onda expansiva en los sistemas alimentarios mundiales, haciendo que los alimentos, el combustible y los bienes esenciales sean más caros y menos accesibles para las familias vulnerables de todo el mundo.

No se trata solo de una crisis regional. Es una crisis de los sistemas alimentarios mundiales con graves consecuencias para las comunidades más vulnerables, que las sume en el hambre y la malnutrición.

Estas perturbaciones ya están ejerciendo una presión creciente sobre las respuestas humanitarias y alimentarias en todo el mundo, limitando el acceso a la ayuda alimentaria y los servicios en materia de nutrición y salud en algunos de los contextos más frágiles del mundo. Los niños, las familias desplazadas y las mujeres embarazadas y en periodo de lactancia, son algunos de los grupos expuestos a mayores riesgos derivados del agravamiento del hambre y la malnutrición.

 En calidad de organizaciones religiosas, afirmamos que el acceso a una alimentación adecuada y nutritiva es un derecho humano sagrado, inherente a la dignidad y al derecho a la vida de toda persona. El hambre en medio de la abundancia es un fracaso moral. Nadie –y, aun menos los niños y niñas– debería sufrir ni morir porque las decisiones políticas priorizan la guerra, la división y los intereses a corto plazo por encima de la vida humana y el bien común.

El tema de la campaña de este año de la coalición de oración y acción contra el hambre, liderada por nuestras respectivas organizaciones, es “Regala tus panes y pescados”. Nos recuerda que la transformación comienza cuando las comunidades eligen la solidaridad frente a la indiferencia. El relato bíblico sobre los panes y los pescados nos recuerda que lo que parece insuficiente puede llegar a ser suficiente cuando se comparte con solidaridad y compasión. Hoy, ese mismo espíritu llama a la comunidad internacional a actuar con valentía y de forma colectiva.

Asimismo, reconocemos y honramos los extraordinarios esfuerzos de las comunidades locales, los líderes religiosos, las mujeres, los jóvenes y los trabajadores humanitarios que siguen respondiendo con valentía y compasión ante el inmenso sufrimiento. Su testimonio nos recuerda que la solidaridad sigue siendo más fuerte que la desesperación.

Por lo tanto, hacemos un llamado a los gobiernos, las instituciones multilaterales, los donantes y las comunidades religiosas para que:

  • Protejan el acceso humanitario y respeten el derecho internacional humanitario, velando por que los alimentos nunca sean utilizados como arma de guerra. 
  • Salvaguarden y amplíen las inversiones en nutrición infantil, tratamiento del retraso en el crecimiento y la emaciación, comidas escolares y programas de protección social. 
  • Refuercen la resiliencia de los sistemas alimentarios protegiendo las cadenas de suministro de alimentos, la producción agrícola y los corredores humanitarios. 
  • Apoyen a los pequeños agricultores, a los productores locales de alimentos y a la agricultura resiliente al clima, especialmente en contextos frágiles y afectados por conflictos. 
  • Velen por que las decisiones en materia de política exterior, comercio, sanciones y seguridad sean evaluadas en función de sus posibles repercusiones en la seguridad alimentaria, la nutrición y el acceso humanitario. 
  • Prioricen la consolidación de la paz, la diplomacia y la dignidad humana frente a la militarización y la división. 

La crisis mundial del hambre no es inevitable. Es el resultado de decisiones, y es posible tomar decisiones diferentes.

En calidad de iglesias y organizaciones religiosas, reafirmamos nuestro compromiso de acompañar a las comunidades afectadas por el hambre, defender sistemas alimentarios justos y sostenibles, y trabajar juntos por un mundo en el que todos los niños puedan crecer, prosperar y vivir libres del hambre y la malnutrición.

“Cuando Jesús salió, vio la gran multitud y tuvo compasión de ellos…” y, volviéndose a sus discípulos, les dijo: “Denles ustedes de comer”. (Mateo 14:14-16)

Juntos, debemos velar por que haya suficiente para todos.

Reverendo Dr. Prof. Jerry Pillay
Secretario General
Consejo Mundial de Iglesias       

Alistair Dutton
Secretario General
Caritas Internationalis   

Andrew Morley
Presidente y Director Ejecutivo
Visión Mundial Internacional   

Descargue la carta firmada aquí.

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