clave del éxito académico y personal

En los estudios hay varios pilares fundamentales que es necesario cumplir. Bases sobre las que asentarse para que todo salga bien, para que nuestro cerebro tenga la oportunidad de memorizar lo que está aprendiendo y, en definitiva, asimilar todos los conceptos que ve y escucha el cuerpo. Por supuesto, es ideal que la mente pueda comprender lo que se está escuchando o viendo, es decir, que pueda procesar y asimilar todos esos conocimientos.
La comprensión es, tal y como dice el título de la entrada, vital para los estudios. Cuando estamos ante los profesores, estos nos irán dictando una serie de conocimientos y conceptos, los cuales tendremos que ir procesando, pero que también deberemos entender. Es evidente que esos pasos nos llevarán a la comprensión, a saber lo que tenemos delante y, por último, a la memorización de los mismos. Factores esenciales, porque solo cuando el alumno es capaz de usar lo aprendido en situaciones nuevas podemos decir que realmente ha comprendido.
Comprender no es solo memorizar: diferencias clave

No importa que estudiemos mucho si no podemos comprender lo que tenemos delante. La memorización mecánica puede servir para aprobar un examen puntual, pero esos datos se olvidarán con facilidad porque el cerebro no encuentra un sentido profundo a esa información y la descarta. La comprensión, en cambio, implica conectar lo nuevo con lo que ya sabemos, descubrir relaciones, causas y consecuencias, y poder explicarlo con nuestras propias palabras.
Podemos imaginar el aprendizaje como una escalera de cuatro peldaños que conviene subir uno a uno:
- Atender: prestar verdadera atención a lo que se explica o se lee.
- Aprender (memorizar): retener datos, fórmulas, definiciones.
- Entender: interpretar la información, darle sentido, ver el “cómo”.
- Comprender: integrar todo, relacionarlo con otros saberes y con la vida real, descubrir el “por qué”.
Lo más valioso para el alumno es llegar al último peldaño, donde ya no solo repite contenidos, sino que es capaz de aplicarlos en contextos nuevos, modificarlos, combinarlos y enseñarlos a otros. Cuando uno puede explicar una idea con claridad y responder a preguntas sobre ella, es señal de que la ha comprendido de verdad.
La comprensión como base para aprender bien y obtener buenas notas

Repetimos que es vital que podamos entender todas y cada una de las lecciones con el fin de saber a qué nos estamos enfrentando y, por lo tanto, a ponerlo todo correctamente en los exámenes y en los trabajos a los que optemos. Si llevamos todo bien, estamos seguros de que las notas sean bastante exitosas. Esto sucede porque un alumno que comprende es capaz de afrontar preguntas nuevas, problemas diferentes y tareas en las que no basta con copiar el libro.
La investigación educativa más actual insiste en que comprender significa poder usar el conocimiento en contextos distintos al de la clase o al del libro de texto: resolver un problema novedoso de matemáticas, analizar un texto de actualidad, explicar un fenómeno científico cotidiano o tomar decisiones informadas. La enseñanza para la comprensión anima a los docentes a diseñar actividades que obliguen al estudiante a pensar con la información, no solo a recibirla pasivamente.
Además, una buena comprensión escolar entrena al alumno para comprender mejor la realidad social, ambiental o económica que le rodea. Quien se acostumbra a buscar causas, consecuencias y relaciones en los contenidos de clase, también desarrolla esa misma actitud crítica ante la vida diaria.
Comprensión lectora: entender lo que se lee para aprender mejor

No olvidéis que la comprensión es vital para poder aprender bien y, por lo tanto, para poder sacar hacia adelante el curso. Una parte esencial de esa comprensión es la comprensión lectora, es decir, la capacidad de entender el significado de los textos que leemos. Leer no consiste solo en pronunciar palabras con fluidez; hace falta captar ideas principales, detalles importantes, relaciones entre frases y el mensaje global del texto.
En los textos escritos suele aparecer un vocabulario más rico, estructuras gramaticales complejas y formatos (expositivos, científicos, periodísticos, con gráficos o diagramas) que no se usan tanto en el lenguaje oral. Por eso, incluso un alumno que comprende bien cuando escucha puede tener dificultades para entender lo que lee si no ha entrenado estas habilidades específicas.
Para trabajar la comprensión lectora se pueden utilizar estrategias como:
- Seleccionar lecturas adecuadas al nivel del estudiante, ni demasiado fáciles ni excesivamente difíciles.
- Hacer preguntas inferenciales después de leer (por qué ocurre algo, qué podría pasar después, qué siente un personaje).
- Pedir al alumno que realice un resumen con sus propias palabras, identificando ideas principales y secundarias.
- Crear mapas conceptuales o esquemas visuales que organicen la información y las relaciones entre conceptos.
Estas actividades ayudan a que los conocimientos pasen de ser datos sueltos a convertirse en una red de significados bien conectados, más fácil de recordar y de utilizar.
Factores que influyen en la comprensión: atención, motivación y apoyo

Sin comprensión, las cosas serán bastante más difíciles de lo que ya podrían llegar a serlo. Tenedlo en cuenta todo lo que podáis. Para que un alumno pueda comprender de verdad, entran en juego varias habilidades y condiciones: la atención sostenida, la capacidad de recordar información mientras lee o escucha, el vocabulario que domina y su conocimiento previo del tema.
La memoria de trabajo y la atención forman parte de lo que se llama funciones ejecutivas. Cuando el estudiante lee, la atención le permite captar la información y la memoria de trabajo le ayuda a mantenerla activa el tiempo suficiente para relacionarla con lo que ha leído antes. Si se distrae con facilidad o se le olvida lo que acaba de leer, la comprensión se resiente.
También influyen la motivación y las emociones. Un alumno que se siente capaz, que percibe que sus errores son una oportunidad para aprender y no un castigo, se atreve a hacer preguntas, a buscar explicaciones y a esforzarse por comprender. En cambio, si solo se valora la memorización de datos y los fallos se castigan con dureza, muchos estudiantes se limitan a repetir sin entender.
Por ello, docentes y familias pueden apoyar la comprensión:
- Hablando con el niño sobre su día, sus intereses y sus dudas, para estimular su lenguaje oral y su capacidad de explicación.
- Leyendo juntos y comentando lo leído, preguntando el por qué de las cosas y no solo el qué.
- Ayudándole a ver los errores como parte natural del aprendizaje y no como fracasos definitivos.
Cuando se da prioridad a la comprensión en el aula y en casa, el estudiante no solo mejora sus notas, también desarrolla una manera de pensar más crítica, flexible y profunda, que le servirá para aprender durante toda la vida.
La comprensión se convierte así en el eje que sostiene un aprendizaje duradero: permite ir más allá de la repetición, conectar ideas, interpretar la realidad y utilizar el conocimiento para resolver problemas reales, dentro y fuera de la escuela.