¿Cómo TikTok está contribuyendo a normalizar el vapeo ilegal entre los jóvenes?
El vapeo parecía, hace apenas algunos años, una moda pasajera asociada a nuevos hábitos de consumo y a una supuesta alternativa menos dañina que el cigarro tradicional. Sin embargo, lejos de desaparecer, su presencia se ha consolidado entre adolescentes y jóvenes, impulsada por una industria dinámica y por ecosistemas digitales que amplifican su atractivo. Hoy, el debate ya no gira únicamente en torno a los riesgos sanitarios del vapeo, sino sobre cómo las plataformas digitales participan en la construcción social que lo vuelve aceptable y cotidiano.
En ese contexto, TikTok se ha convertido en un actor central dentro de esta narrativa. El contenido breve, visual y altamente emocional que caracteriza a la plataforma está moldeando percepciones sobre el consumo de cigarrillos electrónicos, incluidos aquellos que se comercializan de manera irregular o ilegal. Así lo ha advertido un estudio publicado en la revista Addiction, que señala cómo los contenidos de la plataforma están presentando este hábito de una forma seductora y engañosa.
Vapeo ilegal en TikTok: lo que revela el estudio de la Universidad de East Anglia
La investigación fue desarrollada por especialistas de la Universidad de East Anglia (UEA), en Reino Unido, encabezados por la Dra. Emma Ward, de la Facultad de Medicina de Norwich, y por Eleanor Bray, investigadora asociada de la Facultad de Psicología. El estudio, publicado en la revista Addiction, analizó cómo los jóvenes encuentran información radicalmente distinta sobre vapeadores ilícitos dependiendo de la plataforma que utilicen.
Para ello, los investigadores compararon recursos educativos oficiales localizados mediante Google con videos de TikTok vinculados a hashtags relacionados con el vapeo ilícito. El equipo recopiló 200 videos y seleccionó 58 directamente relacionados con el tema, además de revisar 18 recursos educativos formales. El análisis midió aspectos como tono del mensaje, evidencia científica, claridad sobre riesgos y capacidad de atraer la atención juvenil.

Los hallazgos mostraron una brecha profunda entre ambos universos informativos. Mientras los contenidos oficiales resultaban correctos desde el punto de vista técnico, TikTok presentaba mensajes más emocionales y cercanos a la experiencia cotidiana de los adolescentes. La Dra. Emma Ward:
“Nuestra investigación demuestra que los jóvenes se encuentran con mensajes muy diferentes sobre los cigarrillos electrónicos ilícitos dependiendo de dónde busquen información en internet”.
Eleanor Bray subrayó que el valor del estudio radica precisamente en haber contrastado ambos escenarios digitales: “Al analizar tanto los resultados de búsqueda de Google como el contenido de TikTok, pudimos comparar los mensajes formales sobre salud con el contenido informal que los jóvenes consumen con mayor frecuencia a diario”.
Aunque la investigación se desarrolla en Reino Unido, sus implicaciones resuenan en México, donde el consumo de vapeadores entre menores continúa preocupando a autoridades sanitarias y organizaciones civiles. El entorno digital no reconoce fronteras regulatorias, y la circulación de contenidos sobre vapeadores ocurre con una velocidad que supera la capacidad de respuesta institucional.
Lo que TikTok muestra —y omite— sobre el vapeo
El estudio identificó un patrón consistente: numerosos videos presentaban el vapeo ilegal como una práctica ingeniosa, divertida o socialmente aceptada. En lugar de enfatizar riesgos o ilegalidades, el contenido priorizaba la experiencia emocional y estética del consumo.
Algunos videos mostraban cómo adquirir vapeadores sin identificación oficial; otros ofrecían consejos para ocultarlos de padres y profesores. También se identificaron estrategias comerciales que mezclaban vapeadores con dulces, cosméticos y artículos asociados a la cultura juvenil, diluyendo cualquier percepción de riesgo.
“Lo que más llamó la atención fue la inconsistencia con la que se aborda el vapeo ilícito en las distintas plataformas. En TikTok, a veces se glorificaban activamente los productos ilegales, y los vendedores comercializaban los dispositivos mediante ofertas combinadas diseñadas para eludir la verificación de edad”, señaló Bray.

Este fenómeno convierte al vapeo ilegal en TikTok en algo más complejo que simples publicaciones aisladas. La plataforma contribuye a crear una narrativa cultural donde vapear no parece peligroso ni problemático, sino parte de una identidad juvenil aspiracional.
La construcción visual desempeña un papel decisivo. Música en tendencia, humor, edición dinámica, jerga digital y códigos de belleza transforman el vapeo en un acto integrado al entretenimiento cotidiano. El estudio encontró que los videos relacionados con la satisfacción de infringir normas superaron los 24.5 millones de “me gusta”, evidencia del enorme alcance de estas narrativas.
Cuando la exposición es repetitiva, el riesgo comienza a percibirse como distante o poco relevante. El vapeo ilegal en TikTok no se normaliza mediante discursos explícitos de promoción, sino a través de una acumulación de imágenes y símbolos que reducen la percepción de daño.
Una práctica entre jóvenes que sigue creciendo
La preocupación aumenta porque el vapeo juvenil ya muestra una trayectoria ascendente. De acuerdo con datos de Action on Smoking and Health citados en la investigación, el 20% de los jóvenes entre 11 y 17 años ha probado el vapeo y el 7% lo utiliza de manera habitual. En 2019, los usuarios regulares representaban apenas el 0.8%.
El crecimiento del fenómeno ocurre además en un contexto donde los productos ilícitos presentan riesgos adicionales. Algunos contienen niveles excesivos de nicotina, depósitos superiores a los permitidos, etiquetado deficiente o ausencia total de aprobación regulatoria. Otros incluyen THC o cannabinoides sintéticos, incrementando la incertidumbre sanitaria.
Los investigadores también identificaron señales de una subcultura emergente del vapeo ilícito: hashtags, bromas internas, trucos para evadir controles y lenguaje propio del grupo.
“Estos vídeos de TikTok atraen mucha atención y pueden alimentar una subcultura emergente de vapeo ilícito, donde los jóvenes intercambian consejos, experiencias y maneras de eludir las restricciones de edad”, advirtió Ward.

Para México, este punto es especialmente relevante. La discusión sobre vapeadores suele concentrarse en decomisos, prohibiciones o comercio ilegal, pero menos en la dimensión cultural del problema. La pertenencia grupal y la identidad digital se están convirtiendo en variables críticas para entender por qué el consumo persiste y se adapta.
RSE digital y salud pública: la responsabilidad pendiente
El estudio también deja una pregunta incómoda para la conversación sobre responsabilidad social empresarial: ¿qué papel juegan las plataformas digitales cuando contenidos potencialmente dañinos circulan y ganan popularidad entre menores?
TikTok sostiene políticas contra la promoción de productos restringidos; sin embargo, la investigación muestra que los creadores modifican hashtags, utilizan palabras clave ambiguas y disfrazan la venta dentro de contenido de estilo de vida, dificultando la moderación. Esta realidad revela una tensión entre gobernanza algorítmica, monetización y protección de usuarios vulnerables.
Está claro que la discusión no puede limitarse a la eliminación reactiva de contenidos. Plataformas con influencia masiva entre menores tienen la responsabilidad de desarrollar mecanismos preventivos, auditorías de riesgo digital y sistemas más eficaces de detección contextual.
El problema, sin embargo, tampoco se resolverá únicamente mediante prohibiciones. Los investigadores observaron que muchos recursos educativos oficiales resultan poco competitivos frente al lenguaje digital que consumen los adolescentes. Textos largos, tono legalista y mensajes moralizantes reducen significativamente su impacto.

“Este entorno en línea fragmentado es preocupante”, señaló Ward. “Cuando la información precisa es difícil de encontrar o resulta poco atractiva, los jóvenes pueden recurrir a contenidos más interesantes pero también más engañosos”.
Por ello, los expertos plantean una ruta complementaria para el sector salud y para organizaciones comprometidas con la prevención: producir información que dialogue con las plataformas donde están los jóvenes.
“Los mensajes de salud pública tienen más probabilidades de ser efectivos cuando se dirigen a los jóvenes y a las plataformas que ya utilizan”, afirmó Bray y añadió:
“Para proteger al público joven, necesitamos información en línea que no solo sea precisa, sino también accesible, atractiva y relevante para su vida cotidiana”.
La lección es clara. Combatir el vapeo ilegal en TikTok exige algo más que regulación; requiere comunicación estratégica, alfabetización digital y responsabilidad compartida. Cuando el contenido riesgoso se vuelve entretenido y socialmente aspiracional, la salud pública necesita aprender a competir en el mismo lenguaje. Ignorar esta transformación no solo deja espacio a la desinformación: también normaliza prácticas que millones de jóvenes pueden interpretar como inofensivas.