Refugios de México, EE.UU. y Canadá llaman a combatir la violencia de género durante el Mundial

Publicado por Emprendimiento en

Los grandes eventos deportivos suelen asociarse con celebración, identidad colectiva y oportunidades económicas para los países anfitriones. Sin embargo, detrás del entusiasmo que acompaña a competencias globales como la Copa Mundial de Fútbol también emergen realidades sociales que rara vez ocupan el centro de la conversación pública, como lo es la violencia contra las mujeres, una problemática estructural que persiste mucho antes del silbatazo inicial, pero que puede intensificarse durante eventos deportivos de gran convocatoria y alta carga emocional.

Con el Mundial de 2026 a celebrarse en México, Estados Unidos y Canadá, organizaciones de refugios y defensoras de derechos humanos buscan colocar esta discusión en la agenda regional. Para organizaciones especializadas en atención y protección de las mujeres, el desafío de habla sobre violencia de género durante el Mundial no consiste solo en visibilizar el aumento de la violencia durante este tipo de eventos, sino en aprovechar la oportunidad para fortalecer la prevención, ampliar redes de apoyo y exigir que la seguridad y dignidad de las mujeres formen parte del legado social que dejará uno de los eventos deportivos más importantes del planeta.

Abordar la violencia de género durante el Mundial como una agenda regional de prevención

Bajo el lema “La violencia contra las mujeres no es parte del juego”, la Red Nacional de Refugios (RNR) de México, Women’s Shelters Canada y National Network to End Domestic Violence de Estados Unidos lanzaron una campaña regional rumbo a la Copa del Mundo de 2026. El esfuerzo reúne a organizaciones de los tres países sede con una apuesta compartida: utilizar el contexto del Mundial para fortalecer una conversación pública que con frecuencia permanece fuera de la agenda deportiva.

La iniciativa busca generar conciencia, promover la cero tolerancia frente a las violencias machistas y consolidar rutas de atención antes, durante y después del torneo. Desde esta perspectiva, hablar de violencia de género durante el Mundial significa colocar la prevención y la protección en el diseño mismo del evento, evitando que la seguridad de mujeres y niñas quede relegada frente a prioridades vinculadas únicamente con turismo o infraestructura.

“No queremos un Mundial que solo deje cifras de turismo y derrama económica; queremos un Mundial que deje acciones concretas para prevenir las violencias”, afirmó Wendy Figueroa Morales, directora general de la Red Nacional de Refugios.

Como parte de la campaña, la RNR anunció que brindará acompañamiento gratuito y especializado a mujeres mexicanas y extranjeras que enfrenten situaciones de violencia durante el desarrollo del torneo. Además, las organizaciones alertaron sobre la necesidad de fortalecer mecanismos de prevención frente a riesgos como violencia familiar, violencia sexual, acoso, explotación sexual y trata de mujeres y niñas.

El valor de esta iniciativa radica también en su dimensión regional. Las redes participantes parten de una premisa fundamental: la violencia no reconoce fronteras y, por tanto, las respuestas tampoco deberían hacerlo. En ese sentido, abordar la violencia de género durante el Mundial se convierte en una oportunidad para articular esfuerzos trinacionales que trasciendan la coyuntura deportiva y dejen capacidades institucionales duraderas.

“La violencia contra las mujeres no reconoce fronteras, la protección y prevención tampoco debería hacerlo”, señaló Figueroa Morales al insistir en que la seguridad de las mujeres “no puede quedar fuera de la conversación”.

El contexto social que impulsa la campaña

La convocatoria de las redes de refugios no surge en el vacío. Diversos antecedentes muestran que los grandes eventos deportivos pueden funcionar como momentos de especial visibilidad para discutir problemáticas sociales que ya existen estructuralmente y que requieren mayor atención pública.

De acuerdo con datos de ONU Mujeres, durante megaeventos deportivos las llamadas de emergencia por violencia familiar pueden aumentar hasta un 30%. Este dato no implica que el deporte origine por sí mismo la violencia, sino que las dinámicas sociales y familiares asociadas a eventos de alta intensidad emocional pueden visibilizar o exacerbar situaciones preexistentes.

En México, el contexto resulta especialmente preocupante. Entre marzo de 2025 y marzo de 2026 aumentaron los casos de violencia familiar a nivel nacional, según la Red Nacional de Refugios. Además, Ciudad de México, Nuevo León y Jalisco —las sedes mexicanas del Mundial— se encuentran entre las entidades con mayores reportes de violencia familiar, de acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

A ello se suma una crisis persistente de violencia feminicida. Organizaciones civiles y datos oficiales indican que alrededor de diez mujeres son asesinadas diariamente en el país y que menos de una cuarta parte de los casos se investiga como feminicidio. Estas cifras evidencian que la problemática antecede al Mundial y exige respuestas permanentes.

Precisamente por ello, las organizaciones insisten en que la conversación sobre violencia de género durante el Mundial debe entenderse como una estrategia de focalización mediática y no como una preocupación limitada al calendario deportivo. El torneo representa un escaparate global capaz de atraer atención gubernamental, empresarial y social hacia una agenda históricamente postergada.

En este contexto, la RNR cuestiona que muchas estrategias rumbo al Mundial continúen priorizando promoción internacional, obras e inversión turística mientras siguen siendo limitadas las acciones específicas de prevención y atención.

“La vida, la dignidad y la libertad de las mujeres no pueden quedar fuera del juego”, reiteró Figueroa Morales, sintetizando una demanda que interpela a gobiernos, organizadores, patrocinadores y empresas vinculadas al torneo.

Cuando el deporte puede amplificar los derechos humanos

Los megaeventos deportivos poseen una capacidad única para movilizar atención, recursos y narrativas colectivas. Esa visibilidad, que tradicionalmente se ha utilizado para promover turismo o identidad nacional, también puede convertirse en un instrumento poderoso para impulsar agendas sociales que requieren mayor presencia pública y voluntad política.

La relevancia de esta campaña radica precisamente en entender la violencia de género durante el Mundial como una oportunidad de incidencia y prevención. Los gobiernos tienen la responsabilidad de fortalecer políticas y protocolos; las organizaciones civiles aportan experiencia y acompañamiento; mientras que empresas, patrocinadores y medios pueden amplificar mensajes y respaldar acciones concretas. El legado de un Mundial no debería medirse únicamente en infraestructura o ingresos económicos, sino también en su capacidad para contribuir a sociedades más seguras e incluyentes. Si el futbol aspira a unir fronteras, la protección de las mujeres también debería formar parte del juego.

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