Consejos para mantener el cerebro en buen estado y potenciar la memoria
El cerebro es uno de los órganos más importantes de nuestro cuerpo. Con él no sólo pensamos, sino que también se encarga de administrar y organizar la mayoría de las funciones con las que vivimos: coordina el movimiento, regula las emociones, controla la memoria, la atención y el aprendizaje. En el caso de los estudios, el cerebro será donde almacenemos los contenidos que después utilizaremos para estudiar, recordar datos y resolver problemas. Su buen mantenimiento es imprescindible para poder sacar buenas notas y disfrutar de una vida plena a nivel cognitivo y emocional.
No hay duda de que tendremos que mantenerlo en buen estado para no tener futuros problemas. Además de llevar una dieta saludable, sin componentes nocivos, también deberemos orientar nuestras actividades a que la parte psicológica no sufra daños. Esto significa que, además de practicar la memoria, tendremos que darle el suficiente descanso y actividad para que las funciones cognitivas no se desgasten. Cuidar el cerebro implica actuar sobre varios frentes: alimentación, ejercicio físico, sueño, gestión del estrés, relaciones sociales y estimulación mental.
Por qué es clave cuidar el cerebro desde cualquier edad

El cerebro cambia a lo largo de toda la vida. Con el paso del tiempo se puede ir perdiendo volumen cerebral y ciertas funciones como la agilidad mental, la memoria episódica o la capacidad para razonar pueden verse afectadas si no se entrenan. Por eso, cualquier edad es buena para ejercitar el cerebro, aunque resulta especialmente importante en la edad adulta, cuando queremos mantener durante más tiempo nuestra autonomía y rendimiento intelectual.
Mantener un estilo de vida saludable contribuye a fortalecer lo que se conoce como reserva cognitiva, es decir, la capacidad que tiene el cerebro para compensar los efectos del envejecimiento o de determinadas alteraciones cerebrales. Cuanto más alta sea esta reserva, mayor será la posibilidad de que el cerebro se mantenga ágil y funcional incluso ante posibles enfermedades neurológicas o vasculares.
Descanso, actividad mental y hábitos diarios

En primer lugar, aunque lo descanséis durante un tiempo, es recomendable no tomar hábitos que nos hagan ser vagos. Todo lo contrario: es conveniente evitar el sedentarismo mental y físico. Os aconsejamos que, de vez en cuando, hagáis ejercicios mentales y pongáis a prueba la capacidad del cerebro para que no se oxide ni se acostumbre a no memorizar contenidos. Actividades como leer, resolver sudokus, crucigramas, juegos de cartas, sopas de letras o ajedrez son una buena manera de fortalecer la estimulación cognitiva y crear nuevas conexiones neuronales.
Así realizaréis un buen mantenimiento del órgano. También podéis practicar ejercicios de memorización sencillos, como aprenderos una canción, un número de teléfono, la lista de la compra o una poesía. Este tipo de retos entrena la capacidad de retención y mejora la agilidad mental. Además, aprender cosas nuevas (un idioma, un instrumento musical, baile, cocina, manualidades o incluso una carrera universitaria) favorece la plasticidad neuronal, es decir, la capacidad del cerebro para formar nuevas conexiones y adaptarse a los cambios.
No olvidéis la importancia de trabajar la concentración. Técnicas como la llamada técnica Pomodoro, que combina periodos cortos de concentración con descansos intermitentes, o el mindfulness, que ayuda a centrar la atención en el momento presente, son muy útiles para mejorar el estudio, la memoria y el rendimiento en cualquier tarea intelectual.
Relaciones sociales, gestión del estrés y emociones

Tened en cuenta que el cerebro también se encarga de «manejar» a los demás componentes del cuerpo, lo que significa que si estáis enfermos también deberéis cuidar al mismo. Incluso una simple dolencia podría significar un inconveniente con esta parte, que podría estar sufriendo algún problema. Además, el estrés crónico y los pensamientos negativos mantenidos en el tiempo se asocian con un mayor riesgo de declive cognitivo. El cerebro, bajo estrés constante, se ve expuesto a niveles elevados de cortisol, una hormona que, en exceso, puede dañar las neuronas.
Para protegerlo, resulta fundamental aprender a gestionar el estrés: poner límites, decir “no” cuando sea necesario, priorizar lo importante y no irritarse por detalles banales. La práctica regular de meditación, mindfulness, ejercicios de respiración o yoga contribuye a reducir la tensión interna, mejorar el estado de ánimo y proteger las funciones cognitivas.
Las relaciones sociales y afectivas también juegan un papel clave. Conversar, compartir experiencias, mantener amistades y participar en actividades comunitarias suponen un reto intelectual continuo: hay que escuchar, responder, recordar información y adaptarse a diferentes puntos de vista. Todo ello estimula el cerebro y ayuda a prevenir el aislamiento y la soledad, dos factores que favorecen el deterioro cognitivo. Mantente socialmente activo, ya sea con amigos, familia, asociaciones, clubes, ONG o cualquier espacio donde puedas relacionarte.
Estilo de vida saludable: ejercicio, dieta, sueño y control médico
Aunque no lo parezca, cuidar el cerebro depende de factores que van más allá de estar mentalmente activo. De hecho, hay varias medidas respaldadas por especialistas en Neurología que ayudan a mantener el cerebro saludable y prevenir el envejecimiento cerebral prematuro.
Mantente físicamente activo. La forma más sencilla, asequible y barata de moverse es pasear. Intenta caminar a buen ritmo todos los días, acumulando una cantidad de pasos que te resulte asumible. También puedes aprovechar para subir escaleras en lugar de usar ascensor, aparcar el coche un poco más lejos o evitar pasar demasiadas horas seguidas sentado. La actividad física regular aumenta la frecuencia cardiaca, mejora la circulación y permite que llegue más oxígeno al cerebro, además de favorecer la liberación de hormonas que crean un entorno adecuado para la proliferación de nuevas células cerebrales.
Mantén una dieta saludable. La alimentación es uno de los factores que más influyen en la salud cerebral y que mejor podemos controlar. Conviene seguir una dieta equilibrada, similar al patrón mediterráneo, rica en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado (especialmente azul) y aceite de oliva virgen extra, limitando al máximo los azúcares refinados, las grasas trans y los productos ultraprocesados. Algunos alimentos como cítricos, verduras de hoja verde, cacao puro, canela, aguacate o nueces contienen antioxidantes y grasas saludables que ayudan a proteger el cerebro frente al envejecimiento.
No comas en exceso. La obesidad tiene consecuencias negativas para el cerebro: favorece el dolor de cabeza, se asocia con mayor tasa de depresión, acelera el envejecimiento cerebral y contribuye a la pérdida de memoria. Por ello, es importante cuidar las cantidades, evitar picar continuamente y revisar los hábitos que nos llevan a comer más de lo que necesitamos.
Duerme las horas necesarias. El sueño es una función vital del organismo. Durante la noche el cerebro se dedica a limpiarse de sustancias de desecho, consolidar la memoria (como si ordenara los “libros” de una gran biblioteca) y reiniciar sus circuitos para empezar el día siguiente con más claridad mental. Si se reducen las horas de sueño, el cerebro no tiene tiempo suficiente para realizar estas tareas, se acumulan sustancias nocivas en las neuronas y se resienten la memoria, la atención y el estado de ánimo.
Controla la tensión arterial, el azúcar y el colesterol. Estos tres elementos, cuando están elevados, pueden dañar los vasos sanguíneos del cerebro de forma progresiva. Es recomendable realizar controles médicos periódicos para vigilar la presión arterial, la glucosa y el colesterol, y seguir las indicaciones de los profesionales sanitarios si hay que tratarlos. Mantener estas cifras en rangos adecuados reduce el riesgo de accidentes cerebrovasculares y otros problemas neurológicos.
Evita los productos tóxicos. El consumo de tabaco y el exceso de alcohol son especialmente perjudiciales para la salud cerebral. Interfieren directamente en la función neuronal, aumentan el riesgo de enfermedades cerebrovasculares y aceleran el deterioro cognitivo. Reducir o eliminar estos hábitos contribuye de forma notable a preservar las capacidades mentales a largo plazo.
El cerebro es muy importante para los estudios, para el trabajo y para nuestra vida diaria. Tenerlo en perfecto estado implica combinar buenos hábitos físicos, mentales y emocionales. Al cuidar tu alimentación, tu descanso, tu forma de relacionarte, tu manera de gestionar el estrés y tu curiosidad por aprender, estarás creando las mejores condiciones para que el cerebro funcione de la manera correcta y puedas rendir al máximo, aumentando la calidad de tus notas y disfrutando de una mente más clara, estable y preparada para los retos del día a día. Seguro que así aumentaréis la calidad de vuestras notas.