Por qué cada vez más mayores de 25 años vuelven a la universidad para mejorar su empleo

Con la actual crisis económica y social y con la falta de perspectivas de trabajo en muchos sectores, son cada vez más los mayores de 25 años que se están planteando volver a las aulas, y específicamente a las aulas universitarias. Por otro lado, muchos trabajadores, precisamente para no perder su empleo por estar desactualizados, regresan a la universidad para lograr nuevos conocimientos y competencias que les mantengan competitivos y atractivos para las empresas.
Las cifras que ofrecen organismos nacionales y europeos muestran una tendencia clara: a medida que aumenta el nivel formativo desciende la tasa de paro y crece la probabilidad de conseguir un empleo de calidad. Por ello, el perfil de estos nuevos universitarios mayores de 25 años suele ser el de personas que dejaron de estudiar hace tiempo, que han sufrido la inestabilidad laboral o el desempleo y que ahora desean obtener una titulación universitaria para mejorar sus oportunidades.
La relación entre nivel de estudios y riesgo de desempleo

Todas las estadísticas recientes sobre nivel formativo y desempleo muestran de forma contundente que cuanto mayor es el nivel educativo menor es la probabilidad de estar en paro. Entre las personas con estudios superiores (universitarios o equivalentes) la tasa de desempleo es significativamente más baja que la tasa de paro general, lo que refleja que el mercado laboral sigue premiando la formación avanzada.
Mientras que las tasas de paro se disparan entre quienes no han terminado siquiera la educación primaria o solo cuentan con estudios básicos, el desempleo se reduce de forma progresiva a medida que se alcanzan la educación secundaria posobligatoria, la formación profesional y, especialmente, los estudios universitarios. Las personas con formación superior presentan menores porcentajes de contratos temporales, menos trabajo a tiempo parcial no deseado y mayores ingresos medios que quienes solo han completado la educación obligatoria.
Las comparativas europeas, a pesar de mostrar que España todavía arrastra tasas de paro superiores a la media de la UE, confirman la misma idea: los estudios superiores actúan como un auténtico ascensor social. La diferencia en la tasa de empleo entre jóvenes con estudios universitarios y jóvenes con estudios básicos se ha ampliado con los años, reforzando el mensaje de que estudiar más mejora no solo la empleabilidad, sino también la estabilidad y la calidad de los puestos de trabajo.
Además, el incremento del empleo para perfiles altamente cualificados en la última década ha sido muy intenso. Una parte muy relevante de los nuevos puestos creados se dirige a titulados universitarios, lo que explica por qué tantos adultos deciden volver a las aulas para posicionarse en estos segmentos del mercado laboral con mejores perspectivas.
Por qué la crisis impulsa a los mayores de 25 años a entrar en la universidad

En contextos de desaceleración económica y destrucción de empleo, muchos adultos toman conciencia de que permanecer con un bajo nivel de estudios incrementa su vulnerabilidad. La crisis actúa como catalizador: quienes se ven desempleados comprueban que, con solo estudios primarios o secundarios, resulta más complicado reinsertarse en el mercado de trabajo, mientras que las empresas demandan cada vez más perfiles con formación superior y competencias técnicas o digitales avanzadas.
Por otro lado, numerosos profesionales en activo se dan cuenta de que, si no se actualizan, corren el riesgo de quedar obsoletos frente a compañeros o candidatos con titulaciones universitarias recientes, másteres o formación especializada. Esta percepción empuja a muchos trabajadores de más de 25 años a cursar grados, posgrados o incluso doctorados, a menudo compatibilizándolos con el empleo o recurriendo a la modalidad semipresencial y a distancia.
Sabiendo, o al menos intuyendo, estos cambios en el mercado laboral, muchos mayores de 25 años que no finalizaron sus estudios se lanzan ahora a terminar aquello que dejaron a medias, ya sean estudios primarios, secundarios o universitarios. De este modo, aunque no encuentren trabajo de inmediato, se colocan en una posición mucho más favorable para acceder a un empleo de calidad en el futuro gracias a una mejor formación reglada y a una titulación reconocida.
Los informes sobre inserción laboral remarcan, además, que los empleos para titulados superiores no solo son más numerosos, sino que presentan mayor estabilidad contractual y mejores salarios. También se observa un descenso de la sobrecualificación: cada vez es más frecuente que las personas con título universitario desempeñen puestos acordes a su nivel de formación, lo que refuerza la percepción de que el esfuerzo académico sí tiene recompensa.
Qué estudian los adultos que regresan a la universidad y cómo influye en su empleabilidad

Aunque cada persona mayor de 25 años elige su titulación en función de intereses personales, experiencia previa o posibilidades de conciliación, los datos sobre inserción laboral muestran que no todas las ramas de estudio ofrecen las mismas oportunidades. Las titulaciones vinculadas a ciencias de la salud e ingenierías suelen presentar tasas de empleo más altas, mejores salarios y un ajuste más preciso entre la formación recibida y el tipo de puesto ocupado.
En el otro extremo, algunos campos de las ciencias sociales, las artes y las humanidades registran mayores dificultades de inserción, con porcentajes más elevados de desempleo, salarios más bajos o una proporción considerable de titulados trabajando en puestos por debajo de su cualificación. Esto no significa que estas carreras no tengan valor, sino que quienes optan por ellas deben ser especialmente conscientes de la realidad del mercado y complementar su perfil con competencias transversales, idiomas o formación tecnológica para ganar competitividad.
Los estudios muestran también que complementar el grado con un máster universitario suele mejorar las probabilidades de encontrar un empleo alineado con la formación cursada y obtener mejores ingresos. Entre los titulados con máster, una proporción muy alta accede a puestos clasificados específicamente como de nivel universitario, algo especialmente relevante en profesiones reguladas o en sectores donde se requiere especialización avanzada.
Otro aspecto a tener en cuenta es la titularidad de la universidad. Aunque en términos globales no se observan diferencias radicales de inserción entre quienes estudian en centros públicos o privados, en determinados campos los egresados de universidades privadas alcanzan algo más de ajuste entre estudios y puesto ocupado, en parte por su mayor adaptación a la demanda empresarial y por las redes de contactos que facilitan las prácticas y la primera experiencia profesional.
Formación continua, ascensor social y futuro laboral de los mayores de 25

Diversos informes sobre juventud y educación coinciden en que el nivel educativo se ha convertido en un factor cada vez más decisivo para acceder al mercado de trabajo. La brecha en la tasa de ocupación entre jóvenes con estudios superiores y quienes solo tienen educación básica se ha ensanchado, y este patrón también se observa cuando se comparan estudios superiores con educación secundaria posobligatoria.
Esta realidad tiene implicaciones directas para los adultos mayores de 25 años: quienes regresan al sistema educativo para obtener un título universitario aumentan sus posibilidades de salir de situaciones de vulnerabilidad o de empleo precario. La universidad funciona, en muchos casos, como un mecanismo de protección frente a la exclusión social, especialmente cuando se combina con políticas activas de empleo, orientación profesional y programas de becas.
La experiencia de los últimos años refleja también que, incluso en contextos complejos, el empleo generado se concentra en gran parte en personas con estudios superiores. Una proporción muy significativa de los nuevos puestos para jóvenes se ha cubierto con titulados universitarios, y la mayoría de esos empleos se consideran altamente cualificados. Esta tendencia refuerza el mensaje de que la inversión de tiempo y esfuerzo en formación universitaria tiene un retorno real en términos de oportunidades laborales.
Más allá de las cifras, para muchos mayores de 25 años volver a la universidad significa también reconstruir su proyecto vital, ganar confianza, ampliar su red de contactos y adquirir hábitos de aprendizaje permanente que les acompañarán durante toda su trayectoria profesional. El aprendizaje deja de entenderse como una etapa cerrada en la juventud y pasa a concebirse como un proceso continuo, imprescindible para adaptarse a un mercado laboral cambiante y exigente.
La educación técnica de los adultos de hoy.
RR. HH. Digital | Imagen: TEL Portfolio
En este contexto, el aumento de estudiantes universitarios mayores de 25 años debido a la falta de trabajo se entiende como una respuesta lógica a un entorno en el que la formación superior multiplica las opciones de inserción laboral, ofrece mejores salarios, reduce el riesgo de paro y abre puertas a ocupaciones más estables y cualificadas, convirtiendo la universidad en una apuesta estratégica para el presente y el futuro profesional.