lecturas, cine y voces lectoras

Hay frases que se te quedan grabadas a fuego, igual que ciertos libros. Una de ellas podría ser aquella idea de que nunca tendremos tiempo de leer todo lo bueno que se ha escrito, así que conviene escoger bien nuestras lecturas. En las bibliotecas, en los clubes de lectura y en los blogs que hablan de libros se libra cada día una pequeña batalla por señalar esas obras que, por uno u otro motivo, dejan huella durante años.
Este artículo reúne y reordena, con otras palabras, la experiencia de distintos blogs y clubes de lectura de biblioteca: reseñas de novelas y cómics que han marcado a sus lectores, nuevas secciones que mezclan cine y bibliotecas, entradas dedicadas a figuras como María Moliner y, en general, todo un mosaico de recomendaciones lectoras. Si te apetece coger ideas para tus próximos préstamos o simplemente cotillear qué lee otra gente en sus clubes de lectura, ponte cómodo.
Libros que dejan poso: lecturas que se convierten en imprescindibles
A lo largo de los años acumulamos montones de lecturas, pero, si somos sinceros, sólo unas pocas se quedan con nosotros como “libros de la vida”. Algunos blogs de biblioteca han decidido crear secciones específicas para ir agrupando esas obras que, por su intensidad o por lo mucho que han emocionado, se han convertido en referencias personales imprescindibles.
En estas recopilaciones se destacan novelas que en su momento recibieron la máxima puntuación en las reseñas del propio blog. Antes se usaban notas numéricas del 1 al 10, pero en algún caso se ha optado por un sistema más cualitativo, con etiquetas del tipo “Lectura obligada” (equivalente a un 10) o “Muy recomendable” (similar a un 9). De este modo, los lectores que se asoman al blog pueden localizar de un vistazo esos títulos que realmente han impactado a quien reseña.
Resulta interesante que, al hablar de sagas y series largas, algunas personas opten por no valorar el conjunto, sino centrarse en determinados volúmenes sueltos. La razón es muy humana: las series suelen tener altibajos, a veces se alargan demasiado en el tiempo y la percepción global se distorsiona. Puede que el primer tomo nos pareciera brillante y, varios años y entregas más tarde, ya no tengamos tan claro si la experiencia completa ha merecido la pena.
Otra idea que aparece con fuerza en estos blogs es que la opinión lectora no es inamovible. Un libro que en el momento de leerlo nos pareció maravilloso puede perder fuerza con los años, porque cambiamos, vivimos más, afilamos el criterio o simplemente nuestros gustos evolucionan. Por eso muchas reseñas recuerdan que la valoración que aparece escrita corresponde al momento de la lectura, y que con el tiempo quizá el juicio del propio reseñista haya variado.
Detrás de estas entradas late un deseo claro: que alguien, en algún momento, descubra un libro excepcional gracias a una recomendación de biblioteca y lo viva con la misma intensidad con la que lo leyó quien escribe. Es una invitación a la empatía lectora y, al mismo tiempo, una llamada a relativizar las puntuaciones, asumiendo que toda crítica es siempre hija de un contexto.
Un club de lectura de biblioteca que se adentra en la novela gráfica


Entre los contenidos más ricos que encontramos en los blogs de lectura de biblioteca están las crónicas de los clubes de lectura presenciales. Uno de ellos, el club Fórum Luns, comparte sus impresiones cada trimestre, y en una de sus entradas se centró casi por completo en novelas gráficas y en narrativa contemporánea con un fuerte componente emocional y existencial.
En primer lugar comentan el cómic Se está muy sola en el centro de la Tierra, de Zoe Thorogood. La autora, muy joven, ha sido reconocida en el mundo del cómic británico con premios como el de mejor autora emergente en los Cómic Scene Awards, el galardón al mejor debut en los Tripwire Awards y varias nominaciones a los prestigiosos premios Eisner, además del premio Russ Manning a autora novel prometedora. El club avisa de entrada: no es una lectura sencilla.
Se trata de una obra visual y narrativamente muy compleja, que exige al lector toda su atención. Thorogood despliega una cantidad apabullante de recursos gráficos y metáforas visuales para plasmar su estado de ánimo, sus vivencias y la forma en que responde a lo que va ocurriendo a su alrededor. Lo que más impresiona a este grupo de lectores es que la autora rondaba apenas los veintitrés años cuando concibió el cómic, algo que añade una capa de asombro a una obra ya de por sí intensa.
El punto de partida argumental no tiene desperdicio: la protagonista es la propia Zoe Thorogood, que se sitúa en el centro de la historia planteándose el suicidio con una seriedad escalofriante. La vemos con un cuchillo en la mano, apuntando a su cuello, pero también comprobamos cómo descubre que la autodestrucción no es, ni de lejos, un remedio para la depresión que arrastra desde niña. El acoso escolar sufrido por ser distinta y “rara” se suma a una etapa de aislamiento agravada por la pandemia de Covid-19, lo que hace que su ansiedad y su soledad se disparen.
En este contexto, la protagonista se lanza a la creación de una nueva obra como tabla de salvación, buscando en el propio acto creativo una salida a los pensamientos suicidas. El club de lectura destaca que, aunque se trata de un cómic duro y exigente, también resulta enormemente honesto y poderoso a la hora de representar la salud mental y la dificultad de convivir con ella.
Siguiendo con la novela gráfica, el club se detiene en Ciudad de cristal, adaptación en cómic del texto de Paul Auster. Considerado uno de los grandes autores norteamericanos contemporáneos, Auster es conocido por obras como La trilogía de Nueva York y ha recibido reconocimientos como el Premio Médicis, la Orden de las Artes y las Letras de Francia o el Premio Princesa de Asturias de las Letras.
La versión en cómic de Ciudad de cristal fue realizada por dos autores que se mantuvieron muy fieles al espíritu del original. Quien se acerque a esta obra debe hacerlo con la mente abierta, dispuesto a pescar símbolos y a dejarse arrastrar por un relato con múltiples capas de lectura. El lector acaba sintiéndose casi un detective más, implicado en la investigación y dentro mismo de la narración.
El personaje central es David Quinn, un escritor roto por la muerte de su mujer y su hijo, que opta por esconderse tras un seudónimo mientras se desmorona su identidad. Al borde de la depresión, un día recibe una llamada equivocada en la que una mujer pregunta por “Paul Auster”, convencida de que es un detective al que quiere contratar para proteger a su marido. Este marido es un poeta con rasgos autistas, marcado por una infancia casi entera encerrado en una habitación.
Quinn acepta el encargo y, al meterse hasta el fondo en la investigación, empieza a deslizarse entre distintas personalidades, perdiendo progresivamente la noción de quién es en realidad. El club señala que, aunque en general prefieren la novela original, resulta fascinante ver cómo ese juego de identidades y metaliteratura se traslada al lenguaje de la viñeta, añadiendo un nivel visual a la confusión y al desdoblamiento del personaje.
Novelas contemporáneas para leer despacio y pensar
Tras el bloque de cómic, este mismo club de lectura se lanza a comentar varias novelas que giran en torno a la muerte, la enfermedad, la familia y la búsqueda de sentido vital. Son lecturas que, sin ser necesariamente largas, invitan a parar y masticar bien lo leído.
Una de ellas es Cualquier verano es un final, de Ray Loriga, escritor, guionista y director de cine español. La voz narrativa pertenece a Yorick, un protagonista que ha pasado por una intervención quirúrgica a vida o muerte debido a un tumor cerebral. El propio Loriga ha explicado en entrevistas que trasladó al personaje una operación que él mismo sufrió, y que de esa experiencia nació la necesidad de escribir esta historia.
Yorick, ya recuperado, comparte protagonismo con Luiz, un amigo entrañable, divertido, sano como una pera y, sin embargo, obsesionado con morir antes de envejecer. Esa fijación le lleva a interesarse por la eutanasia asistida y por un lugar especial en Suiza donde sería posible morir de manera acompañada y sin dolor. A partir de ahí, la novela se convierte en una reflexión constante sobre la amistad, el miedo, el deseo de controlar la propia muerte y los dilemas morales que esto suscita.
El grupo destaca que en la obra se cruzan temas como el amor, la amistad, la vida y la muerte, las obsesiones y los conflictos éticos. Loriga recurre con frecuencia al monólogo interior, hay pocos diálogos formales, y se apoya en muchísimas referencias a cine, música y cómic para hacer avanzar el pensamiento del narrador. Esta mezcla mantiene al lector en vilo y le obliga a hacerse sus propias preguntas, convirtiendo el libro en una experiencia que va mucho más allá de la trama.
Otra lectura compartida es El fin de la soledad, del escritor alemán Benedict Wells. Aquí el punto de partida es la tragedia: tres hermanos pierden a sus padres cuando aún son niños y acaban en un internado público, separados entre sí. Rodeados de gente nueva, arrastran una soledad de fondo que se filtra en todas sus decisiones.
Jules, el narrador, es aparentemente el más luminoso, aunque muy distinto de sus hermanos. Su hermana se presenta como una joven rebelde y expansiva, que dice mucho pero quizá hace menos de lo que proclama. El otro hermano es introvertido, muy inteligente y con un marcado componente impulsivo. Cada uno lidia con el trauma a su manera, y, en medio de todo ello, Jules entabla una relación crucial con una amiga muy especial, relación que el destino se empeña en juntar y separar a lo largo de los años.
Benedict Wells despliega aquí un mapa vital complejo, en el que los personajes crecen, cambian y se transforman con el paso del tiempo. El club de lectura valora que el autor nunca se recrea de forma morbosa en el drama de la familia, sino que se concentra en cómo es posible afrontarlo y, en cierta medida, superarlo. La novela parece insistir en que, incluso cuando la vida pega fuerte, puede encontrarse un enfoque más luminoso, un “lado positivo” al que agarrarse para seguir adelante.
Entre las obras comentadas aparece también Los alemanes, de Sergio del Molino, escritor y periodista madrileño premiado con galardones como el Ojo Crítico o el Tigre Juan, y reconocido por su ensayo La España vacía. En esta novela, el trasfondo histórico es el episodio de los llamados “alemanes de Camerún”: unos seiscientos alemanes que, durante la Primera Guerra Mundial, en 1916, buscaron refugio en la colonia española y acabaron instalándose en Zaragoza, formando allí una comunidad pequeña pero cohesionada y orgullosa de sus raíces.
La trama principal se sitúa un siglo después, en nuestro presente, y se centra en los hermanos Schuster, descendientes de aquellos colonos. Gabi, un músico cuya muerte marca el arranque del libro; Fede, profesor universitario en Ratisbona; y Eva, política en Zaragoza. Cada uno de ellos, a su manera, se ha distanciado de ese pasado familiar alemán, con argumentos más o menos comprensibles. Sin embargo, la muerte de Gabi hace que Fede y Eva se reencuentren y se vean forzados a mirar hacia atrás.
Del Molino teje una historia en la que la familia, la memoria y la culpa están profundamente entrelazadas. El libro reflexiona sobre hasta qué punto el lugar del que venimos nos condiciona y cómo la manera en que contamos nuestra historia familiar influye en quiénes somos. Los diálogos son agudos, cargados de referencias culturales a la literatura, la historia, la filosofía y, sobre todo, a la música, que se convierte casi en un personaje más del relato.
La última parada de este itinerario de lecturas del club nos lleva a Londres con Lo que queda de luz, de Tessa Hadley. Ambientada en la capital británica contemporánea, con saltos entre las décadas de los noventa y los dos mil, la novela examina las relaciones de un grupo de amigos que se tambalean tras la muerte de uno de sus miembros más sólidos.
Un narrador omnisciente se cuela en la mente de los tres personajes principales y nos permite ver, casi sin filtros, sus conflictos internos, sus inseguridades, sus miedos y deseos. Lo que más subraya el club es la habilidad de Hadley para plasmar cómo las decisiones tomadas años atrás siguen proyectando consecuencias en el presente, especialmente en cuestiones de amistad, familia y vínculos amorosos.
Los temas que atraviesan el libro son muchos: la madurez de las amistades de largo recorrido, la reconstrucción personal tras una pérdida, la búsqueda de una nueva filosofía vital, el vértigo del cambio, el vacío y la desolación. La prosa de Hadley se describe como cuidada, precisa y muy detallista; esa escritura delicada hace que el lector se sienta absorbido por la historia y viva desde dentro los vaivenes emocionales de los protagonistas. Llama la atención, además, que la autora empezara su carrera literaria relativamente tarde, publicando su primera novela a los 46 años, y que desde entonces haya ido ganando prestigio y premios como el Windham Campbell y el Hawthornden.
María Moliner, las bibliotecas y la fuerza de las palabras
Los blogs de lectura de biblioteca no sólo reseñan novelas: también dan espacio a figuras clave del mundo del libro y la lengua. Un buen ejemplo es la entrada dedicada a Hasta que empieza a brillar, de Andrés Neuman, publicado por Alfaguara. En este libro, Neuman se aproxima a la vida y el legado de la lexicógrafa y bibliotecaria María Moliner (1900-1981).
La reseña parte de una admiración profunda por Moliner, a la que se presenta como una mujer pionera en la universidad española, filóloga, archivera y bibliotecaria que dedicó quince años de su vida, casi en solitario, a elaborar un diccionario de uso del español monumental. Esa obra, basada en más de tres mil entradas, pretendía iluminar el lenguaje desde el habla viva, ofreciendo a los usuarios herramientas prácticas para entender y emplear las palabras en contexto.
Quien escribe la entrada confiesa que, para quienes aman las palabras, las y a las mujeres que abrieron camino en un entorno dominado por hombres, María Moliner es poco menos que una reina. Y valora que Neuman sepa contar su historia con sensibilidad, mostrando tanto el tesón como la honestidad intelectual que guiaron la vida de la autora del famoso diccionario.
La reseña decide resaltar diversos pasajes del libro en los que se pone de manifiesto el poder transformador de la lectura y de las bibliotecas. Se destaca, por ejemplo, cómo Moliner se empeñó en llenar las estanterías de obras escritas por mujeres, desde las clásicas españolas como Santa Teresa de Jesús, Emilia Pardo Bazán, Rosalía de Castro o Gertrudis Gómez de Avellaneda, hasta figuras latinoamericanas como sor Juana Inés de la Cruz, Juana Manuela Gorriti, Alfonsina Storni, Delmira Agustini, Gabriela Mistral o Adela Zamudio.
También se menciona la llegada a la biblioteca de novelas de autoras británicas y europeas como Jane Austen, las hermanas Brontë, Mary Shelley, George Sand o Virginia Woolf, a quien Moliner leía con una mezcla de devoción y cierto pudor, deseando ser y no ser como ella a la vez. Del mismo modo, se apuntan las lecturas de poetas como Safo, Elizabeth Barrett Browning o Emily Dickinson, así como los ensayos de Madame de Staël, la propia Woolf o una joven María Zambrano, de quien subrayó frases sobre la política y el futuro.
Finalmente, la lista se completa con contemporáneas de Moliner como Rosa Chacel, María Teresa León, Concha Méndez, Ernestina de Champourcín y otras muchas autoras a las que admiraba. La reseña subraya un detalle muy revelador: la protagonista se sorprende de la abundancia de nombres femeninos cuando reúne ese catálogo y, acto seguido, se avergüenza de haberse sorprendido. Es un tirón de orejas íntimo que muestra hasta qué punto la invisibilización de las escritoras calaba también en quienes las defendían.
Reseñas personales: clásicos rusos y joyas breves contemporáneas
Otro de los blogs analizados ofrece una entrada dedicada a las últimas lecturas del año, con dos títulos muy distintos entre sí pero igualmente recomendables. La autora de la reseña subraya que ambos libros merecen la pena y que han dejado un eco particular tras su lectura.
El primero es Un héroe de nuestro tiempo, de Mijaíl Lérmontov, una obra fundamental en la tradición rusa que a menudo queda a la sombra de nombres más conocidos en España como Tolstói, Dostoievski o Gógol. A nivel estructural, la reseña compara la novela con el Manuscrito encontrado en Zaragoza de Potocki, en el sentido de que la historia nos llega a través de los diarios de un personaje, que van pasando de mano en mano hasta que alguien termina por leerlos.
El protagonista, Pechorin, se presenta como un héroe romántico contradictorio, más bien antiheroico: un viajero que se expone constantemente al peligro, que se enamora casi por aburrimiento, que parece no encontrar nada que le interese de verdad. Podría parecer un personaje vacío, pero la reseñista insiste en que es justo lo contrario. A través de los fragmentos de su diario y de la exquisita prosa de Lérmontov, se percibe una personalidad compleja, desgarrada y profundamente nihilista.
Se citan pasajes (sin reproducirlos literalmente en la reseña reescrita) en los que se aprecia cómo Pechorin observa el mundo con un escepticismo feroz, cuestionándose el sentido de su propia vida y reduciendo casi todo a la certeza de la muerte. Uno de los detalles curiosos que llama la atención de la crítica es que en esta novela aparece, según algunos especialistas, la primera alusión literaria a lo que hoy conocemos como “ruleta rusa”.
La edición utilizada por la autora procede de una compra de segunda mano en la llamada Villa del Libro, aunque también apunta que existen ediciones modernas, por ejemplo en la editorial Nórdica, para quien prefiera un formato actual y cuidado. En todo caso, la reseña transmite la sensación de haber descubierto, más que cumplido, un clásico.
El segundo título es El nadador en el mar secreto, de William Kotzwinkle, un relato breve de menos de cien páginas que algunos consideran una pequeña bomba emocional. La edición leída fue la de Navona. La historia arranca con la ruptura de aguas de Diane, que inicia un parto destinado a tener un desenlace durísimo.
Kotzwinkle adopta un estilo aparentemente sencillo pero muy medido, en el que cada palabra parece colocada para golpear con precisión. Aunque en la sinopsis se hable de un texto poético, la reseñista matiza que la sensación es más bien la de una prosa áspera que coloca sobre el pecho del lector una losa de muerte e incomprensión. Es la crónica descarnada de una experiencia límite, contada sin adornos innecesarios.
La lectura le evoca Una cuestión personal, de Kenzaburo Oé, por esa combinación de crudeza y maestría en el uso del lenguaje capaz de generar un enorme impacto en pocas páginas. Se destacan algunos fragmentos especialmente afilados en los que se resume el esfuerzo de los personajes por hacer que el amor llegue al mundo, pese a que todo se vuelve dolor y desgarro.
La reseña se cierra con la promesa de traer más comentarios de lectura en breve y un saludo final lleno de calma y afecto, subrayando que la lectura, incluso cuando duele, sigue siendo una vía de comprensión y consuelo.
Nuevas secciones en el blog de biblioteca: cuando los libros se van al cine
Varios centros aprovechan sus blogs de lectura para ir más allá de la reseña de libros y crear secciones temáticas relacionadas con la cultura. Un ejemplo sugerente es la sección “De cine” que se inaugura en un blog de biblioteca escolar. La autora de la entrada explica que están muy ilusionados con este nuevo apartado y que la idea es publicar, cada viernes, una pieza relacionada con el séptimo arte.
El encargado de escribir estas entradas es un compañero, Néstor, que debuta con un artículo que, cómo no, une cine y bibliotecas. La presentación es desenfadada: se invita a los lectores a disfrutar de la entrada y se deja caer que a partir de ese momento habrá una cita semanal con el cine.
El primer texto de la sección se titula El misterioso encanto de las bibliotecas y repasa películas en las que las bibliotecas, públicas o privadas, tienen un papel destacado. Se parte de la idea de que las bibliotecas son lugares de conocimiento, sí, pero también de refugio y recogimiento, donde el silencio y la calma ayudan a estudiar, investigar o simplemente ampliar horizontes personales.
Entre las películas mencionadas aparece Cadena perpetua (Frank Darabont, 1994). Se recuerda cómo Andy Dufresne consigue, a base de insistir y mandar cartas durante años, levantar una biblioteca en la prisión de Shawshank gracias a donaciones de instituciones varias. Ese espacio, que se convierte en símbolo de libertad interior para los presos, acaba recibiendo el nombre de “Brooks Hatlen” en homenaje al primer bibliotecario de la cárcel.
Otra escena icónica es la de Seven (David Fincher, 1995), cuando el detective Somerset, interpretado por Morgan Freeman, pasa la noche en una impresionante biblioteca consultando libros sobre los siete pecados capitales mientras suena de fondo música de Bach. Es uno de esos momentos en que la combinación de lectura, música y ambientación crea un clima casi hipnótico.
La lista continúa con Indiana Jones y la Última Cruzada (Steven Spielberg, 1989), donde Indy y sus compañeros buscan, bajo una biblioteca veneciana, la cripta de un caballero cruzado que guarda información clave sobre el Santo Grial. Uno de los gags más recordados es el de los golpes de Indy en el suelo, sincronizados accidentalmente con el sello del bibliotecario, que no entiende por qué resuena tan fuerte cada vez que estampa el tampón.
Se menciona también la omnipresente saga de Harry Potter, en la que la gran biblioteca de Hogwarts, con sus pasillos interminables y secciones prohibidas, aporta buena parte de la atmósfera misteriosa de las películas. En Bola de Fuego (Howard Hawks, 1941), el foco está en un grupo de estudiosos que trabajan en una enciclopedia en una casa apartada, con una enorme biblioteca como escenario principal de sus investigaciones, hasta que la aparición de una cantante que huye de la mafia pone todo patas arriba.
El texto no olvida clásicos como Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941), donde el joven Kane, tras heredar una gran fortuna, es tutelado por un banquero-librero con un fondo de libros apabullante; ni títulos de aventuras como La Búsqueda (Jon Turteltaub, 2004), donde la Biblioteca del Congreso de Washington se convierte en escenario de investigaciones sobre un tesoro nacional escondido.
En el terreno del thriller, se citan Los Ríos de Color Púrpura (Mathieu Kassovitz, 2000), con escenas inquietantes en la biblioteca de una universidad alpina, y El Nombre de la Rosa (Jean-Jacques Annaud, 1986), en la que una biblioteca laberíntica guarda un libro letal de Aristóteles cuya lectura causa la muerte. Por último, se recuerdan apariciones memorables de la Biblioteca Pública de Nueva York en Cazafantasmas (Ivan Reitman, 1984) y El Día de Mañana (Roland Emmerich, 2004), cada una con su tono muy particular.
La entrada se cierra invitando a los lectores a recordar esas escenas, comprobar si conocen todas las películas mencionadas y sumar otras más. La autora añade de su cosecha Matilda (Danny DeVito, 1996), donde la pequeña protagonista encuentra en la biblioteca pública y en la bibliotecaria, la señorita Phelps, un refugio frente a la mediocridad de su entorno familiar. Es un homenaje a la biblioteca como lugar donde se enciende la chispa de la imaginación y la esperanza.
El tono general de esta nueva sección es cercano y participativo, invitando a la comunidad lectora a compartir su propio imaginario cinematográfico de bibliotecas y a estar pendientes de las futuras entregas de los viernes.
El valor de las voces cercanas: cuando quien escribe es alguien de la casa
En medio de reseñas de autores consagrados y obras canonizadas, algunos blogs de biblioteca también reservan espacio para celebrar la aparición de libros escritos por personas muy próximas, como compañeras de trabajo, amigas o integrantes del propio club de lectura.
Un ejemplo entrañable es la reseña dedicada al primer libro de Lola, alguien a quien quienes escriben conocen bien y aprecian enormemente. La describen como una persona creativa, cariñosa, divertida y con un carisma especial, de esas que unen a los grupos y se convierten en un punto de referencia afectivo. Sabían que acabaría escribiendo y, cuando por fin han podido tener su libro entre manos, lo viven como un auténtico lujo.
El texto no desvela todos los detalles, pero sí indica que se trata de un libro de recuerdos en forma de relatos breves, que se pueden leer de manera suelta, sin necesidad de seguir un orden estricto. La infancia de la autora sirve como eje de muchos de estos textos, que funcionan como un coro de voces alrededor de la narradora, con la casa familiar y el entorno cotidiano como escenario recurrente.
A medida que se avanza en la lectura, se percibe cómo esas experiencias infantiles van dando forma a la persona adulta que Lola es hoy. La reseña sugiere que, igual que en las coplas, se entrelazan anécdotas, personajes secundarios y escenas aparentemente pequeñas que, al juntarse, construyen el retrato de una vida. Y se aprecia un tono cálido, de orgullo compartido, como si la comunidad lectora celebrara que una de las suyas haya encontrado su voz escrita y como si además se apostara por talleres de escritura creativa para fomentar esas voces.
Con estas entradas, los blogs de lectura de la biblioteca demuestran que no sólo se dedican a recomendar libros lejanos y prestigiosos, sino que también dan valor a las historias cercanas, a las voces que nacen en el propio entorno y que merecen, igualmente, ser leídas y comentadas.
En conjunto, todos estos contenidos muestran la enorme riqueza que puede llegar a tener un blog de lectura de biblioteca cuando se alimenta de reseñas honestas, clubes de lectura activos, nuevas secciones temáticas y el reconocimiento a figuras históricas y a autoras y autores del entorno cercano. Es una red de recomendaciones que mezcla clásicos y novedades, cómic y novela, cine y ensayo, grandes nombres y voces anónimas, demostrando que, aunque nunca alcancemos a leer todos los buenos libros, contar con estos espacios compartidos hace mucho más fácil encontrar aquellos que pueden cambiarnos un poquito por dentro.
