Impacto de las prisas en nuestra productividad y bienestar diario

Publicado por Emprendimiento en

impacto de las prisas en nuestra productividad

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Suele suceder que hacemos algunas actividades con mucha prisa. Ya sea porque no tenemos tiempo, porque lo que estamos haciendo no nos gusta, o simplemente porque queremos terminar lo antes posible, podemos decir que hacer las cosas lo más rápidamente que podamos no es una buena manera de completar las tareas pendientes. Las prisas son malas y, en más de una ocasión, nos provocarán errores y fallos que después tendremos que corregir con más tiempo y energía.

Tenemos que reconocer que, con el ritmo acelerado que hay en la sociedad actual, las prisas son más habituales de lo que parecen. No obstante, no os las recomendamos de ninguna manera, ya que podrían provocaros problemas importantes que, a su vez, os llenarán de inconvenientes en los estudios, en el trabajo y en vuestra salud. ¿Cómo podemos evitar las prisas? La solución se dice en pocas palabras: haciendo las cosas bien y con atención. Seguro que todo vendrá rodado.

Por qué vivimos con tanta prisa y cómo afecta a nuestra mente

estrés por prisas en el trabajoestrés por prisas en el trabajo

Una de las principales razones de que tengamos prisa es el deber de tener todo hecho en poco tiempo. El día tiene 24 horas, y muchos profesores se empeñan en mandarnos trabajos para estar continuamente entretenidos. En el ámbito laboral sucede algo parecido: cada vez se exigen más tareas, más objetivos y más cambios en menos tiempo, lo que genera una constante sensación de escasez de tiempo.

Cuando sentimos que el tiempo no es suficiente, entramos en un estado psicológico de prisa: se acelera nuestro pensamiento, actuamos casi en automático y reducimos nuestra capacidad de ver la situación con una mirada amplia. Nuestra atención se estrecha y nos centramos solo en lo inmediato. Esto hace que:

  • Se reduzcan las comprobaciones y revisiones.
  • Se simplifiquen decisiones complejas en base a atajos mentales.
  • Se priorice terminar frente a verificar si lo que hacemos está bien.

En contextos donde la seguridad, la calidad o las notas importan (laboratorios, tareas técnicas, exámenes, prácticas profesionales…), este modo rápido de funcionar puede ser especialmente peligroso. No siempre cometemos grandes imprudencias; muchas veces el problema es la acumulación de pequeñas decisiones apresuradas tomadas bajo presión de tiempo.

El impacto de las prisas en nuestra productividad real

productividad y prisasproductividad y prisas

Si hacemos los trabajos bien, no habrá tanta problemática. Pero, si sucede algún fallo, está claro que el horario no cabrá en la mochila: habrá que repetir tareas, corregir errores y asumir consecuencias. Lo que parecía una forma de ir más rápido, en realidad suele traducirse en pérdida de tiempo, más cansancio y resultados de menor calidad.

Muchos estudios sobre productividad muestran que la multitarea y la prisa constante no nos hacen más eficaces, sino más agotados. Saltar de una tarea a otra, responder mensajes mientras estudiamos o revisar el correo mientras trabajamos en algo complejo reduce la eficiencia y aumenta los errores. Nuestra mente no está diseñada para mantener la atención fragmentada durante mucho tiempo sin pagar un precio en forma de estrés, olvidos y sensación de «no llegar».

Además, vivir con prisa nos desconecta de nosotros mismos. La prisa nos empuja a actuar sin sentir, a decidir sin escuchar lo que necesitamos y a avanzar sin rumbo claro. Podemos convertirnos en personas que cumplen tareas, pero que no llegan a disfrutar del proceso, ni a reflexionar si el camino está alineado con nuestros valores y prioridades.

No os preocupéis, lo más recomendable es que hagáis las cosas de la manera más tranquila posible, centrándoos e intentando que los trabajos sean de calidad. Cuando aceptamos que parar unos segundos, organizar y priorizar no es perder tiempo, sino invertirlo, todo empieza a fluir de otra manera.

Prisas, salud y bienestar: señales de alarma que no conviene ignorar

En general, las prisas son malas consejeras, por lo que nuestro consejo es que hagáis las cosas sin estresaros, de manera tranquila. La cultura de la velocidad y de la vida ocupada, en la que parece obligado hacer muchas cosas en poco tiempo, está muy relacionada con el aumento de estrés crónico, ansiedad y cansancio emocional.

Algunas señales físicas y emocionales de que las prisas están afectando a vuestra salud pueden ser:

  • Tensión constante en cuello, espalda o mandíbula.
  • Insomnio o sueño poco reparador.
  • Irritabilidad, apatía o sensación de vacío.
  • Falta de disfrute incluso en momentos que deberían ser agradables.
  • Sensación de estar siempre ocupados, pero sin ver resultados claros.

Vivir mucho tiempo en este modo de aceleración mantiene activado nuestro sistema de alarma interior y dificulta la recuperación. El cuerpo está preparado para momentos puntuales de presión, pero no para permanecer en un estado de alerta permanente. Si ignoramos estas señales, puede aparecer un mayor riesgo de agotamiento, problemas de concentración e incluso enfermedades relacionadas con el estrés.

En el caso de que no podáis terminar todo lo que teníais previsto para un día concreto, tampoco os preocupéis en exceso. Haciendo las cosas bien y cuidando vuestro equilibrio interno, a medio plazo tendréis tiempo de sobra para aprender, mejorar y rendir mejor, sin que las prisas se conviertan en el centro de vuestra vida.

Cultivar un ritmo de trabajo y estudio más consciente, evitar la multitarea cuando sea posible, introducir pequeñas pausas de respiración o breves paseos, y revisar qué tareas son realmente importantes, son gestos sencillos que os ayudarán a proteger vuestra productividad y vuestra salud sin depender de la prisa constante.

Adoptar una relación más sana con el tiempo no solo permite reducir errores y mejorar resultados académicos o laborales; también abre espacio para disfrutar más, tomar mejores decisiones y construir una vida en la que el rendimiento no esté reñido con el bienestar personal.


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