El reto del ESG en las organizaciones ya no es la estrategia, sino su implementación
Los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés), dejaron de limitarse a decisiones de inversión o cumplimiento y comenzaron a incorporarse dentro de discusiones relacionadas con crecimiento, operación y sostenibilidad de largo plazo. Conforme aumenta el nivel de madurez de esta agenda, también cambia la forma en que las organizaciones son evaluadas, porque ya no basta con establecer compromisos o publicar resultados si estos no logran traducirse en experiencias reconocibles dentro de la empresa.
El estudio Global Workforce Hopes & Fears 2024 de PwC, elaborado con más de 56 mil trabajadores en 50 países, encontró que 62% de las personas percibe que el ritmo de cambio dentro de su trabajo aumentó durante el último año y 44% señala que no entiende completamente porqué ocurren esos cambios. Al mismo tiempo, 28% considera cambiar de empleador durante los próximos doce meses y dos de cada tres personas que evalúan salir, identifican las oportunidades de crecimiento como un factor relevante dentro de su decisión.
Estos resultados empiezan a dar mayor peso a la dimensión social del ESG, que durante años recibió menos atención que los componentes ambientales o de gobernanza. Más allá de indicadores tradicionales, crece el interés por aspectos relacionados con confianza interna, condiciones laborales y capacidad para sostener procesos de transformación. Distintas iniciativas internacionales asociadas con inversión responsable ya reconocen que estos factores también influyen sobre resiliencia y desempeño empresarial.
En México, esta conversación empieza a adquirir una dimensión más compleja. Datos recopilados por Codifin Advisory Services identifican que el 93% de los ejecutivos considera que el esfuerzo de sustentabilidad de su organización es superior a la percepción que tienen sus propios colaboradores, una diferencia que muestra cómo parte del reto comienza a desplazarse desde el diseño de estrategias hacia su implementación cotidiana.

Mario Emilio Beteta, Co-Founder & Chief Growth Officer de Codifin, considera que esta brecha aparece cuando la sostenibilidad se administra como una iniciativa paralela y no como una decisión transversal.
“Cuando una organización habla de sostenibilidad, pero mantiene intactas las dinámicas que determinan liderazgo, desarrollo o experiencia laboral, el colaborador deja de evaluar el discurso y empieza a evaluar la coherencia”.
Desde su perspectiva, reducir esta distancia implica incorporar criterios de sostenibilidad dentro de decisiones relacionadas con liderazgo, gestión de equipos y desarrollo profesional, porque cuando estos objetivos empiezan a reflejarse en la forma de operar dejan de percibirse como iniciativas aisladas.
La experiencia internacional apunta en esa dirección porque distintos marcos de transformación organizacional coinciden en que acelerar cambios sin construir entendimiento y participación interna eleva el riesgo de desgaste, menor adopción y pérdida de confianza, especialmente en periodos de transformación tecnológica y regulatoria.
Las organizaciones con mejores resultados son aquellas que logran involucrar a sus colaboradores dentro del proceso de cambio y fortalecer capacidades como parte de su estrategia. Bajo esta lógica, el siguiente reto del ESG parece menos asociado con demostrar intención y más con sostener decisiones que puedan reconocerse dentro de la operación y acompañar resultados de largo plazo.