el fin de las guardias de 24 horas enfrenta a Sanidad y médicos

El panorama sanitario en España ha dado un vuelco importante tras la decisión del Ejecutivo de mover ficha con una normativa que llevaba cogiendo polvo más de dos décadas. El Consejo de Ministros ha aprobado en primera vuelta el Anteproyecto de Ley del Estatuto Marco, una reforma integral que pretende poner al día las condiciones laborales de miles de profesionales que sostienen el Sistema Nacional de Salud. Esta medida busca, sobre el papel, dar carpetazo a la precariedad y adaptar las reglas del juego a las necesidades asistenciales del siglo XXI, aunque el camino no va a ser precisamente de rosas.
A pesar del optimismo que intentan transmitir desde los despachos oficiales, la realidad en los pasillos de los hospitales es bastante más tensa. Los colectivos médicos han dejado claro que no piensan bajar los brazos y mantienen la convocatoria de huelga nacional prevista para mediados de junio. Consideran que, aunque se hable de avances, el texto actual no termina de solucionar sus problemas históricos y se sienten ninguneados al no contar con un espacio de negociación propio, lo que ha provocado que el malestar corra como la pólvora entre los facultativos.
La nueva organización de los horarios y el límite de las guardias

El punto que más ruido está haciendo es, sin duda, el de la jornada laboral. La reforma establece que la jornada máxima semanal se quedará en 45 horas, lo que supone un recorte respecto a los límites que marca Europa. Sin embargo, el verdadero bombazo es el tope de 17 horas para las guardias médicas. Con esto, Sanidad pretende enterrar las extenuantes jornadas de 24 horas seguidas que tanto desgaste físico y mental generan en los profesionales, asegurando que esta reducción no implicará que los médicos cobren ni un euro menos a final de mes.
Para garantizar que la gente no termine fundida, el nuevo texto blinda los periodos de descanso. Se estipula un tiempo de desconexión de al menos 12 horas entre jornadas de trabajo, al que se le sumará un descanso semanal mínimo de 24 horas ininterrumpidas. Un aspecto fundamental es que estas libranzas obligatorias no computarán como deuda horaria, evitando así que las gerencias de los hospitales puedan reclamar ese tiempo después como si los médicos les debieran horas de trabajo ordinario.
Estabilidad en el empleo y lucha contra la temporalidad

Otro de los pilares de este anteproyecto es meterle mano al abuso de los contratos temporales, un problema crónico que trae de cabeza a los sanitarios. La norma obliga a que los procesos de selección, las famosas OPE, se convoquen obligatoriamente cada dos años como máximo. La intención es clara: que quien trabaje en la sanidad pública sepa a qué atenerse y pueda aspirar a una plaza fija sin tener que esperar una década, limitando además la duración de los contratos de interinidad a un periodo máximo de tres años en plazas vacantes.
En el caso de que se produzca un abuso de la temporalidad que no se ajuste a la ley, se ha previsto una compensación de 20 días por año de servicio, calculada sobre las retribuciones fijas. Con este mecanismo se busca presionar a las administraciones regionales para que pongan orden en sus plantillas y dejen de tirar de contratos precarios que solo sirven para poner parches temporales a problemas estructurales de personal en los centros de salud y hospitales.
Categorías profesionales y el nuevo personal investigador


La reforma no solo toca el reloj, también reorganiza cómo se clasifica a los trabajadores basándose en el Marco Español de Cualificaciones (MECU). Una de las grandes novedades es el nacimiento de la categoría de personal estatutario investigador. Para entrar en este grupo será necesario tener el título de doctor, y estos profesionales dedicarán la mitad de su jornada a la ciencia, pudiendo compaginar su labor de laboratorio con la atención a pacientes o la docencia, lo que supone un impulso al talento nacional.
Por otro lado, se ha actualizado el catálogo de derechos para que conciliar no sea una misión imposible. El texto incluye medidas de flexibilidad horaria para quienes tengan a su cargo a niños menores de 12 años o familiares dependientes. Además, se da un respiro a los más veteranos y a las mujeres en situaciones específicas: los mayores de 55 años, las embarazadas y las madres en periodo de lactancia podrán pedir la exención de hacer guardias y noches para proteger su salud y bienestar.
El motivo de la discordia: la letra pequeña que denuncian los médicos
Si todo parece tan bonito, ¿por qué los médicos se han puesto de uñas? La clave está en el artículo 96 del borrador, donde se menciona que, de forma excepcional, las guardias podrán ampliarse hasta las 24 horas en puestos de difícil cobertura o durante festivos y fines de semana. Los sindicatos como AMYTS o CESM denuncian que esta excepción se acabará convirtiendo en la norma, permitiendo que las gerencias sigan exprimiendo a los facultativos bajo la eterna coletilla de las «necesidades del servicio».
Para muchos representantes del sector, este paso dado por el Ministerio de Sanidad es como pegarse un tiro en el pie, ya que consideran que se ha redactado de espaldas a los que realmente pasan consulta. Critican que se les mantenga en un saco común con el resto de profesionales cuando su formación y responsabilidad requieren un ámbito de negociación propio. Sienten que el Gobierno está intentando pasarle la patata caliente a las comunidades autónomas, que son las que finalmente tienen las competencias en salarios y organización de los turnos diarios.
La tramitación de esta ley apenas acaba de arrancar y ahora se abre un periodo de información pública donde se espera que lluevan las alegaciones. Mientras el Ministerio confía en que este nuevo marco común sea la solución definitiva, los médicos se preparan para una batalla larga que tendrá su punto álgido en las calles. La pelota está ahora en el tejado de las autonomías y del debate parlamentario, donde se verá si realmente estamos ante el fin de una era o si las jornadas maratonianas en la sanidad han llegado para quedarse con otro nombre.


