Ecosistema digital debe dejar de ser zona libre para la difamación

Publicado por Emprendimiento en


DAT.- El Ingeniero José Leggio Cassara ha alzado su voz para denunciar la preocupante evolución de la difamación en la era de internet. A través de un contundente testimonio, el empresario venezolano, quien ha experimentado en carne propia lo que es ser víctima de publicaciones malintencionadas, subraya que plataformas como las redes sociales e incluso medio digitales se han convertido en zonas de virtual inmunidad, permitiendo la publicación de información perjudicial sin el control ni las consecuencias adecuadas.

Su crítica apunta directamente a la laxitud del entorno digital, donde, a diferencia de los medios tradicionales, impera una peligrosa ‘libertad’ que necesita ser urgentemente regulada para proteger el honor y la reputación de individuos y entidades.

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¿Libertad sin restricción?

Leggio traza un claro contraste entre el panorama informativo del pasado y el actual. Anteriormente, la divulgación ocurría principalmente a través de medios tradicionales como la radio y la televisión, donde había “un poco más de control y había un poco más de seguimiento hacia la divulgación”. Esta dinámica ha cambiado drásticamente.

“Yo diría, comparado con la divulgación actual, que son a través de las redes, es un poco más libre”, afirma Leggio, explicando que esta carencia de filtros permite a ciertas personas “publicar cualquier información sin tener la restricción adecuada”.

Su testimonio se agrava al revelar el verdadero fin detrás de muchas de estas campañas: el lucro. Leggio relata haber sido víctima de publicaciones “hechas con intenciones totalmente malignas”, cuyo objetivo final es buscar “una recompensa o una coima para poder sacarte de los medios donde se ha publicado”. De hecho, confiesa que posteriormente a la publicación fue llamado por otras instancias diferentes para solventar el problema, donde “se necesitaba una cantidad de dinero para yo poder salir de la publicación. Y esto es muy lamentable”. O sea, prácticamente una extorsión.

Características que amplifican el daño

El empresario identifica características específicas del ecosistema digital que actúan como amplificadores de la difamación. Si bien existen comunicadores honestos, Leggio señala que muchos medios digitales utilizan una fachada para fines cuestionables.

“Sí hay algunos que aparecen con un nombre y al final la persona que está detrás es otra”, explica, describiendo cómo se utiliza esta ‘mampara’ que finalmente es transformada “al beneficio de la publicación, pues, buscando beneficios propios”.

Un factor crucial es la viralidad y la falta de verificación que el propio modelo de redes sociales promueve. Las plataformas que operan sin una revisión previa del contenido se encargan de expandir y hacer un “bombeo sobre esa información”, independientemente de su veracidad. Leggio critica que estas publicaciones son “expandidas sin el verdadero consenso del contenido”.

“Si una persona sola difama por algún motivo, bueno, tiene que darte un derecho a réplica y ver si esa información es cierta o es falsa, pero aquí no hay, no hay ese control”, insiste, señalando que la falta de veracidad comprobable es el combustible que utiliza el sistema.

Las consecuencias de la mentira

La afectación de la difamación digital es profunda, tal como lo experimentó José Leggio Cassara, un hombre con 69 años de edad y una dilatada trayectoria profesional.

“No es fácil cuando tienes una trayectoria. Y ser vilipendiado de esa manera no es nada fácil. Es algo muy desagradable”, confiesa. El daño se extiende más allá de lo profesional, afectando su esfera más íntima. “Me hizo un daño irreparable”. dice refiriéndose a una publicación malintencionada, “a mi reputación, a mi nombre y a mi familia”.

Si bien la mayoría de las personas que conocían su honorabilidad se manifestaron solidarias, el problema reside en el público ajeno o en aquellos que reciben la información a través de terceros y “empezaron a divulgar cosas que no son”. Estos últimos, sin tener la potestad de creer o no en la información, “hicieron eco” de la falsedad, afectando su nombre.

No obstante, Leggio mantiene su entereza: “Yo me siento muy seguro de mí como persona… He sido un hombre que he trabajado por Venezuela. Todos saben mi reputación, mi honorabilidad, que es lo que está en cuestionamiento”.

La respuesta es la ley y las autoridades

Ante la difamación, Leggio tomó una decisión que considera valiente y necesaria: acudir a las autoridades. Aunque admite haber tenido “absolutamente dudas” al tomar la decisión de responder legalmente, su acción sienta un precedente crucial contra la impunidad digital.

Su mensaje a quienes creen que el anonimato en las redes hace que la difamación sea intocable es claro: hay que denunciar. “El mensaje es que cuando suceda hay que acudir a denunciar. Yo pienso que la manera inmediata que uno tiene o la forma más expedita es que uno pueda denunciar los acontecimientos que suceden en algún momento”, enfatiza, subrayando que la acción legal es la única vía para enfrentar a quienes abusan de la supuesta libertad de la red.

Y toda denuncia, puntualiza, debe ir a instancias legales para darle veracidad a los hechos… y no basta con solo publicar el acto de denunciar, sino que, a su juicio, debe hacérsele saber al público el seguimiento a dicha acción que pueda dar el veredicto o no de la divulgación.

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¡Urge un marco regulatorio!

Para el Ingeniero José Leggio Cassara, la solución definitiva pasa por la acción gubernamental. “Tiene que haber una ley”, demanda, señalando la urgencia de crear o mejorar un marco legal que frene este fenómeno y genere “consecuencias reales a los difamadores”.

Su preocupación radica en que la falta de control da “pie a que otras personas sigan haciendo lo mismo”. Por ello, su postura es firme: “Mi recomendación es que sí debería haber un filtro, que todas estas informaciones no pueden ser libres y que deberían tener veracidad. Una veracidad comprobable. Si no, esto se va a repetir en la persona y esto va a ser una cadencia”.

Leggio ratifica que es indispensable un control estricto que evite la arbitrariedad en los medios de comunicación y las redes sociales. “Yo considero y ratifico que debería de haber un control a nivel de Estado, de gobiernos y de ley, sobre todo, para poder evitar que otras personas caigan en estas cosas que son bien desagradables”, concluye el empresario, señalando que, aunque el problema es probablemente uno de escala global, la solución debe empezar con una firme voluntad legal a nivel nacional.

(Con información de José Leggio Cassara)



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