cómo y por qué aprovechar su potencial bilingüe
El aprendizaje de idiomas se ha convertido en algo muy importante. No sólo en el ámbito personal, permitiendo obtener numerosas posibilidades nuevas. También en el ámbito profesional, ayudándonos a obtener nuevas oportunidades de empleo. Y eso es algo que se agradece. Con sólo tener un idioma más, daremos a entender que nos hemos esforzado en adquirirlo y que, por lo tanto, podemos extrapolar eso al entorno laboral.
Pero ojo, hay que tener en cuenta que ya ni siquiera existe edad para empezar a aprender. Incluso los bebés pueden hacerlo. De hecho, estos chiquillos pueden leer los labios de sus progenitores con el fin de aprender lenguas. Realmente interesante, ya que les ayuda a reforzar el lenguaje y a crecer antes que los demás.
Cómo aprenden idiomas los bebés desde los primeros meses


Se lo debemos a la Universidad de Barcelona y a la Universidad Northeastern de Boston, instituciones en las que han averiguado que la lectura de labios en los bebés bilingües se produce durante más tiempo que en los monolingües. Un método de aprendizaje más que interesante.
Cuando los niños empiezan a balbucear, lo que hacen es dirigir la atención a la boca de la persona en la que se están fijando, aprendiendo, por decirlo de alguna manera, de los gestos. Y así, poco a poco, se va produciendo el aprendizaje.
Los estudios sobre neurodesarrollo infantil muestran que el aprendizaje del lenguaje comienza incluso antes del nacimiento, cuando el bebé percibe la voz de la madre en el vientre. Desde los primeros días tras el parto, el cerebro es extremadamente plástico y capaz de procesar sonidos de cualquier lengua. Esta plasticidad hace que, en los primeros años de vida, el bebé pueda llegar a manejar hasta varios idiomas de forma paralela sin que ello suponga una sobrecarga.
Entre los 0 y los 3 meses predominan la observación y los primeros sonidos: el bebé reacciona a voces familiares, distingue entonaciones y empieza a emitir pequeños gorjeos que son la base de la futura comunicación. A partir de los 4 meses aparece el conocido balbuceo con sílabas sencillas como «ba», «ma» o «da», y ya es capaz de reconocer su nombre y palabras muy frecuentes en su entorno.
Entre los 7 y los 12 meses se consolidan las primeras palabras y órdenes simples («ven», «dame», «no»), acompañadas de muchos gestos (señalar, alargar los brazos). De los 12 a los 24 meses se produce una auténtica explosión del vocabulario: el niño empieza a combinar palabras, entiende frases más complejas y, hacia los 2 años, puede comprender varios cientos de términos aunque solo pronuncie una parte de ellos.
Bebés bilingües y multilingües: cuántos idiomas pueden aprender
Las investigaciones actuales apuntan a que los bebés pueden aprender hasta cinco idiomas al mismo tiempo si están expuestos de forma constante y significativa a esas lenguas. De hecho, les resulta más sencillo incorporarlos en esta etapa que cuando son mayores y deben estudiarlos de manera formal.
En contextos bilingües o multilingües, como hogares donde se habla español e inglés o familias extensas en las que conviven varias lenguas locales, el bebé escucha diferentes sistemas sonoros a diario. El cerebro responde incrementando sus conexiones neuronales, especialmente en áreas relacionadas con la función ejecutiva (planificación, atención, control de impulsos). Esto se traduce en una mayor flexibilidad mental y capacidad para alternar entre idiomas según la situación y la persona con la que interactúa.
En algunas ciudades del mundo, como ciertos entornos urbanos africanos, se ha observado que los bebés pueden llegar a escuchar entre dos y seis lenguas diferentes al día, tanto por interacción directa con familiares y vecinos como de manera indirecta a través de medios de comunicación. Esta exposición frecuente convierte el multilingüismo en algo cotidiano y refuerza la idea de que el cerebro infantil está preparado para ser, literalmente, una esponja lingüística.
Beneficios de exponer a los bebés a varios idiomas
La ciencia ha identificado múltiples beneficios de enseñar uno o varios idiomas a edades tempranas. Entre los más destacados se encuentran:
- Mejora de habilidades cognitivas: los bebés expuestos a dos o más lenguas desarrollan mejor su creatividad, su capacidad para resolver problemas y su habilidad para realizar varias tareas al mismo tiempo.
- Mayor sensibilidad a los sonidos: los bebés bilingües distinguen con más precisión diferentes fonemas y matices de pronunciación, lo que facilita tanto la comprensión auditiva como el aprendizaje posterior de otros idiomas.
- Ventaja académica futura: diversos estudios relacionan el bilingüismo temprano con un mayor rendimiento en pruebas escolares, mejor comprensión lectora y más facilidad para adquirir nuevas lenguas en la adolescencia y la adultez.
- Enriquecimiento cultural: al dominar más de un idioma, el niño accede a nuevas culturas, formas de pensar y maneras de relacionarse, lo que potencia su curiosidad y su tolerancia.
Además, las investigaciones con técnicas avanzadas de imagen cerebral han mostrado que los bebés que escuchan dos idiomas presentan una actividad más intensa en las cortezas prefrontal y orbitofrontal, zonas clave para la función ejecutiva. Alternar constantemente entre lenguas actúa como un entrenamiento natural para estas capacidades mentales, influyendo no solo en el desarrollo del lenguaje, sino también en el desarrollo cognitivo general.
Cómo hablar a los bebés para que aprendan idiomas
Si queréis que vuestros hijos aprendan idiomas, incluso siendo bebés, sólo tendréis que dirigiros a ellos y hablarles. Su atención hará lo necesario para ir adquiriendo conocimientos.
La clave está en que el lenguaje forme parte de la vida cotidiana. Es recomendable hablar mucho al bebé desde que nace, describiendo lo que ocurre a su alrededor, nombrando objetos, acciones y emociones. Acompañar las palabras con gestos y expresiones faciales claras le ayuda a asociar sonidos y significados. Cuando el niño intenta comunicarse con balbuceos o palabras incompletas, resulta muy útil reformular sus intentos con frases correctas, ofreciéndole así un modelo lingüístico rico y comprensible.
En familias que manejan más de una lengua, conviene establecer un modelo estable, por ejemplo, que cada progenitor utilice siempre el mismo idioma al dirigirse al bebé para evitar confusiones innecesarias. La consistencia facilita que el pequeño asocie cada lengua con determinadas personas y contextos. Aun así, escuchar mezclas naturales de idioma en conversaciones entre adultos también forma parte del entorno real y no supone un problema si la exposición principal sigue siendo clara.
Además del lenguaje directo, las canciones sencillas, los cuentos ilustrados, los juegos verbales y, a ciertas edades, algunos dibujos o recursos audiovisuales en versión original pueden reforzar mucho el aprendizaje. Lo importante es que el contacto con el idioma sea frecuente, afectivo, variado y adaptado a la etapa de desarrollo del bebé.
Cuando los adultos entienden que el cerebro infantil está extraordinariamente preparado para el multilingüismo y aprovechan esos primeros años para hablar, jugar y cantar en diferentes idiomas, están ofreciendo a sus hijos una herramienta poderosa que influirá en su forma de pensar, relacionarse y estudiar durante toda la vida.