cómo rendir al máximo sin agotarte

Publicado por Emprendimiento en

esfuerzo y descanso en el estudio

Hay muchos tipos de alumnos. Unos estudian más, y otros estudian menos. Por ello, es evidente que no todos los estudiantes estarán siempre dándolo todo. No os preocupéis. Lo importante no es que saquéis una nota más alta o una nota más baja, sino que adquiráis todos los conocimientos necesarios que os serán útiles para trabajar en un futuro. ¿Es bueno tener siempre el máximo rendimiento? Por una parte sí, pero por otra no, porque el esfuerzo sin un descanso adecuado termina reduciendo vuestra eficacia.

equilibrio entre esfuerzo y descansoequilibrio entre esfuerzo y descanso

Cuando estéis estudiando recibiréis las notas que os hayáis ganado. En otras palabras, recibiréis las recompensas que os correspondan. De esta manera, si habéis estudiado mucho, es evidente que podríais llegar a obtener notas realmente altas, porque vuestro cerebro habrá tenido tiempo de practicar, memorizar y repasar. Y pasará lo opuesto si es al contrario. No os estamos diciendo que tengáis que estar siempre dándolo todo, ya que eso podría llegar a seros perjudicial si no dejáis espacio para recuperar energía física y mental.

Esfuerzo continuo, sí… pero con descansos inteligentes

beneficios de los descansos durante el estudiobeneficios de los descansos durante el estudio

Cuando estudiamos demasiado, es evidente que nuestro cuerpo podría llegar a experimentar un cierto cansancio que afectará a la concentración, la memoria y el estado de ánimo. De hecho, incluso podríais caer enfermos, ya que un descanso insuficiente debilita el sistema inmunitario. Por eso siempre recomendamos que, después de estudiar, descanséis un poco con el fin de recuperar la mayor cantidad de fuerzas posibles y evitar problemas de salud.

Los expertos señalan que el cerebro rinde mejor cuando alterna periodos de esfuerzo con periodos de desconexión. La mayoría de estudiantes puede mantener una buena concentración alrededor de 45-50 minutos seguidos; a partir de ahí, la atención baja y necesitáis un respiro para refrescar la mente. Forzar más allá de ese límite no os hace más productivos, solo vuelve el estudio más lento y pesado.

Por eso, es recomendable programar pausas cortas de 5-10 minutos cada 45-60 minutos de estudio, o como máximo cada hora y media si seguís muy concentrados. Un ejemplo de sesión de 3 horas podría ser: 50 minutos de estudio, 10 de descanso; 75 minutos de estudio, 15 de descanso; y un último bloque de 75 minutos. De este modo el esfuerzo se mantiene alto, pero vuestra mente dispone de pequeños espacios para reorganizar la información.

En épocas exigentes, como los periodos de exámenes, podéis organizar el día en una sesión de mañana y otra de tarde, de unas 3-4 horas cada una, incluyendo descansos entre bloques y un parón largo de al menos dos horas entre ambas sesiones para evitar la fatiga continuada.

El papel del sueño nocturno en el rendimiento académico

dormir bien para estudiar mejordormir bien para estudiar mejor

Reconocemos que cuanto más estudiéis mejor os irá. Pero tampoco podemos olvidar que, después del trabajo, lo mejor es descansar el tiempo suficiente para que nuestro cuerpo recupere la energía que ha perdido. Durante la noche el cerebro realiza la llamada consolidación de la memoria: reorganiza, selecciona y fija lo que habéis aprendido, como si guardara los datos importantes en una carpeta segura.

En general, un adolescente o un universitario necesita alrededor de ocho horas de sueño nocturno con horarios relativamente regulares. Dormir menos de lo necesario disminuye el rendimiento, la concentración y la creatividad, y aumenta el estrés. No se trata de dormir muchísimo, sino de dormir lo justo y de calidad, evitando estudiar hasta muy tarde o abusar de la cafeína y de las pantallas justo antes de ir a la cama.

Algunos hábitos que ayudan a mejorar el descanso nocturno son mantener un horario fijo de sueño, dejar los libros y apuntes un rato antes de acostarse, desconectar de móviles y ordenadores al menos media hora antes de dormir y crear un ambiente tranquilo, oscuro y cómodo en la habitación. Cuanto mejor descanséis, más fácil será recordar fórmulas, conceptos y esquemas al día siguiente.

Cómo hacer descansos que realmente te ayuden a rendir

descansos efectivos mientras estudiasdescansos efectivos mientras estudias

Tomáos todo el tiempo que podáis para descansar de manera inteligente, ya que esto repercutirá de manera saludable sobre vuestra salud y vuestro rendimiento académico. Un buen descanso no es desconectar 50 minutos mirando vídeos tras 10 minutos de estudio; es introducir pausas breves, deliberadas y que os permitan volver a la tarea sin perder el hilo.

Durante los descansos breves es recomendable levantarse del sitio de estudio, mover el cuerpo, hidratarse con agua o una bebida saludable, tomar fruta o algún alimento nutritivo y ventilar la habitación. También podéis asomaros al balcón o dar un pequeño paseo para “resetear” la mente sin sobreestimularla con redes sociales o contenidos muy intensos.

La siesta corta puede ser una buena aliada si estáis muy cansados, siempre que no se alargue demasiado. Unos 15-20 minutos son suficientes para recuperar energía sin afectar al sueño nocturno. Además, mantener algún hobby activo, como salir a caminar, practicar deporte ligero, hacer yoga o estiramientos, ayuda a liberar tensiones acumuladas por el estudio y a llegar a la noche con una sensación de bienestar mayor.

Si os cuesta mucho mantener la atención, podéis utilizar métodos como el método Pomodoro: 25 minutos de trabajo concentrado y 5 de descanso, alargando poco a poco los bloques de estudio conforme vayáis ganando hábito. Lo importante es escuchar vuestro cuerpo y vuestra mente: si la fatiga aumenta, adelantad el descanso; si estáis muy concentrados, podéis alargar un poco más antes de parar.

Organizar el tiempo de estudio para evitar el agotamiento

planificar estudio y descansoplanificar estudio y descanso

También podéis extrapolar esto a la vida en general. Después de trabajar, lo mejor es descansar. Tened muy en cuenta esto, ya que os será de gran ayuda. Del mismo modo que planificáis qué temas estudiar cada día, conviene que planifiquéis también cuándo parar y qué tipo de descanso vais a hacer.

Establecer plazos realistas para cada tarea, usar listas de prioridades y apoyarse en aplicaciones de calendario o gestión de tareas ayuda a organizar mejor las jornadas. De esta manera, no asociáis el estudio con una sensación de trabajo interminable, sino con bloques concretos que tienen un inicio, un final y un descanso programado. Cada vez que completáis un bloque y marcáis una tarea como hecha, se refuerza vuestra motivación.

Además, cuidar el entorno de estudio es fundamental: un espacio ordenado, bien iluminado, con pocas distracciones y diferenciado de la zona de descanso facilita que el cerebro sepa cuándo está trabajando y cuándo está relajándose. Evitad estudiar en la cama o con la televisión encendida, y procurad no abusar del móvil durante los descansos para que el cerebro pueda relajarse de verdad.

Combinar un esfuerzo constante, descansos planificados, un sueño nocturno reparador, algo de actividad física y momentos de ocio saludable es lo que, a la larga, permite aprender más, recordar mejor y llegar a los exámenes con la mente clara y el cuerpo mucho más preparado. Tened en cuenta que recibiréis las notas que os ganéis, pero el objetivo principal sigue siendo aprender y mantener vuestra salud para poder rendir a largo plazo.


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