Apenas 1 de 5 empresas puede medir ROI de ESG

Publicado por Emprendimiento en

La sostenibilidad ha logrado algo que hace apenas una década parecía improbable: convertirse en una prioridad para los consejos de administración y la alta dirección. Hoy, las organizaciones reconocen que los factores ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) influyen en la competitividad, la resiliencia y la capacidad de generar valor en el largo plazo.

Sin embargo, una nueva investigación de KPMG titulada Cerrando la brecha en la valoración de la sostenibilidad revela que aún existe una diferencia importante entre comprender la sostenibilidad y demostrar su impacto económico. Aunque la mayoría de las empresas reconoce la relevancia estratégica de estos temas, pocas han desarrollado mecanismos para cuantificar cómo influyen en variables financieras clave.

Esta brecha llega en un momento decisivo. Mientras inversionistas, reguladores y grupos de interés exigen cada vez más evidencia sobre el desempeño ESG, las organizaciones enfrentan el reto de demostrar que la sostenibilidad no solo genera impactos positivos, sino que también contribuye a proteger y crear valor para el negocio.

La gran brecha del ROI de ESG

El dato más contundente del estudio de KPMG es también el que da sentido a una de las principales preocupaciones del ecosistema ESG actual: aunque la sostenibilidad ha ganado espacio en la estrategia corporativa, apenas el 19% de las organizaciones utiliza metodologías avanzadas para cuantificar financieramente sus impactos. En términos prácticos, esto significa que solo una de cada cinco empresas puede traducir sus iniciativas de sostenibilidad en indicadores económicos concretos y demostrar cómo influyen en variables como el EBITDA, el flujo de efectivo, el retorno de las inversiones o la creación de valor para el negocio.

La cifra adquiere mayor relevancia cuando se compara con el nivel de conocimiento que las organizaciones aseguran tener sobre el tema. Mientras el 72% de los ejecutivos afirma comprender la estrategia, las métricas y el desempeño de sostenibilidad de su empresa, únicamente una minoría cuenta con herramientas que permitan vincular esos resultados con el desempeño financiero. Es decir, las compañías saben cada vez más sobre sus impactos ESG, pero todavía tienen dificultades para demostrar cuánto valor económico generan o protegen.

ROI de ESG

Esta diferencia evidencia lo que KPMG denomina una “brecha de valoración”: un espacio entre la gestión de la sostenibilidad y su integración en los procesos financieros. En muchas organizaciones existen indicadores ambientales, sociales y de gobernanza bien desarrollados, pero estos rara vez se conectan con los criterios que utilizan los consejos de administración, los CFO o los inversionistas para asignar recursos y evaluar proyectos.

La consecuencia es que numerosas iniciativas ESG continúan siendo evaluadas principalmente desde una perspectiva reputacional o de cumplimiento normativo, cuando en realidad podrían estar generando eficiencias operativas, reduciendo riesgos financieros o impulsando nuevas oportunidades de crecimiento. Sin una medición sólida del ROI de ESG, buena parte de ese valor permanece invisible para quienes toman las decisiones estratégicas dentro de la organización.

La sostenibilidad ya llegó a la agenda financiera, pero no a la valoración económica

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que demuestra que la sostenibilidad ya dejó de ser un tema periférico. El 60% de las organizaciones considera los riesgos y oportunidades asociados a la sostenibilidad dentro de sus procesos de planificación financiera, mientras que la mitad afirma haber integrado estos factores en su estrategia central de negocio.

A primera vista, estas cifras podrían interpretarse como una señal de madurez. Sin embargo, el informe advierte que incorporar la sostenibilidad en la conversación estratégica no significa necesariamente que esta influya de manera efectiva en la toma de decisiones de inversión o asignación de recursos.

La razón es simple: los directivos suelen tomar decisiones basadas en métricas financieras. Cuando los impactos ESG no logran expresarse en términos económicos, resulta más difícil compararlos con otras iniciativas corporativas que sí cuentan con indicadores claros de retorno. En consecuencia, muchas inversiones relacionadas con sostenibilidad pueden quedar subvaloradas o perder prioridad frente a otros proyectos.

Este hallazgo representa una llamada de atención para las áreas de sostenibilidad. La siguiente etapa de evolución no consistirá únicamente en mejorar los reportes o fortalecer las métricas ESG, sino en desarrollar la capacidad de traducirlas al lenguaje financiero que utilizan los mercados y las organizaciones.

ROI de ESG

Los sectores que están cerrando la brecha más rápido

La investigación también muestra que algunos sectores han avanzado más rápidamente en la integración financiera de la sostenibilidad. Las organizaciones de banca y mercados de capitales lideran el ranking global, con un 33% utilizando metodologías avanzadas de valoración. Les siguen las empresas de energía y recursos naturales, con 31%, y las compañías automotrices, con 27%.

El denominador común entre estos sectores es que enfrentan riesgos de sostenibilidad con implicaciones financieras inmediatas. La transición energética, los cambios regulatorios, la presión de los inversionistas, la gestión de cadenas de suministro y los riesgos físicos asociados al cambio climático tienen efectos directos sobre su rentabilidad y su acceso a capital.

La experiencia de estas industrias ofrece una lección relevante para el resto del mercado: cuanto más evidente es el impacto financiero de los factores ESG, mayor es el incentivo para desarrollar herramientas de valoración. Sin embargo, esto no significa que otras industrias estén exentas de estos riesgos. Más bien sugiere que muchas organizaciones aún no han logrado identificar y cuantificar adecuadamente sus implicaciones económicas.

Del cumplimiento normativo a la generación de valor

Durante años, buena parte de las estrategias ESG se desarrollaron impulsadas por exigencias regulatorias, estándares de reporte o compromisos voluntarios. Aunque estos factores siguen siendo importantes, el estudio de KPMG plantea la necesidad de dar un paso adicional: convertir la sostenibilidad en un motor de valor empresarial.

El informe incluye un caso de análisis realizado en Reino Unido sobre una empresa del sector de alimentos y bebidas. Mediante la aplicación de metodologías estructuradas de valoración, se identificaron seis iniciativas de sostenibilidad con potencial para incrementar el EBITDA hasta en un 35%.

Más allá de la cifra específica, el caso ilustra una realidad que cada vez cobra más fuerza: las acciones ESG pueden generar beneficios financieros tangibles cuando se identifican adecuadamente sus efectos sobre la eficiencia operativa, la innovación, la gestión de riesgos o la competitividad.

El comportamiento del mercado financiero también apunta en esa dirección. El estudio documenta el caso de un importante banco europeo que decidió desvincularse de decenas de empresas tras realizar evaluaciones relacionadas con riesgos ESG. Este tipo de decisiones demuestra que el capital está comenzando a fluir hacia organizaciones capaces de demostrar resiliencia frente a desafíos ambientales, sociales y de gobernanza.

En este contexto, fortalecer la medición del ROI de ESG no solo ayuda a justificar inversiones internas; también puede convertirse en un factor determinante para acceder a financiamiento y fortalecer la confianza de inversionistas y grupos de interés.

ROI de ESG

Cómo cerrar la brecha del ROI de ESG

La investigación sugiere que la solución no pasa por generar más reportes, sino por fortalecer la disciplina financiera detrás de la sostenibilidad.

Para lograrlo, las organizaciones deben trabajar en frentes fundamentales:

1. Construir metodologías de cuantificación consistentes

Las empresas necesitan desarrollar modelos que permitan traducir impactos ESG en variables financieras concretas. Esto implica identificar cómo determinados factores afectan ingresos, costos, riesgos, productividad, activos y valor empresarial.

2. Integrar sostenibilidad y finanzas

La sostenibilidad no puede permanecer aislada en áreas especializadas. Debe incorporarse a los procesos de planificación financiera, presupuestación, valoración de proyectos y asignación de capital. Solo así podrá competir en igualdad de condiciones con otras iniciativas estratégicas.

3. Fortalecer la colaboración interna

La brecha actual también es organizacional. Los equipos de sostenibilidad suelen hablar en términos de impacto ambiental o social, mientras que las áreas financieras operan bajo métricas económicas. Construir un lenguaje común será indispensable para impulsar decisiones más informadas.

Para muchas organizaciones, este cambio requerirá nuevas capacidades analíticas, herramientas de valoración y una mayor participación de los CFO en las estrategias ESG. Sin embargo, quienes logren avanzar primero estarán mejor posicionados para anticipar riesgos y capturar oportunidades emergentes.

El verdadero riesgo está en no cuantificar

La sostenibilidad ha alcanzado un nivel de madurez que obliga a las empresas a ir más allá de la concienciación y los compromisos públicos. Hoy, el reto consiste en demostrar con evidencia financiera cómo los factores ESG influyen en la creación y protección de valor.

El estudio de KPMG revela que la mayoría de las organizaciones aún se encuentra en una etapa intermedia de este proceso. Si bien existe una comprensión creciente de los riesgos y oportunidades asociados a la sostenibilidad, pocas empresas han desarrollado la capacidad de medir de forma rigurosa su impacto económico.

La buena noticia es que la ruta para avanzar está cada vez más clara. Las organizaciones que fortalezcan la cuantificación financiera de sus iniciativas, integren la sostenibilidad en sus decisiones de negocio y desarrollen una medición robusta del ROI de ESG estarán mejor posicionadas para atraer inversión, gestionar riesgos y construir ventajas competitivas duraderas.

Como advierte KPMG, el mayor peligro ya no es desconocer la importancia de la sostenibilidad. El verdadero riesgo es no ser capaz de demostrar cuánto valor genera.

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