técnicas para recuperar la creatividad
Imaginad que estáis realizando algún trabajo o que, simplemente, estáis elaborando los apuntes que luego utilizaréis para estudiar. Puede ocurrir que en un determinado momento os quedéis sin ideas. Sin saber lo que poner. Se trata de algo un poco grave, ya que interrumpirá vuestra labor y hará que no sepáis por dónde hay que seguir. No os preocupéis, hay soluciones para todo.
¿Qué significa realmente quedarse sin ideas?

Quedarse sin ideas no solo le pasa a quienes escriben; también a estudiantes, emprendedores, profesionales y a cualquier persona que necesite pensar de forma creativa. En apariencia, es como si el cerebro se apagara de repente y solo diera vueltas sobre lo mismo, sin aportar nada nuevo. La mente repite una y otra vez las mismas propuestas, pero sentís que falta algo, que no acabáis de dar con esa idea clave que necesitáis para seguir avanzando.
En realidad, cuando nos quedamos sin algo (sin dinero, sin tiempo, sin opciones, sin tema de conversación…), lo que sentimos es un vacío. En el caso de las ideas, ese vacío se nota como una página en blanco: sabéis que tenéis que rellenarla, pero no aparece nada interesante. Esto genera una creciente sensación de frustración y de bloqueo, que puede afectar tanto al rendimiento como al estado de ánimo.
Calma y gestión del estrés: el primer paso para desbloquearse

En primer lugar, tranquilizáos. Aunque os hayáis quedado sin ideas, debéis tener en cuenta que hay una solución. Lo único que tenéis que hacer es relajaros y, por lo general, estas os deberían llegar enseguida. Puede que se trate de un problema de nervios, o que simplemente os hayáis quedado en blanco. Muchas veces, el estrés y la ansiedad son los grandes responsables de nuestra falta de creatividad. Cuando estamos muy tensos, es más difícil que surjan ideas nuevas.
Si aún así no se os ocurre nada, es posible que haya llegado la hora de hacer un descanso y despejaros un poco la cabeza. Reducir el nivel de estrés corta el círculo vicioso en el que no tener ideas genera más ansiedad, y esa ansiedad bloquea todavía más el pensamiento. Respirar hondo, cambiar de postura, levantarse de la silla o hacer una pequeña pausa ya es un primer paso para que la mente vuelva a funcionar con claridad.
Descansar, desconectar y dejar de forzar la mente

Nuestra recomendación es que salgáis a dar un paseo, os déis una vuelta por la casa, o que os echéis un poco en la cama con el fin de que vuestro cerebro descanse y se ponga de nuevo en sus cabales. Así las ideas comenzarán a fluir de nuevo y tendréis la oportunidad de seguir con lo que estuviérais haciendo. A diferencia de un problema matemático, el bloqueo creativo no se resuelve por pura insistencia: cuanto más apretáis, más se resiste la mente.
Normalmente, si en un día no se nos ocurre cómo podemos solucionar un problema, en dos o tres días de darle vueltas de la misma manera tampoco hallaremos la solución. Por eso, en muchas ocasiones es útil olvidarse por un tiempo del tema que nos atormenta. Al dejar de forzar las ideas y centrar la atención en otra actividad, el cerebro puede seguir trabajando en segundo plano y, de repente, en el momento menos pensado, la solución aparece con total claridad, incluso a medianoche o a primera hora de la mañana.
Recordar que las ideas siguen ahí y alimentar el cerebro

En general, no os deberíais preocupar por quedaros sin ideas. Es cuestión de que os relajéis un poco debido a que estaréis saturados por distintos motivos. Muchas veces creemos que «ya no se nos ocurrirá nada más», pero nuestro cerebro es una fuente inagotable de pensamientos y asociaciones. Toda la información, emociones y experiencias que habéis vivido siguen ahí, disponibles para combinarse de formas nuevas.
Una de las mejores estrategias cuando sentimos que no llega nada original es alimentar el cerebro con buenos estímulos. Leer libros inspiradores, escuchar música que os motive, pasear por la naturaleza, hablar con personas diferentes o explorar nuevas actividades son maneras eficaces de dar a la mente el material que necesita para generar nuevas conexiones. En lugar de quedaros quietos mirando el folio, es más productivo dedicar un rato a cuidar lo que el cerebro recibe.
Aunque no lo hagan de forma inmediata, las ideas irán llegando poco a poco; por eso conviene tener paciencia y no forzar el proceso: alimentad la mente y estad atentos a cualquier destello que pueda surgir.
Buscar referencias e inspiración sin perder la originalidad

Otra ayuda importante cuando nos quedamos sin ideas es observar qué se está haciendo en nuestro entorno. A veces estamos tan metidos en nuestro propio trabajo que olvidamos mirar a nuestro alrededor. Analizar tendencias, proyectos similares o soluciones que otros han aplicado permite descubrir enfoques que no se nos habían ocurrido. Pocas ideas son completamente originales: la mayoría son adaptaciones y combinaciones de elementos que ya existían.
Esto sirve tanto para el ámbito académico como para el profesional. Fijarse en lo que hace la competencia, en lo que sucede en otros sectores o en la forma en que personas muy distintas resuelven sus problemas puede actuar como detonante para que, de repente, veamos con claridad cuál puede ser nuestro próximo paso. No se trata de copiar, sino de usar esas referencias como punto de partida para construir algo propio.
La importancia de capturar las ideas cuando aparecen

Algo muy frecuente es que, después de un día de bloqueo, la idea que necesitábamos llegue en el momento más inesperado: al ducharnos, al irnos a dormir o incluso a media noche. Las ideas vienen y van con rapidez, y si no las registramos, se desvanecen sin dejar rastro. Por eso es tan útil tener siempre a mano una agenda, un cuaderno o el teléfono móvil para anotar cualquier destello de inspiración, aunque parezca pequeño o poco definido.
Solo tenéis que estar atentos para exponer las ideas en el papel correspondiente, haciendo la tarea poco a poco. De este modo, aunque haya momentos de bloqueo, contáis con un fondo de ideas previas que podéis desarrollar o combinar. Quedarse sin ideas no es el final del camino, sino una señal de que el cerebro necesita descanso, nuevos estímulos y un poco de paciencia para volver a arrancar con más fuerza.