Cómo controlar los nervios para dormir mejor y tener noches realmente reparadoras

Publicado por Emprendimiento en

Persona durmiendo plácidamente

Muchos nos quejamos, en más de una ocasión, de las malas noches que pasamos debido a diferentes motivos. Ya sea por los nervios, porque hemos estudiado mucho, por problemas laborales, familiares o por simple cansancio acumulado, las noches en las que no dormimos o no lo hacemos bien pueden llegar a ser muy malas para nuestra salud física y mental. Descansar mal de forma continuada afecta a la concentración, al rendimiento académico o profesional y al estado de ánimo. ¿Qué podemos hacer para controlar los nervios y dormir mejor?

Hay una recomendación que os servirá de bastante utilidad y que, a la vez, es uno de los problemas más llamativos y complicados con los que os encontraréis: los nervios. El tren de vida que tenemos actualmente, marcado por prisas, pantallas y multitarea, puede provocar algún que otro inconveniente que se nos podría ir de las manos. Evidentemente, el estrés es uno de los temas a tener más en cuenta, porque activa el organismo justo cuando debería empezar a relajarse.

En el caso de que nos acostemos estresados, tendremos que hacer frente a una gran cantidad de nervios que se podrían ir acentuando si no les ponemos solución. Lo más recomendable en estas ocasiones es identificar el problema y actuar de manera que se pueda solucionar de la mejor forma posible. No sólo descansará nuestra conciencia, sino también nuestros nervios, ya que disminuye la activación del sistema de alerta y se facilita la entrada en las fases profundas del sueño.

Por otra parte, también podemos tomar alguna pastilla que nos ayude a calmarlos, aunque esto es un tema aparte que a veces requiere la ayuda de un profesional. Si llegáis a este punto, no sería malo acudir a un médico o a un especialista en medicina del sueño para que os eche una mano al respecto, valore vuestra situación concreta y descarte trastornos como el insomnio crónico u otros problemas del sueño.

Los nervios y la malas noches son algunos de los peores enemigos de los estudiantes y de cualquier persona que necesite rendir al día siguiente. Tomaros las cosas con calma, cuidar vuestros horarios de descanso y aprender a relajaros de forma consciente. Así podréis llegar a conseguir los objetivos que os propongáis. Y muchos más.

Por qué los nervios impiden dormir bien

Cómo controlar los nervios para dormir mejorCómo controlar los nervios para dormir mejor

El estrés y la ansiedad forman parte de un grupo de fenómenos psicológicos y fisiológicos que repercuten en nuestra salud de un modo muy negativo, y a través de diferentes efectos en cadena. Uno de los ámbitos de la vida en el que estar nervioso nos perjudica más es en la calidad del sueño, es decir, nuestra capacidad de repararnos a nosotros mismos y recobrar energía mediante el descanso nocturno.

Cuando estamos nerviosos antes de dormir, el cuerpo aumenta la producción de cortisol y de otras hormonas relacionadas con la alerta. Esto eleva el ritmo cardíaco, acelera la respiración y provoca tensión muscular, señales que el organismo interpreta como si tuviera que mantenerse despierto y preparado. A la vez, se altera la liberación de melatonina, la hormona que ayuda a regular el ciclo sueño-vigilia, por lo que cuesta más conciliar el sueño y mantenerlo durante la noche.

Además, la denominada rumiación mental (dar vueltas una y otra vez a las mismas preocupaciones) hace que la mente esté hiperactiva cuando debería empezar a desconectarse. Pensamientos como “mañana estaré fatal si no duermo”, “no he hecho suficiente” o “seguro que no descanso nada” alimentan la ansiedad y se convierten en un círculo vicioso: cuanto más miedo tenemos a no dormir, más difícil resulta dormir.

Desde la psicología, se entiende que los nervios antes de dormir son una señal, no un enemigo en sí mismos. Indican que el cuerpo y la mente necesitan calma, seguridad y espacio mental para procesar el día. Trabajar sobre este origen (estrés acumulado, perfeccionismo, preocupaciones sobre el futuro, etc.) es clave para lograr un sueño verdaderamente reparador.

Hábitos diurnos que facilitan dormir mejor

Técnicas de relajación para estudiantesTécnicas de relajación para estudiantes

Muchos de los pasos para aprender a dormir bien estando nervioso no se dan sólo por la noche, sino a lo largo del día. Tener una base sólida de higiene del sueño hace que el cuerpo tenga mayor predisposición a relajarse, incluso cuando hay algo de ansiedad.

Un primer pilar es llevar un horario de sueño regular, acostándose y levantándose aproximadamente a la misma hora todos los días, también fines de semana. Esta regularidad ayuda a que el reloj interno o ritmo circadiano se estabilice y el organismo sepa cuándo empezar a producir melatonina y cuándo activar la energía diurna.

Otro aspecto clave es la alimentación. Comer bien contribuye a dormir bien, dado que la malnutrición facilita la aparición de procesos inflamatorios que dificultan el sueño. Conviene evitar cenas muy copiosas y grasas justo antes de acostarse, reducir la cafeína y el alcohol al final del día y priorizar comidas ligeras que incluyan alimentos ricos en triptófano (como plátano, pavo o frutos secos), que participan en la producción de serotonina y melatonina.

El ejercicio físico moderado es otro recurso muy útil. Realizar actividad física ayuda a liberar tensiones y a “desenganchar” el foco de atención de los pensamientos que nos mantienen preocupados. Sin embargo, es importante practicarlo varias horas antes de dormir, idealmente al menos cinco horas antes, porque si se hace demasiado tarde puede activar demasiado el cuerpo y dificultar el inicio del sueño.

También conviene limitar los estimulantes como el café, refrescos con cafeína o bebidas energéticas desde media tarde, ya que prolongan la vigilia, y evitar los “atracones” de comida por ansiedad, que complican la digestión y retrasan el momento en el que el cuerpo puede relajarse.

Rutina nocturna y control de la exposición a pantallas

Las mejores técnicas de relajaciónLas mejores técnicas de relajación

Más allá de lo que se hace durante el día, la forma en la que preparamos la noche influye enormemente en cómo conciliamos el sueño. Una rutina nocturna consistente ayuda a señalizar al cuerpo y a la mente que es hora de relajarse. Repetir cada día las mismas acciones en un orden parecido (cenar ligero, aseo, lectura tranquila, respiración, apagar luces) crea una asociación clara entre esos gestos y el descanso.

Uno de los factores más importantes es la exposición a la luz. La costumbre de utilizar ordenadores, tablets y smartphones al anochecer se ha vuelto muy habitual, pero la luz brillante de las pantallas, especialmente la azul, puede alterar los ritmos circadianos. El cerebro interpreta esta luz como si fuera de día, ralentizando la producción de melatonina y haciendo que al cuerpo le cueste “entender” que es hora de dormir.

Por este motivo, se recomienda evitar las pantallas al menos una hora antes de acostarse. En su lugar, es preferible optar por actividades más calmadas y con menos estimulación, como leer un libro en papel con luz suave, escuchar música tranquila o realizar ejercicios suaves de estiramiento.

El simple hecho de darse una ducha templada aproximadamente media hora antes de irse a la cama también puede ayudar a relajarse. Este hábito actúa como un pequeño ritual en un entorno predecible y monótono a nivel sensorial, lo que facilita que la mente “desconecte” poco a poco del ruido del día.

Dejar los dispositivos electrónicos fuera del dormitorio, programar el modo noche o descanso y silenciar notificaciones elimina tentaciones y contribuye a que la habitación quede asociada casi exclusivamente con el descanso y no con el trabajo, las redes sociales o los estudios.

Relajación mental y corporal antes de dormir

La relajación antes de dormir es fundamental para lograr un descanso reparador. En un contexto en el que el estrés y la hiperconectividad dominan el día a día, muchas personas tienen dificultades para conciliar el sueño porque llegan a la cama con la mente acelerada. Practicar técnicas relajantes puede ayudar a reducir la ansiedad, disminuir la activación del sistema nervioso y facilitar la transición al sueño profundo.

Existen diversas técnicas de relajación con respaldo científico que se pueden integrar en la rutina nocturna de forma sencilla. Una de las más conocidas es la respiración profunda, por ejemplo la técnica 4-7-8: inhalar durante cuatro segundos, mantener el aire siete segundos y exhalar lentamente durante ocho. Este patrón favorece la activación del sistema nervioso parasimpático, responsable del descanso, y puede acortar el tiempo que se tarda en conciliar el sueño.

Otra herramienta eficaz es el mindfulness o meditación de atención plena. Consiste en centrar la atención en la respiración, las sensaciones corporales o un estímulo concreto, observando los pensamientos sin engancharse a ellos. La práctica regular de mindfulness se ha asociado con una mejor calidad del sueño y una reducción de la ansiedad y la hiperactivación mental, incluso cuando las sesiones diarias son breves.

Los estiramientos suaves o posturas sencillas de yoga, como “el niño” o “piernas contra la pared”, ayudan a liberar tensiones acumuladas en la musculatura y mejoran la conexión mente-cuerpo. Realizarlos lentamente, prestando atención a la respiración, facilita que el cuerpo reciba el mensaje de que puede empezar a descansar.

Además, la lectura tranquila con iluminación tenue puede convertirse en otro buen aliado. Elegir libros relajantes y evitar temas que generen estrés o mucha excitación mental (como noticias preocupantes o lecturas muy intensas) contribuye a que la mente haga una transición suave hacia el sueño.

Ambiente adecuado y pequeños apoyos para calmar los nervios

Crear un ambiente propicio para dormir es tan importante como las técnicas de relajación. El dormitorio debería ser un lugar asociado con comodidad y seguridad, lo que ayuda al sistema nervioso a bajar su nivel de alerta. Una iluminación tenue y cálida por la noche indica al cerebro que el día se está terminando, mientras que una habitación demasiado iluminada puede confundir los ritmos circadianos.

La temperatura también juega un papel clave. Mantener la habitación fresca, pero no fría, favorece el sueño profundo. Muchas personas descansan mejor con temperaturas moderadas y ropa de cama que permita regular el calor con facilidad. Un colchón y almohadas cómodos, adaptados a las necesidades de cada persona, reducen molestias físicas que podrían mantenernos despiertos o provocar microdespertares.

En cuanto al ruido, no siempre es posible tener un entorno totalmente silencioso. En estos casos, el uso de ruido blanco o sonidos relajantes (lluvia suave, mar, chimenea) puede ser de ayuda. Estos sonidos constantes “enmascaran” ruidos inesperados y permiten que el cerebro deje de estar tan pendiente del entorno. Es recomendable que el volumen sea bajo y que las grabaciones tengan una duración suficiente para que continúen sonando cuando ya se ha conciliado el sueño.

Para quienes experimentan muchos pensamientos intrusivos al acostarse, puede ser útil dedicar unos minutos antes de ir a la cama a escribir un diario con las preocupaciones del día, las tareas pendientes y las emociones que han surgido. Este gesto de plasmarlas en papel ayuda a sacarlas de la mente, reduce la rumiación y facilita que el momento de acostarse no se convierta en el primer espacio del día para pensar en todo lo que preocupa.

Cuando, a pesar de estos cambios, los nervios antes de dormir se mantienen de forma intensa o se acompañan de otros síntomas (despertares frecuentes, pesadillas, sensación continuada de fatiga), es recomendable consultar con un profesional de la salud, ya sea médico, psicólogo o especialista en medicina del sueño. Un abordaje individualizado permite detectar el origen del problema y diseñar estrategias más específicas.

Cuidar los nervios antes de dormir, ajustar los hábitos diarios y nocturnos y aprender a escuchar lo que el cuerpo necesita son pasos que, con constancia, permiten transformar las malas noches en un descanso más profundo, estable y reparador.


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