Cómo aprobar todas las asignaturas y acercarte a ser el mejor de la clase


No importa que tengamos más compañeros. No importa que, en ocasiones, los estudios sean difíciles. Siempre tendremos en mente un objetivo: intentar hacer todos los trabajos con el fin de conseguir las mejores notas posibles y, de esta manera, ser los mejores de la clase. Es evidente que tendremos que hacer frente a una amplia variedad de problemas y retos, pero la recompensa será mayor que todas las pruebas que haya que superar si aprendemos a organizarnos y a estudiar con estrategia.
Aunque estemos intentando siempre ser los mejores de la clase, lo cierto es que no debemos vernos obligados a proponernos ese objetivo. El fin que perseguimos con los estudios es el de aprobar todas las asignaturas y, de esta manera, conseguir la titulación de los diferentes cursos. Para ello no hace falta que seamos los mejores. Con obtener una nota suficiente será bastante, y si además aplicamos buenos hábitos de estudio podremos subir la media sin añadir más estrés. ¿A que ahora no parece tan difícil?
Por supuesto, no seremos perfectos en todas las asignaturas. Es muy posible que haya algunas que no sepamos superar o que, simplemente, no se nos den bien. En estos casos, no os preocupéis. Sólo tendréis que hacer algunos esfuerzos adicionales para completar los retos suficientes que nos propongan los profesores. De nuevo, un consejo que os permitirá que todo sea más sencillo es estudiar con planificación, usar técnicas de relajación cuando haya agobio y pedir ayuda cuando sea necesario.
Planificación básica: el verdadero secreto para aprobar

Tened en cuenta este artículo la próxima vez que intentéis ser los mejores de la clase: en realidad no hace falta que lo intentéis. El principal objetivo es el de aprobar todas las asignaturas para poder conseguir la titulación. A partir de ahí, todo vendrá más que rodado, como si fuera un camino recto. Para lograrlo, la clave que señalan muchos expertos es la planificación y la estrategia, algo que sirve tanto para estudiantes de instituto como para universitarios u opositores.
Lo primero es elegir bien dónde estudiar. Un lugar bien ventilado, con luz natural y artificial, una mesa despejada con solo el material necesario y el móvil fuera de la vista reduce mucho las distracciones. En general, estudiar en casa puede ser más efectivo que en una biblioteca si allí te concentras mejor, porque controlas el ambiente, el ruido y los descansos.
También resulta muy útil crear una rutina de horarios. El cerebro se concentra mejor cuando se acostumbra a trabajar a las mismas horas. Estudiar de forma continua, un poco cada día, hace que llegues a los exámenes sin agobios y con todo el contenido visto. La idea es evitar los atracones de última hora y transformar el estudio en un hábito.
Un truco práctico para estructurar el tiempo es la técnica del pomodoro: estudiar bloques de unos 25 minutos totalmente concentrado y descansar 5 minutos, repitiendo el ciclo varias veces. De esta manera, se respeta el tiempo máximo de concentración, se evitan las distracciones y se avanza de forma constante sin sensación de saturación.
Además, conviene tener siempre a mano una lista de tareas por asignatura, ordenada por importancia y fechas de entrega. Anotar qué tema estudiar, qué ejercicios hacer o qué trabajos preparar te ayuda a priorizar. Si hay tareas que te llevan menos de dos minutos, es mejor hacerlas al momento para que no se acumulen y generen más estrés.
Organización del estudio y del material por asignaturas

Cuando trabajas con varias materias al mismo tiempo, es fundamental decidir a qué asignaturas debes dedicar más tiempo cada semana. No todas tienen la misma dificultad ni el mismo peso en la nota final, por lo que conviene identificar cuáles se te resisten y colocarlas en los primeros puestos de tu planificación.
Diseñar un plan de estudio por asignaturas es una herramienta muy potente. Puedes repartir la materia en bloques diarios o semanales, marcando qué temas vas a estudiar en cada sesión y cuánto tiempo vas a dedicar. Esto te da sensación de control, reduce el miedo a suspender y evita que dejes de lado alguna materia sin darte cuenta.
Además de planificar el tiempo, necesitas poner orden en tu material de estudio. Mantener libros, apuntes, cuadernos y notas digitales bien clasificados hará que no pierdas minutos valiosos buscando documentos cada vez que te sientas a estudiar. Puedes utilizar archivadores, carpetas o aplicaciones digitales para organizar todo por asignaturas y temas.
A la hora de estudiar cada tema, una estrategia que recomiendan muchos especialistas consiste en hacer primero una lectura rápida para tener una visión general y, en una segunda lectura, extraer las ideas principales, subrayar y anotar al margen la esencia de cada párrafo con pocas palabras. Estas palabras clave servirán de guía para concentrarte en lo importante y evitar la «paja».
Si un tema es muy denso, es buena idea ponerse tiempos límite para no quedarte atascado solo en esa parte y poder avanzar en el resto. Cuando cambias de asignatura o de tipo de ejercicio, tu cerebro se mantiene más fresco y la concentración mejora, algo especialmente útil cuando el temario es largo.
Estrategias de comprensión, memoria y repaso efectivo

Para que el estudio sea realmente eficaz no basta con leer varias veces. Es importante trabajar la comprensión y la memoria de forma activa. Un recurso muy útil es intentar explicar con tus propias palabras lo que has entendido, como si se lo contaras a un compañero. Si eres capaz de hacerlo sin mirar los apuntes, es una señal de que has asimilado el contenido.
Puede ayudarte descubrir cuál es tu canal de aprendizaje dominante. Hay personas más visuales, a las que les van bien los esquemas, mapas conceptuales y dibujos; otras son auditivas, y les funciona leer en voz alta, grabarse y escucharse; y otras son más kinestésicas, y aprenden mejor cuando asocian lo que estudian a gestos, movimientos o sensaciones. Adaptar tus técnicas a tu canal principal hace que memorices más rápido.
También resultan muy prácticos recursos como las flashcards o tarjetas tipo Anki para repasar definiciones, conceptos o fórmulas. El sistema de pregunta-respuesta obliga a recuperar la información de memoria y fortalece el aprendizaje a largo plazo, especialmente si lo combinas con un calendario de repaso espaciado.
El repaso no debería dejarse para los días previos al examen. Lo ideal es reservar al menos un día a la semana para revisar los temas ya vistos. Al principio necesitarás más tiempo por tema, pero a medida que avance el curso bastarán repasos más breves. Así evitas olvidar lo estudiado y llegas al examen con la materia «fresca».
Además, dedicar unos minutos al final de cada jornada a releer y ordenar los apuntes, completar lagunas y pasarlos a limpio si es necesario, convierte esa tarea en un repaso suave que mejora tanto la comprensión lectora como la memoria. Aunque pueda dar pereza, tener unos buenos apuntes es una de las mejores inversiones de tiempo que puedes hacer.
Cómo manejar el estrés, la procrastinación y las épocas de exámenes

En los momentos de más carga de trabajo y exámenes es fácil caer en el estrés y en la procrastinación. Para reducir el agobio, son muy útiles las técnicas de relajación y respiración, como la respiración diafragmática: inspirar profundamente por la nariz, llevando el aire al abdomen, y exhalar de forma lenta. Practicar estos ejercicios unos minutos antes de estudiar o de un examen ayuda a calmar la mente.
Otra recomendación para quien se distrae con facilidad es estudiar con música suave, como clásica o chill out, a un volumen bajo. Para algunas personas, un fondo sonoro tranquilo hace que los estímulos externos les afecten menos y pueden concentrarse mejor en el temario.
En cuanto a la procrastinación, conviene preguntarse por qué se aplaza una tarea. A veces se debe a que la asignatura resulta muy difícil o poco motivadora. En esos casos, puede ayudar combinar tareas más agradables con otras que cuestan más, empezar por algo sencillo para «entrar en calor» o estudiar acompañado de alguien responsable para mantener el compromiso.
Durante los periodos de exámenes, es importante preparar las cosas con antelación. Revisar los apuntes al final de cada día de clase, marcar en un calendario todas las fechas clave y establecer pequeños objetivos semanales permite repartir el esfuerzo. Evitar sesiones de más de dos horas seguidas sin descanso y respetar las horas de sueño hace que el rendimiento sea mucho mayor.
Si a pesar de todo ves que una asignatura se resiste o que no eres capaz de organizarte solo, pedir ayuda a profesores, tutores, compañeros o clases particulares es una opción muy válida. Avanzar acompañado, recibir explicaciones diferentes y contar con alguien que te marque un ritmo puede ser el empujón que necesitas para aprobar esa materia que más se complica.
Con estas ideas claras —un objetivo realista de aprobar todas las asignaturas, una buena planificación, técnicas de estudio adaptadas a ti y estrategias para controlar el estrés— el camino para sacar mejores notas y, si quieres, acercarte a ser el mejor de la clase se vuelve mucho más accesible y menos intimidante.