hábitos, ciencia y estrategias para rendir más
Uno de los grandes problemas de los estudiantes es el hecho de tener malos hábitos de estudio. Una de las costumbres más frecuentes en la etapa universitaria es la de pasar la noche en vela, abusar del café y estudiar hasta el último momento cometiendo ese gran error de dejarlo todo para el final. Un estudio elaborado por la Universidad de California en Los Ángeles incide en la importancia de descansar de forma adecuada en la noche previa a un examen para mantener la normalidad cotidiana.
Pero también conviene entender que la mente necesita reposar los conocimientos; por ello, muchos expertos señalan que el cerebro consolida lo aprendido mientras dormimos. La falta de descanso es uno de los mayores riesgos a la hora de llegar agotado a un examen y olvidar datos importantes. Un examen supone un esfuerzo extra, por ello es vital llegar descansado: si ya vas cansado, disminuye tu predisposición para rendir bien.
No sólo necesitas haber descansado ocho horas por la noche, también es indispensable apostar por una buena alimentación. Por otra parte, cuando el cerebro está cansado trabaja con menor rendimiento que cuando como estudiante comienzas a preparar con tiempo suficiente un examen. No dejes los preparativos para el último momento porque luego el tiempo se vuelve en tu contra con la sensación de ir contrarreloj.
Descanso previo y rendimiento académico
La noche anterior al examen debe priorizar el sueño de calidad frente a las horas extra de estudio. Dos indicadores sencillos de una buena noche son no necesitar café al despertar y no volverte a dormir nada más levantarte. Si necesitas repasar, haz un repaso ligero y evita tareas cognitivamente demandantes que te desvelen.
En cuanto a horarios, muchos estudiantes rinden mejor si ubican la sesión principal de estudio en la primera hora de la tarde (aprox. 16-17 h), cuando aún hay luz y han pasado horas desde la comida. Estudiar a última hora de la noche retrasa el sueño y reduce la calidad de la consolidación.
Crear un hábito de descanso lleva constancia: formar rutinas suele requerir de unas semanas a meses (en promedio alrededor de dos meses, con gran variabilidad). La regularidad en hora de acostarse y levantarse es una de las palancas más potentes.

Cómo el sueño potencia el aprendizaje
Aunque la consciencia se apaga, el cerebro sigue activo y despliega procesos que mejoran la memoria y la atención al día siguiente. Durante el sueño de ondas lentas (no REM, profundo) se refuerzan sinapsis y se generan espinas dendríticas, clave para asentar lo aprendido.
Además, el cerebro reactiva patrones neuronales de lo estudiado en vigilia, como si hiciera un repaso automático e inconsciente. Esta reactivación facilita que la información pase de la memoria a corto a la de largo plazo.
El sueño REM, por su parte, resulta crítico para la memoria procedimental (habilidades motoras y de “cómo hacer”) y contribuye a la creatividad al favorecer la integración de ideas recientes con conocimientos previos.
Gracias a este encadenamiento de fases (SWS y REM), dormir bien no sólo ayuda a recordar más, también a entender mejor, resolver problemas y tener mejores “insights” al día siguiente.

Factores que perjudican el sueño
Dispositivos electrónicos y videojuegos
El uso nocturno de pantallas y videojuegos incrementa la alerta y excita emocionalmente, dificultando el inicio del sueño. La luz azul emitida por móviles y tabletas inhibe la melatonina y altera el ritmo circadiano, empeorando tanto cantidad como calidad del descanso.
Bebidas cafeínicas
La cafeína tiene una vida media de varias horas; tomada por la tarde puede seguir activa al acostarte, fragmentando el sueño. Un consumo habitual incrementa la tolerancia y reduce la función atencional si no se incrementa la dosis. En menores, su uso se asocia a dormir menos minutos por noche y a mayor dependencia; muchas bebidas además añaden azúcar, lo que empeora el panorama.
Recomendaciones prácticas de estudio y descanso
- Planifica con antelación y evita empollar de madrugada; si estudias tarde, limita a repaso suave.
- Horarios regulares: acostarte y levantarte a la misma hora (incluidos fines de semana).
- Siestas breves (10-25 minutos) y nunca a última hora de la tarde.
- Ambiente del dormitorio: oscuridad, silencio, buena ventilación y temperatura fresca.
- Cena ligera y sin cafeína; evita beber muchos líquidos en las 2 horas previas.
- Ejercicio regular pero finalízalo al menos 3 horas antes de dormir.
- Pantallas fuera una hora antes; establece un ritual relajante (lectura, respiración, estiramientos suaves).
- Si no concilias en 20 minutos, levántate y realiza una actividad tranquila con luz tenue.

Técnicas de relajación y apoyos útiles
Las prácticas de respiración y meditación regulan el sistema nervioso y reducen el cortisol. Prueba 4-7-8 (inspirar 4 s, mantener 7 s, exhalar 8 s) o coherencia cardíaca (5 s entrar, 5 s salir, 5 minutos). También ayudan la música suave y los ruidos blancos para enmascarar sonidos.
Si te apoyas en tecnología, existen aplicaciones de meditación y de sonidos relajantes (por ejemplo, opciones populares de mindfulness y generadores de sonido) que facilitan la rutina nocturna sin necesidad de usarlas en la cama.
Cuánto dormir y cuándo consultar
Las necesidades varían según edad y contexto: en adultos suele bastar con 7-8 horas, adolescentes 8-10 y niños pequeños 10-12. Importa tanto la cantidad como la calidad. Señales de alerta: tardar más de 30 minutos en conciliar, despertares prolongados o despertarte mucho antes sin poder volver a dormir. El estrés, la ansiedad o hábitos inadecuados suelen estar implicados; si persisten, conviene consultar.
Además, los ritmos circadianos de la adolescencia tienden a retrasarse, de modo que acostarse tarde y levantarse muy temprano puede mermar notablemente la atención y la memoria en clase. Ajustar horarios y hábitos ayuda a proteger el rendimiento.
Más información – Claves para aumentar la memoria ante los exámenes
Fuente – Creadess.
Priorizar un sueño reparador, reducir pantallas y cafeína, y estudiar con planificación convierte el descanso en tu mejor aliado: te permite recordar más, pensar mejor y presentarte a los exámenes con energía y claridad mental.