Se mueren los que los que saben y ¿ahora qué?
¿Por qué digo que se mueren los que saben? Ese trencadís que tanto gozo te dió hacer y tantos «likes» te proporcionó en su momento, un día, años más tarde, entras en tu casa tras pasar 15 días fuera y te sobra. Te recuerda a alguien que fuiste y ya no eres. Una casa demasiado personalizada es complicada de adaptar a los cambios que trae la vida: nuevas parejas, hijos que llegan o hijos que se marchan. Y es invendible.
Stewart Brandt en su «How buildings learn» apuesta por edificios neutros, flexibles, modulares, ampliables, reducibles. Los edificios que consiguen escapar de la ocurrencia del momento y de la necesidad del propietario de sentirse especial y valorado a través de la materialidad de sus caprichos, son los que al final acaban durando siglos.
La legitimidad del poderoso
Cómo deberíamos imaginarnos una reunión en la que alguien propone utilizar parapentes a motor con tipos armados para cruzar una frontera y atacar un país? Yo digo que sacaron la idea de una peli de Mad Max. Pero aparecería en una reunión, con orden del día y moderador. Con turno de palabra. Se debatiría junto a otras muchas (que sería para verlas) y se votaría y se aprobaría. Se organizarían grupos de trabajo a los que se asignarían tareas.
Y si bien los hechos del 7 de Octubre tuvieron una parte de masacre de civiles que sólo cabe definir como terrorismo y condenar, también enfrentaron objetivos militares en un ataque valiente, bien organizado y, a la vista está, exitoso. Hace ya varias décadas que Frantz Fanon hablaba de cómo la violencia es la herramienta que le queda al colonizado para recuperar la autoestima en un ambiente de opresión y humillación. La otra violencia, la del poderoso que machaca al débil sin piedad ni humanidad, no hace sino embrutecer al opresor, privarle de legitimidad moral y quitarle apoyos dentro y fuera.
Tambien se van los que saben hacer algo
Hace años nos advertían del peligro que suponía que se fueran muriendo los que sabían hacer de todo sin tener un relevo. Esa generación de gente que sabían cultivar, pastorear, hacer una casa de tierra, un mango de azada con una rama, coser una falda con tela, cardar lana y convertirla en un jersey, injertar un peral o elaborar un queso.
Veinte años después el miedo ahora es que también se empiezan a ir los que saben hacer algo. Los carpinteros, fontaneros, ebanistas, constructores artesanos, ceramistas. Estamos vendidos. Es cierto que ser autónomo en este país supone un coste en lo personal y en lo familiar difícilmente asumible. Pero sólo los autónomos crean tejido social, dan empleo de calidad, gestionan localmente las materias primas y las herramientas, hablan de tú a tú con el cliente, con el alcalde. Es el pequeño taller el que repara y personaliza. Necesitamos al que es diestro en lo suyo y crea riqueza sirviendo a su comunidad, dependiendo mucho menos de las líneas de suministro. Y necesitamos que tengan un relevo para contar con alguna opción de salir adelante en un mundo donde la energía disponible será cada vez menor y la economía por fuerza más local.
¿Que nos salvará ?
En 20 años hemos pasado de la fascinación por los escritos de Jared Diamond o Yuval Harari a los de David Graeber o Jeremy Lent. Si entonces descubríamos verdades escondidas, ahora conocemos realidades mucho más matizadas y ricas. El valor de la diversidad en todo lo humano y el avance de las ideas y de la comprensión del mundo como el mayor tesoro de la Humanidad. Desde la evolución en filosofía, como nos explica Lent, a los avances en ingeniería («Cathedral, Forge and Waterwheel» de Frances & Joseph Gies es una lección magistral, como lo son los videos de Isaac Moreno sobre ingeniería romana) o en matemática (como en «a History of Pi», de Petr Beckmann). En un mundo post-Colapso no nos salvará un montón de latas de atún enterradas por algún «prepper», sino un cuaderno con fórmulas matemáticas.
A modo de despedida
De todos modos, con Colapso o sin Colapso necesitamos, como el agua, espacios de intercambio de información y de debate. Espacios reales o virtuales donde cuestionar el modelo de vida y de sociedad que nos viene dado como si fuera incuestionable sin serlo y donde proponer alternativas. Unas provenientes del intercambio entre culturas, otras fruto de la innovación y el ingenio (spoiler: como en todo proceso, 9 de cada diez no tienen recorrido, pero por esa 1 que queda y se añade al acervo cultural común, vale la pena).
Esta revista en papel ha sido un foro destacado donde, durante 20 años se han compartido ideas y análisis. Evaluado casos reales y comparado materiales y soluciones en sesudas tablas de datos. Ha sido un privilegio para mí haber podido formar parte de ésto y espero que en la nueva etapa, más inmaterial, siga siendo la fuente de inspiración que ha sido en este tiempo y siga dando mucho que pensar.
Artículo publicado en el número 80 de la revista EcoHabitar en invierno de 2024
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