Restaurar una barraca con técnicas tradicionales
La barraca valenciana, una de las construcciones vernáculas -no abovedadas- con menor empleo de madera estructural, para la generación de un mayor volumen interior.
Hace solo 150 años, las barracas valencianas tradicionales se contaban a decenas de miles, no solo en la Albufera y su entorno, también en la huerta que rodea la ciudad de Valencia y en sus barrios marítimos -entre ellos, El Cabanyal-, y en los asentamientos costeros desde la provincia de Castellón hasta la provincia de Alicante.
Esta barraca, que podía constituir tanto una vivienda como un almacén o cuadra para animales, se caracterizaba por su planta rectangular y su cubierta vegetal, apuntada, de dos aguas.
A partir de estos rasgos comunes, existían múltiples variantes a tenor de: su tamaño; su forma de agrupación; la construcción de sus muros: adobe, entramado, muro de tierra conformado a mano (pared de mano o cob) o hasta muro de mampostería de piedra; la estructura de cubierta; la impermeabilización vegetal de la cubierta (generalmente barrón –Ammophila arenaria-, aunque también se empleaba la mansiega –Carex flaca– para edificios auxiliares), y la eventual existencia de un ábside o culata en un extremo y su distribución interior.
Arquitectura vernácula
Como toda la arquitectura vernácula, la barraca extraía los materiales de construcción de su entorno inmediato y los ponía en obra sin apenas transformación, con una configuración que optimizaba su funcionalidad.
La ventilación cruzada entre los accesos y ventanas de planta baja y ventanucos de los hastiales, la generosa altura, el aislamiento térmico transpirable, proporcionado por la cubierta vegetal, y la regulación termohigrométrica de los muros construidos o enlucidos con tierra garantizaban un comportamiento bioclimático.
Las barracas estaban frescas en verano y razonablemente protegidas del frío en invierno cuando, eventualmente, se introducían brasas en un hogar sobre el pavimento para mantener la comida caliente o calentarse con las ascuas, dado que las chimeneas internas se introdujeron únicamente en el siglo XX.

Menor empleo de madera estructural
Se trata, sin duda, de una de las construcciones vernáculas -no abovedadas- con menor empleo de madera estructural para la generación de un mayor volumen interior. En efecto, las escuadrías mínimas utilizadas se compensan con la introducción de hasta dos nudillos entre los pares, tirantes que servían simultáneamente de viguetas para el altillo interior, tornapuntas laterales y vientos para atirantar los hastiales, normalmente construidos con encañizados enlucidos de barro. Además, las barracas con culata, muy características de la isla de El Palmar en la Albufera, se disponían con este ábside hacia el viento dominante (hacia el este en las barracas del sector oriental, para soportar los envites de la brisa cargada de la humedad del mar y hacia el oeste en las barracas del sector occidental, para frenar el mayor empuje del aire seco de poniente).
A pesar de todas estas ventajas y del hecho de que la barraca se considera desde hace un centenar de años un símbolo e icono de Valencia en particular, en la actualidad apenas se cuenta con la existencia de unas 30 o 40 barracas remanentes en el entorno de esta ciudad.
Una de las barracas más antiguas
Entre ellas, la barraca de los Aranda es probablemente la barraca más antigua, con varios indicios que apuntan a su construcción a finales del siglo XVIII; con vigas talladas con achuela con marcas de ganchero y carpintería con bisagras de forja con forma de lengüeta.
Son significativos también sus muros de adobe coronados con una generosa hilada de tierra conformada a mano, único ejemplo conservado remanente de esta técnica más allá de las noticias escritas.
Conserva además su distribución interior con paredes encañizadas, enlucidas de barro y encaladas y trazas de una antigua culata en el extremo este, que fue cercenada con un hastial plano durante la primera mitad del siglo XX, cuando se urbanizaron las calles de El Palmar.
Goya en El Palmar
Es probable que, el pintor Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828) habitara esta barraca, o en una de ellas, durante los meses de verano de 1790 que estuvo viviendo en El Palmar, atraído por su afición cinegética y aprovechando un encargo que había tenido para realizar una pintura en la Catedral de Valencia. Goya describió el entorno de la Albufera y la barraca donde residía de la siguiente forma:
“No te imaginas, queridito Martín como la niebla difumina aquí el horizonte, juntando el cielo y el agua y agrandando el lago, como en los tiempos en que bañaba la ciudad, según dicen. Vivo aquí en una barraca con techo de caña y culata, que así llaman a la parte de atrás, que es redonda. Ya me puedes envidiar, que cazo todo el día. Si quiero conejos, tiro al monte de la Dehesa, que es muy poblado de pinos y espárragos; si quiero aves acuáticas, pido una barca y tiro al lago. Algo de nombre he cobrado entre los tiradores del lugar, que nada saben de mis pinturas y más me consideran cazador de nacimiento. Luego de la caza viene el almuerzo. A la Pepa y a mí nos dan un guiso de rata con arroz y un plato de anguila que te mataría de gusto; también hay una gamba muy buena criada en el lago. Sería el Paraíso, si no fuera por los mosquitos que, a su vez, nos comen”1.
Esta carta ofrece interesantes datos sobre el entorno natural y la arquitectura. Los pinos citados de la Dehesa de El Saler no estuvieron disponibles para la explotación y la construcción hasta 1911, puesto que eran de propiedad de la familia real. Esto explica las marcas de transporte fluvial de los gancheros en la madera empleada en la barraca de los Aranda.
Goya nombra asimismo otras especies de la flora local como las cañas del tablero de cubierta (Phragmites australis), los espárragos silvestres (Asparagus acutifolius) y el arroz (Oryza sativa). El pintor es mucho más explícito en cuanto a la fauna, todavía presente en la laguna y/o en la gastronomía local: las aves acuáticas, los mosquitos, el conejo (Oryctolagus cuniculus), la rata de agua (Arvicola sapidus), la anguila (Anguilla anguilla) y la gamba de agua dulce (Dugastella valentina).
La restauración
La restauración de la barraca, singular por sus 250 años de antigüedad, su condición de testigo de la visita de Goya y su índole de especie arquitectónica casi extinta a pesar de su ejemplaridad como construcción bioclimática incontrovertida, era un reto en sí misma.
Se trataba de demostrar que no solo se puede restaurar a estándares contemporáneos una construcción de tierra y cubierta vegetal con materiales y técnicas tradicionales minimizando la traza de carbono, también puede ser convertida en un edificio de uso público con todas las complejas implicaciones de cumplimiento de la normativa actual. Indirectamente, esta restauración pretendía, igualmente, sancionar la bondad de construir arquitectura contemporánea de nueva planta de la misma guisa.
Además, la intervención de restauración poseía el dramatismo añadido de un estado previo con un intenso ataque de termitas que había consumido o quebrado muchos elementos resistentes y unos muros laterales al borde del colapso por el empuje libre de los pares de cubierta sin tirantes de contención.

Estudios previos
Un levantamiento métrico evidenció, aún más si cabe, la peligrosa inclinación de hasta 75º en los muros laterales, la flexión de los pares y el vencimiento de la hilera del colmo y la apertura de la cumbrera, por donde entraba agua a voluntad, mojando la estructura de madera.
El estudio previo realizado en la barraca incluyó un estudio pormenorizado del estado de conservación de la madera, una termografía para detectar las zonas de mayor entrada de humedad, catas arqueológicas en el subsuelo, una estratigrafía para comprender las diversas intervenciones de transformación de la barraca, una caracterización de los materiales, un test de resistencia de los adobes existentes en el muro, un mapeado de los materiales empleados y su degradación física y un análisis del funcionamiento estructural del edificio hasta la fecha.
Previamente a la obra, los adobes nuevos que servirían de refuerzo para los muros, fabricados con tierra local mezclada con paja de arroz, fueron testados en un laboratorio para determinar y certificar su resistencia característica. Igualmente, el carrizo (Phragmites australis) del tablero de cubierta, las cañas (Arundo donax) que sirven de refuerzo de dicho tablero que discurren paralelos a los pares y también conforman con un rehenchido de yeso el altillo de la barraca, y el barrón (Ammophila arenaria) que impermeabiliza la cubierta, fueron cortadas en el tiempo adecuado del año o seleccionadas cuidadosamente para garantizar su durabilidad.
Muros
La inclinación de los muros laterales se solventó con el trasdosado exterior con dos muros de adobe similares a los existentes recibidos con mortero de barro enriquecido con cal. Ambos muros, el antiguo desplomado y el nuevo, se conectaron entre sí con cañas (Arundo donax) melladas en sendos extremos en forma de arpón.
Sobre la coronación del muro realizada con tierra amasada a mano, se dispusieron sendos durmientes de madera fijados con clavijas de madera hincadas en el muro para recibir a los pares de la estructura de cubierta.

Estructura
La antigua estructura de par y nudillo de madera, muy mermada y afectada por las termitas, fue sustituida en su mayoría por pino nacional. Se reprodujeron exactamente sus escuadrías y disposición histórica, incluyendo los tirantes, el doble nudillo y los tornapuntas de arriostramiento lateral contra el viento. A este fin, y también con el objetivo de no desarbolar completamente el perfil característico de la barraca, la restauración de la cubierta se realizó en dos fases, manteniendo la mitad de la estructura de la barraca para que sirviera de ejemplo construido para las dudas que pudieran surgir.



El interior
En el interior, a modo de pavimento, se dispuso una solera bruñida y encerada de hormigón de cal y tierra en la planta baja y un alisado de yeso lijado y encerado en el altillo.
Se restauraron los antiguos tabiques encañizados enlucidos de barro y encalados, se instaló un aseo completo y una cocina de hostelería profesional para los eventos que organiza la asociación cultural, incluyendo tres grandes frigoríficos, lavaplatos, fogones y un microondas de alta gama, que se han integrado discretamente en la barraca sin provocar estridencia alguna.
El alumbrado está conformado por lámparas de yeso en las paredes, bandas de LEDs sobre los tirantes de iluminación ambiental y focos colgados del tablero de carrizo de iluminación del plano de las mesas.



Estructura y protección contra incendios
La estructura de madera se duplicó con una sobreestructura del mismo material por cuestiones de protección contra incendios.
Cada uno de los pares de cubierta va atornillado a los sobrepares a través de abundantes tarugos de madera de conexión estructural. El espacio intermedio entre ambos para mejorar el aislamiento térmico, acústico e ignífugo, se realizó en forma de tres estratos intercalados de yeso y uno de corcho natural, sin que esto afecte a la configuración interior o exterior de la barraca.
Si un incendio prendiera en el interior se podría consumir la madera vista sin que colapsara la barraca ni se transmitiera el fuego al exterior. Y viceversa, un incendio exterior no se transmitiría al interior ni consumiría la estructura interna de la barraca. Además, tras ese hipotético incendio, se podría reparar la barraca sin necesidad de desmontarla. Toda la estructura de madera, tanto las piezas antiguas remanentes como las de nueva aportación, así como la carpintería restaurada de puertas y ventanas, fue objeto de tratamiento contra las termitas.
Sobre la estructura de cubierta, se dispuso el tablero de carrizo y un primer rehenchido de yeso superior cuyas espesas rebabas se dejaron rebosar levemente entre las cañas. Sobre esta superficie se extendió una lámina transpirable de protección contra la humedad y sobre la misma, en las calles formadas por los sobrepares, un segundo rehenchido de yeso y 10 cm de placas de corcho natural hasta enrasar con su lomo superior.
Finalmente, se atornilló un entablado de junta abierta a los sobrepares a modo de arriostramiento lateral añadido contra el viento, se aplicó un tercer rehenchido de yeso y se recibieron los haces vegetales de barrón para conformar la impermeabilización de cubierta.





Conclusión
La restauración ha convocado a empresas y artesanos de la localidad o de un entorno cercano, además de algún especialista más alejado.
Entre otros oficios tradicionales, se debe señalar la participación activa del techador en la cosecha y la colocación del tablero de carrizo y la cubierta vegetal. Contó con varios ayudantes jóvenes en obra que pudieron aprender o consolidar el conocimiento del oficio para poder perpetuarlo.
El conjunto de la obra se ha realizado con materiales naturales, muchos de ellos de extracción local, resultando en una huella de carbono probablemente tan reducida como la que se trazó en el momento originario de su construcción.
Todo el proceso y la inauguración final de la restauración ha involucrado ampliamente la sociedad, ya que ha sido vivido de cerca por los habitantes de la localidad, los valencianos en general y los medios de comunicación que han multiplicado sus visitas y sus reportajes de radio, televisión, noticias en prensa y documentales.
Confiamos en que esta experiencia pueda servir de ejemplo para la recuperación de otras barracas pendientes de restauración e incluso para el fomento de este tipo de construcción ecológica y sostenible también en la arquitectura de nueva planta.
Ficha técnica
- Promotor: Club Alcatí
- Duración: Proyecto: 2018-2019; Licencia: 2019-2021 ; Obra: 2021-2023
- Coste: 203,553 €
- Coste/m2: 1,834 €/m2
Fase 1. Proyecto
- Arquitectos: Fernando Vegas López-Manzanares, Univ. Politècnica de València.
- Camilla Mileto, Universitat Politècnica de València.
- Colaboradores: M. Soledad García Sáez.
- Salvador Tomás Márquez, arquitecto técnico.
- Giorgia di Domenico, arquitecta.
- Marina Elia, arquitecta.
- Alicia Hueto Escobar, Dra. Arquitecta.
- Laura Villacampa Crespo, Dra. Arquitecta.
- Sergio Manzano Fernández, Dr. Arquitecto.
- Levantamiento: Mª Teresa Gil Piqueras, arquitecta técnica e ingeniera de materiales.
- Pablo Rodríguez Navarro, arquitecto técnico e historiador del arte.
- Anna Pérez Vila, arquitecta.
- Sergio Estruch González, arquitecto.
- Diagnosis de madera: Maria Diodato, Dr. Arquitecta.
- Termografía: Maria Diodato, Dr. Arquitecta.
- Cálculo estructural: Adolfo Alonso Durá, Dr. Arquitecto.
- Test resistencia: Francisco Javier Gómez Patrocinio, Dr. Arquitecto.
- Análisis de muestras: Laura Osete Cortina, restauradora. Mª Teresa Doménech Carbó, química.
- Estudio geotécnico: PRODEIN, Proyectos de ingeniería, S.L.
Fase 2. Obra
- Dirección de obra: Fernando Vegas López-M., Dr. Arquitecto, Univ. Politècnica València. Camilla Mileto, Dr. Arquitecto, Universitat Politècnica de València.
- Miguel Ortiz Gil, arquitecto.
- Dirección ejecución: Salvador Tomás Márquez, arquitecto técnico.
- Contratista: BTT.
- Techador: Josep Rostoll.
- Cosecha del cañizo: Enrique Aynat.
- Cosecha del carrizo: Enrique Aynat. Josep Rostoll.
- Cosecha del barrón: Josep Rostoll.
- Productor de adobes: okambuva.
- Pavimentos tierra/cal: Juan Antonio Hurtado. Cal y Barro.
- Pavimentos de yeso: Andrés Millán. Millán Plasol.
- Carpintero de armar: Juan Antonio Martínez. Forestia 360.
- Carpintero: Juan Antonio Martínez. Forestia 360.
- Tratamiento termitas: Evania.
- Consultores: Juan Donoso, carpintero.
- Beatriz Martín Peinado, Tarma SL, restauradora. José Luis Romero, Okambuva, adobe.
Bibliografía para saber más sobre las barracas tradicionales de cubierta vegetal
- Thede, M. (1933). L’albufera de València: Una descripció etnográfica. Almela i vives, F. (1930). The «barracas» (cottages) of Valencia. Madrid: Patronato Nacional del Turismo.
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- L’ Escrivà, J. (1976). Les nostres barraques. Valencia: Imprenta Fermar
- Michavila, A. (1918). La barraca valenciana: monografía geográfica. Imprenta del Patronato de huérfanos de intendencia e intervención militares.
- Peñarroya, J. M. (1992). De las casas de palos y ramas: arquitectura tradicional de cubierta vegetal en España. Antiquitas, (3), 80-89.
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- Soldevila Iniesta, F. (2001). La barraca murciana. Cangilón. Revista etnográfica del museo de la huerta de Murcia, (22), 37-51.
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