Replanteando el cuidado de la salud » Enrique Dans
Mi columna en Invertia de esta semana se titula «El cuidado de la salud y las métricas deficientes» (pdf), intenta crear conciencia sobre un problema importante en el planteamiento habitual del cuidado de la salud: la inconsistencia de muchas de las métricas utilizadas habitualmente en el diagnóstico.
Parámetros utilizados habitualmente como elementos diagnósticos están probando cada vez más sus problemas: el último es la presión arterial, una de las medidas más habituales, que prueba ser completamente arbitraria en función de muchísimos elementos, desde el estado del paciente hasta su dieta el día anterior, pasando por simples errores de lectura o de sesgo de quien toma la medida. En muchos casos, esos errores dan lugar a malas decisiones en los tratamientos administrados, simplemente porque la métrica era errónea. La única solución razonable, además de promediar varias lecturas para intentar reducir o, cuando menos, acotar un poco el error, es la medición habitual mediante dispositivos sencillos, idealmente wearables.
Exactamente lo mismo ocurre, por ejemplo, con la mayoría de las mediciones de parámetros de la salud coronaria: un electrocardiograma es solo una imagen instantánea de un momento en el tiempo, las métricas habituales con dispositivos sencillos resultan mucho más fiables. El uso habitual del holter prueba la evidente desconfianza de los facultativos ante las métricas instantáneas, pero aún así, es utilizado de manera muy poco habitual. Otras métricas, como las analíticas de sangre, son igualmente imprecisas: si quieres tener una métrica de colesterol razonable, come fruta el día anterior. Los efectos de utilizar medidas puntuales son evidentes, y en muchos casos generan diagnósticos erróneos.
En general el planteamiento sistémico de la salud, combinado con malas métricas, termina generando situaciones indeseables como personas de edad avanzada tomando auténticos cócteles Molotov de medicinas imposibles de recordar si no es con enormes pastilleros, con problemas de adherencia al tratamiento o de confusiones, y con un efecto posiblemente subóptimo sobre la salud del paciente.
En su lugar, el planteamiento razonable es buscar una monitorización lo más habitual posible mediante dispositivos y prácticas que permitan alimentar algoritmos que mantengan un control de la salud en términos continuos. Obviamente, es fundamental trabajar en la confidencialidad de esos datos de una forma que posibilite su uso en investigación y evite fugas de una información obviamente sensible para otros propósitos, pero solventada esa limitación, hablamos de algo que podría llevar a la investigación médica a una nueva frontera. Hablamos, por un lado, de una reducción palpable en el sufrimiento, morbilidad y mortalidad del paciente y, por otro, de una reducción en los costes derivada de diagnósticos más tempranos.
La monitorización habitual es la nueva frontera de la medicina. Ahora solo queda que los organismos encargados de gestionar la atención médica se den cuenta de ello y empiecen a moverse en esa dirección.
This article is also available in English on my Medium page, «Why aren’t algorithms being used to improve health care?»
