Regular el carbono en la construcción (1)

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El informe alerta que se precisa una acción climática urgente para mantenernos en los límites seguros de calentamiento por debajo de 1,5 grados establecidos en el Acuerdo de París (2015) y garantizar un futuro habitable en nuestro planeta.

Según la Agencia Internacional de la Energía (IAE), el sector de la construcción es responsable del 39% de las emisiones de CO2 y se espera que, debido al crecimiento de la población mundial, la demanda de construcción de edificios e infraestructuras siga aumentando en las próximas décadas, lo que supondrá incrementar aún más las emisiones del sector.

El 11% de las emisiones globales de carbono

Del 39% de emisiones globales que representa el sector de la construcción, la mayor parte (el 28% del total) corresponde al carbono operativo emitido durante la fase de uso de un edificio, derivado del consumo energético. 

Sin embargo, a medida que avanzan las normativas en eficiencia y se implementan políticas de rehabilitación energética, este impacto se está reduciendo, especialmente en lo que respecta a nuevas construcciones.

Pero, en el momento en que se reduce el impacto del carbono operacional, empieza a cobrar mayor relevancia la proporción de carbono embebido -también denominado carbono incorporado- que corresponde, principalmente, a las fases de producción y puesta en obra de los materiales de construcción de un edificio y que actualmente representa el 11% de las emisiones a nivel global.

Y es que más allá de la energía, el ciclo de vida de nuestros edificios supone el consumo de recursos planetarios finitos y la emisión de gases de efecto invernadero derivada de los procesos de extracción y transformación de los materiales de construcción.

Si bien no hay estudios determinantes acerca de la proporción que representa el carbono operativo en relación al carbono embebido en el ciclo de vida de un edificio, un informe elaborado por el World Green Building Council y la consultoría Arup en el año 2021, situaba la relación entre el carbono operativo y el carbono embebido para un edificio medio de nueva construcción en torno al 50%.

Estado de la regulación del carbono en Europa

La Unión Europea asumió el compromiso de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 55% para el año 2030, en comparación con los niveles de 1990. Este objetivo se estableció en el marco del Acuerdo de París y fue ratificado mediante la Ley Europea del Clima, aprobada en abril de 2021.

Además de este compromiso general, la Unión Europea ha establecido objetivos específicos para el sector de la construcción y en este sentido, el pasado mes de marzo de 2023, el Parlamento Europeo aprobó el borrador de la última actualización de la Directiva de Eficiencia Energética de Edificios (EPBD), en la que por primera vez se aborda la descarbonización del sector de la construcción, más allá de la regulación de la eficiencia energética.

La nueva directiva establece que todos los edificios de nueva construcción deberán presentar una declaración de emisiones de carbono a lo largo de todo el ciclo de vida dentro del marco LEVEL(s) . Esta obligación se pondrá en marcha en 2027 para edificios públicos y en 2030 para el resto de construcciones.

Es decir, además de limitar el consumo energético de los edificios debiendo declarar la demanda energética en kWh/m2/año, a partir de 2030, deberemos indicar los kg de CO2 por m2 derivados del proceso de construcción o rehabilitación de un edificio.

Emisiones globales de CO2 que muestran la participación del entorno construido en las emisiones.

El sector de la construcción llega tarde

Pero, aunque esto es una buena noticia en la lucha contra el cambio climático y la descarbonización del sector, no hace falta ser muy avispado para darse cuenta de que si en Europa nos hemos comprometido a reducir un 55% las emisiones para 2030 y no vamos a empezar a contabilizarlas hasta ese mismo año, no cabe duda de que en el sector de la construcción llegaremos tarde.

Un estudio recientemente realizado por la consultoría Ramboll junto a la Universidad de Aalborgen Dinamarca, destacaba que para cumplir con el presupuesto de carbono disponible en el sector de la construcción y mantenernos por debajo del límite de 1,5 grados de calentamiento, deberíamos iniciar una drástica y urgente regulación del carbono incorporado en nuestros edificios en el periodo 2020 a 2030. 

Asumiendo que esta regulación llegaría tarde y sería poco ambiciosa se preveían dos escenarios, el primero tiene en cuenta un crecimiento rentable para la industria, pero iniciando una reducción ambiciosa de emisiones, y el segundo, denominado escenario de acción retardada, tiene en cuenta las previsiones actuales de emisiones según compromisos adquiridos por la industria y conduce a la emisión de una gran cantidad de CO2 adicional, lo que nos situaría muy por encima de los márgenes de seguridad establecidos en el Acuerdo de París.

Países europeos que han tomado la iniciativa

De esto se han dado cuenta varios países de la Unión Europea que se han adelantado a la directiva y que llevan muchos años preparando regulaciones de cómputo y limitación de emisiones de CO2 en la construcción.

Francia, Dinamarca y Países Bajos disponen de regulaciones vigentes de cómputo y limitación de CO2. En estos países, para obtener una licencia de construcción, es necesario presentar una declaración de emisiones de carbono a lo largo del ciclo de vida del edificio y si se superan los baremos establecidos no se obtiene el permiso de construcción.

También Finlandia dispone de un borrador de regulación que entrará en vigor entre 2023 y 2024, y Suecia tiene ya implementada la obligatoriedad de cómputo, por el momento sin limitaciones. 

Por último, varios países se encuentran en fases avanzadas de regulación, como son Alemania o Reino Unido, ambos en fases de definición de normativa y con baremos de cómputo de carbono. 

Legislación en E.U.

¿Qué es el carbono embebido?  

El carbono embebido o carbono incorporado hace referencia a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) asociadas a los procesos de extracción, fabricación, transporte, puesta en obra, rehabilitación, mantenimiento durante la vida útil y desmantelamiento al final del ciclo de vida de un edificio.

Así pues, el carbono embebido se diferencia del carbono operativo, en que este último se refiere a las emisiones asociadas a la energía utilizada durante la fase de uso de un edificio (calefacción, refrigeración, calentar agua, cocina, iluminación y equipamientos). 

Las emisiones de carbono embebido se miden en kilogramos de dióxido de carbono (CO2) equivalente (e), dado que el CO2 es el GEI más frecuente en la atmósfera: la unidad se expresa en la forma kgCO2e y se computa en relación a cada m2 construido.

La mayor parte del carbono embebido se libera en un espacio de tiempo relativamente corto antes de que se ocupe el edificio. Existen variaciones en el cómputo según la tipología de edificio y la ocupación, pero en general los elementos que tienen mayor repercusión en el cómputo total de carbono embebido corresponden a la cimentación y estructura, ya que suponen el consumo de grandes cantidades de materiales de construcción no descarbonizados como el hormigón y el acero.

Fuente: Net-zero buildings. Where do we stand? Arup + WGBC (2021) (gráfico de presentación de Martin Rock).


¿De cuánto estamos hablando?

Para regular el carbono en el sector de la construcción, estos países han seguido hojas de ruta que, en muchos casos, parten de regulaciones estatales con más de 10 o 15 años de trayectoria y que se han basado en recogidas sistemáticas de datos de las emisiones en edificios de nueva construcción. Con fases experimentales, más o menos dilatadas, de entre 2 y 15 años de duración.

Estas hojas de ruta están basadas en dos datos clave:

  • En primer lugar, es necesario conocer el presupuesto de carbono disponible para mantener el calentamiento por debajo de 1,5 grados. Este presupuesto se obtiene en función del impacto del sector en el global de las emisiones, en relación a la repercusión sobre el total de la población de un país. 
  • Una vez disponemos del presupuesto de carbono disponible hasta 2050, necesitamos saber cuánto carbono emite la construcción de un edificio por m2. Esta será la línea base de emisiones, a partir de la cual se limitan las emisiones del sector para reducirlas de acuerdo a los objetivos de reducción de emisiones establecidos por las Naciones Unidas. En el caso de Europa, al menos un 55% para 2030, llegando a cero en 2050. 

Actualmente, y según el estudio realizado por la consultoría Ramboll junto a la Universidad de Aalborg, un edificio medio se sitúa en una línea base de emisiones de entre 600 y 700 kgCO2e/m2.

En los países con regulaciones en marcha, se suele partir de medias de referencia. Es decir, a partir de la implementación de la regulación, nadie puede superar la media de emisiones, que se revisan cada dos años a la baja con el fin de alcanzar reducciones de entre el 30 y el 60% en 2030.

¿Qué opciones tenemos?

A medida que vamos mejorando la eficiencia energética de nuestros edificios, especialmente en aquellos de nueva construcción, el groso de las emisiones se desvían hacia la producción de materiales de construcción. ¿Cuáles son las estrategias a seguir para reducir la huella ecológica de estos materiales?

Economía circular

Lo hecho, hecho está. ¿Cómo podemos aprovechar el carbono que ya han emitido o que contienen los materiales de construcción en circulación? Esto es la economía circular, entender los edificios como bancos de materiales de alto valor que pueden ser recuperados y reutilizados al final de su vida útil. Para ello será clave la implementación del pasaporte de materiales, un certificado digital de cada elemento de un edificio que recoja su uso actual y las opciones de reutilización en su desmantelamiento. 

Efectos de la acción demorada en el desarrollo de un marco de rendimiento de carbono incorporado

Promover el uso de biomateriales

Los biomateriales son aquellos de bajo impacto sobre el medioambiente y sobre las personas, de origen local, que provienen de fuentes de extracción responsable o altamente abundantes y que pueden ser recuperados, reutilizados o bien devueltos a la tierra al final de su vida útil.
En nuestro país ya disponemos de varias industrias altamente tecnificadas de producción de estructuras de madera con las que se construyen edificios en altura. Varias instituciones públicas ya están requiriendo la utilización de este material para la ejecución de estructuras, y también se está empezando a promover, a gran escala, la construcción con bloque de tierra y la utilización de cal o aislamientos vegetales como el corcho, la fibra de madera o la celulosa, entre otros.

Reducción de la huella de carbono de la industria de materiales fósiles

El hormigón, el acero y los plásticos son materiales que llevan en la historia de la construcción poco más de 100 años (los primeros edificios de hormigón y acero se construyeron a finales del siglo XIX) y tienen una huella de carbono muy elevada -1 kg de cemento emite, aproximadamente, 1 kg de CO2-.
Estas industrias han iniciado la elaboración de hojas de ruta para la descarbonización, sin embargo, se trata de hojas de ruta con compromisos poco firmes que no están alineados con los objetivos de descarbonización del Acuerdo de París, que confían en tecnologías de captura de carbono aún por desarrollar, sin compromisos de inversión para la investigación, excesivamente optimistas en la definición de índices de recuperación y reciclado que no dependen de la propia industria, sino de la acción de gobiernos o de la optimización de diseños por parte de proyectistas.

Más allá del carbono: suficiencia de recursos

El consumo de recursos planetarios se prevé que se duplique en 2060 debido al crecimiento de la población, así como de la economía mundial y del nivel de vida, lo que agravará aún más la sobrecarga ambiental.

Es por este motivo, más allá de la eficiencia de recursos, que en su informe específico sobre el impacto de los edificios sobre el clima, el IPCC hace especial hincapié en el término: suficiencia de recursos.

La suficiencia es un nuevo paradigma de desarrollo que tiene el objetivo de mejorar el bienestar humano en un escenario de sostenibilidad y que va más allá del marco dominante de eficiencia energética, para cuestionar el comportamiento y necesidades humanas, partiendo de evitar la demanda de materiales, energía, tierra, agua y otros recursos naturales que no sean indispensables para asegurar una calidad de vida decente dentro de los límites planetarios.

Entendiendo unos estándares decentes de calidad de vida como la consecución de un refugio, nutrición, comodidades y confort básico, acceso a sistema sanitario, transporte, información, educación y espacio público, la suficiencia plantea la necesidad de consumir, de forma justa, con el espacio y los recursos disponibles del planeta.

Contar con los límites planetarios

A diferencia de la eficiencia que solo tiene en cuenta la mejora del consumo de energía y de recursos sin contar con los límites planetarios, la suficiencia plantea acciones a largo plazo como optimizar el uso de edificios, priorizar los modelos de vivienda en comunidad por delante de las viviendas unifamiliares y ajustar el tamaño de los edificios para reducir la demanda de recursos durante las fases de construcción, así como la demanda energética durante la fase de uso. 

Los desafíos

Desafío Descripción Efecto sobre los datos de ACV del edificio
Disponibilidad Existencia de datos a nivel nacional. En muchos países europeos no existe la práctica de realizar ACV o los resultados no se introducen en un repositorio central.
Accesibilidad Posibilidad de acceder a los datos existentes. Los datos del ACV pueden recogerse en un repositorio central, pero el propietario no los comparte por cuestiones de protección de datos o propiedad intelectual.
Calidad Los datos cumplen los criterios de exactitud, exhaustividad, puntualidad, validez y unicidad. Las entradas en las bases de datos nacionales varían en cuanto a exhaustividad, tienen orígenes temporales poco claros o incluyen duplicaciones.
Comparabilidad El alcance de los datos y los métodos de recopilación son comparables entre sí. El alcance de las fases del ciclo de vida, las partes del edificio o los impactos medioambientales, o los métodos de recogida de datos y cálculo de resultados difieren. Esto supone un reto especial a la hora de comparar datos entre países.
Representatividad Los datos representan bien el parque de edificios, en términos de nueva construcción. Incluso si se cumplen todos los factores anteriores, los datos pueden proceder de edificios seleccionados con un alto rendimiento medioambiental, por ejemplo cuando se prevé obtener una certificación de sostenibilidad. Esto ofrece una imagen sesgada e incompleta del carbono incorporado en los edificios nuevos. Se necesitan suficientes puntos de datos para cada tipo de edificio con el fin de poder extraer conclusiones representativas. Cuanto mayor sea la muestra, mejor será en este sentido.

Artículo publicado en la revista EcoHabitar nº 78 en verano de 2023


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