¿Qué pasó tras el cierre de USAID? Alertan aumento de violencia global

Publicado por Emprendimiento en

Durante más de seis décadas, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) representó mucho más que ayuda humanitaria. En decenas de países, sus programas sostuvieron hospitales, garantizaron acceso a agua potable, respaldaron proyectos agrícolas y financiaron iniciativas de estabilidad social. Para muchas comunidades vulnerables, su presencia era una red silenciosa de apoyo que evitaba el colapso económico y social. Sin embargo, esa estructura dejó de existir abruptamente en 2025.

La decisión de la administración de Donald Trump de cerrar USAID, tras 64 años de funcionamiento, marcó un punto de inflexión en la política internacional estadounidense. Aunque la narrativa oficial justificó el desmantelamiento bajo argumentos de eficiencia y combate al despilfarro, nuevas investigaciones sugieren que las consecuencias del cierre de USAID podrían ir mucho más allá del ámbito diplomático o presupuestario: el mundo estaría enfrentando un aumento significativo de violencia, conflictos armados e inestabilidad regional.

Consecuencias del cierre de USAID: del apoyo humanitario al vacío económico

De acuerdo con TIME, cuando John F. Kennedy creó USAID en 1961, lo hizo bajo una visión clara: demostrar que el desarrollo económico podía caminar de la mano con la democracia. Durante décadas, el organismo canalizó asistencia internacional hacia más de 60 países mediante programas de salud, seguridad alimentaria, educación y fortalecimiento comunitario.

El cierre impulsado en 2025 ocurrió en medio de los recortes promovidos por el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE). La eliminación inmediata de recursos dejó suspendidos miles de proyectos locales, afectando empleos, cadenas de suministro y programas sociales que dependían de la continuidad financiera estadounidense.

El impacto no tardó en hacerse visible. Un estudio publicado en The Lancet advirtió que la desaparición de USAID podría derivar en hasta 14 millones de muertes adicionales hacia 2030 debido a la interrupción de servicios esenciales. No obstante, un nuevo artículo publicado en Science agrega una dimensión aún más alarmante: las consecuencias del cierre de USAID también incluyen un aumento acelerado de la violencia en regiones previamente apoyadas por la agencia.

Cuando desaparece la ayuda, aumenta el riesgo de conflicto

El estudio encabezado por Austin Wright, profesor de políticas públicas de la Universidad de Chicago, analizó 870 regiones beneficiarias de USAID entre marzo de 2024 y noviembre de 2025. La investigación cruzó información sobre programas de asistencia internacional con bases de datos que documentan episodios de violencia y conflictos.

Los hallazgos revelan un patrón preocupante. En promedio, las regiones donde se suspendió la ayuda registraron un aumento del 6.5 % en la probabilidad de conflicto, comparadas con territorios similares que no dependían de ese financiamiento. Más aún, las protestas y disturbios crecieron un 10 %, mientras que los enfrentamientos armados aumentaron 6.9 %.

consecuencias del cierre de USAID

La violencia tampoco fue un episodio temporal. Los investigadores encontraron que el repunte comenzó casi de inmediato tras la suspensión de la ayuda y permaneció elevado durante meses, lo que refleja una transformación estructural del entorno social y económico de las comunidades afectadas.

Consecuencias del cierre de USAID: más violencia y conflictos más severos

El análisis no solo contabilizó incidentes violentos, sino también su gravedad. Según los investigadores, las batallas en contextos de conflicto aumentaron más del 10 %, lo que significa que no solo existen más enfrentamientos, sino que estos también son potencialmente más destructivos.

Las regiones que antes recibían mayores montos de asistencia fueron las más golpeadas. Paradójicamente, aquellos territorios donde USAID tenía mayor presencia mostraron incrementos proporcionalmente más altos de violencia tras el retiro de fondos.

Una dependencia estructural construida durante años, en la que la interrupción repentina de recursos generó un vacío económico difícil de absorber.

Para especialistas en desarrollo internacional, el hallazgo deja una lección importante: los programas de cooperación no operan únicamente como ayuda asistencial. También funcionan como mecanismos de estabilidad, prevención de conflictos y fortalecimiento institucional. En este contexto, las consecuencias del cierre de USAID parecen evidenciar el costo social de retirar apoyo sin mecanismos de transición.

El costo reputacional para Estados Unidos

El impacto no se limita a los países receptores. De acuerdo con Wright, la desaparición de USAID también afecta la posición estratégica de Estados Unidos en el mundo. La cancelación abrupta de contratos y alianzas habría debilitado relaciones diplomáticas construidas durante décadas con organizaciones civiles, gobiernos y actores locales.

Mientras Washington reduce su presencia internacional, otros actores globales han ocupado espacios de influencia. China, por ejemplo, continúa ampliando relaciones mediante su Iniciativa de la Franja y la Ruta, financiando infraestructura y fortaleciendo vínculos económicos con países históricamente aliados de Estados Unidos.

Este reacomodo geopolítico podría tener implicaciones duraderas. Para muchas organizaciones internacionales, el cierre de USAID proyectó incertidumbre y debilitó la confianza en la continuidad de los compromisos estadounidenses, una percepción que no se revierte fácilmente.

Yemen y el riesgo de nuevos focos de inseguridad

Uno de los ejemplos más sensibles es Yemen, país que recibió alrededor de 768 millones de dólares en ayuda de USAID durante 2024. El territorio, además de enfrentar una crisis humanitaria severa, es bastión de los hutíes, grupo respaldado por Irán y catalogado como organización terrorista extranjera por Estados Unidos.

La preocupación de los investigadores es que la reducción de apoyo internacional abra espacios para que grupos armados ganen mayor legitimidad o capacidad operativa. En ausencia de oportunidades económicas, servicios básicos y programas comunitarios, las poblaciones pueden volverse más vulnerables al reclutamiento o a la radicalización.

Desde esta perspectiva, las consecuencias del cierre de USAID también representan un tema de seguridad nacional para Estados Unidos, ya que la inestabilidad en otras regiones puede generar efectos indirectos que eventualmente repercutan en el equilibrio internacional.

¿Es posible reconstruir lo perdido?

Aunque un eventual cambio de administración podría intentar restablecer la agencia o crear un mecanismo similar, los especialistas advierten que la reconstrucción será compleja. Muchas oficinas locales cerraron, los centros logísticos desaparecieron y numerosas alianzas estratégicas quedaron suspendidas.

Además, el daño no es únicamente operativo. La confianza internacional, una de las principales monedas de la cooperación global, requiere años para consolidarse y puede perderse rápidamente. Reanudar programas implicaría reconstruir infraestructura, redes diplomáticas y relaciones comunitarias que tomaron décadas en fortalecerse.

Austin Wright resume el desafío con una frase contundente: revertir el impacto “no es tan sencillo como volver a encender las luces”.

El cierre de USAID dejó de ser únicamente una decisión política interna para convertirse en un caso de estudio sobre cómo la interrupción abrupta de programas de desarrollo puede alterar ecosistemas sociales completos. Más allá de cifras presupuestarias, lo ocurrido parece demostrar que la cooperación internacional también cumple una función silenciosa de prevención de violencia y estabilidad territorial.

Para quienes trabajan en responsabilidad social, sostenibilidad y desarrollo comunitario, este episodio deja una reflexión clave: retirar apoyo sin una transición estructurada puede amplificar riesgos que terminan afectando no solo a comunidades vulnerables, sino también a la seguridad y gobernanza global. En un mundo interdependiente, las decisiones locales pueden desencadenar impactos internacionales de largo alcance.

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