Pensamiento Mágico vs sentido común

Publicado por Emprendimiento en

Según cuenta, ese día es una fecha tan arbitraria como nuestros números redondos (1000, 2000, etc) y ni siquiera eso, ya que se acaba el 13r ciclo y ellos cuentan de veinte en veinte. Y lo único remotamente relacionado con los finales de ciclo eran unos rituales aztecas (no mayas). En estos rituales en los que rompían todos los cacharros de barro y se los compraban nuevos. 

Salen luego un par de astrofísicos y sin dejar de bromear cuentan como el Sol cambia de polaridad, sin romperse, cada 11 años. O sea que a excepción de los lectores más jóvenes todos hemos vivido eso. Y este año además no toca. La tierra también tiene esa mala costumbre y cambia su polaridad cada 300.000 años, o sea que la especie homo ya ha pasado por más de media docena de esos cambios y aquí estamos. Luego entre risas se meten con el planeta aquél que dicen los sumerios que viene para acá con malas intenciones (Apofis no, el otro). Para que impactara en diciembre tendría que estar ya cerca de la órbita de júpiter y si fuera tan grande como para acabar con el mundo se vería a simple vista en el cielo nocturno. Y como que no.

Pensamiento Mágico

Decía Carl Sagan en la serie «Cosmos» que lo que nos llevó a los siglos oscuros de la Edad Media no fue sólo la caída del Imperio Romano. Normalmente a la caída de un imperio sigue el nacimiento de otro. Para Sagan fue la aparición, en un momento de incertidumbre, del Pensamiento Mágico, representado en ese caso por el cristianismo. Y no salimos de la Edad Media hasta que con el Renacimiento se recuperaron los valores clásicos de la ciencia, la razón, el debate y la lógica. Calculaba que el retraso en civilización y progreso había sido de al menos 200 años y acababa el capítulo fantaseando sobre cómo podría ser hoy la vida.

Vivimos tiempos de cambio y de incertidumbre y a mí, que creo con todas mis fuerzas que desde lo alternativo estamos ofreciendo modelos válidos, se me lleva el diablo cuando veo cómo el Pensamiento Mágico se cuela en nuestras vidas. 

  • Que en un país donde casi todo el mundo ha tenido más de diez años de escolarización haya tanta gente que dé por bueno que la «revelación» es una fuente de conocimiento superior al aprendizaje. 
  • Que demos por buenas lógicas autoreferenciales y profecías autocumplidas (rezaremos para que no pase. Si pasa es que tenía que pasar, si no pasa es porque hemos rezado). 
  • Que aceptemos la consideración simplista de que hay cosas, personas, situaciones inherentemente buenas o malas más allá de toda evidencia.
  • Que nos parezca normal que haya autoproclamadas élites que monopolicen un tipo de conocimiento, y sólo lo compartan con aquellos acólitos «que están preparados»; cuando en las universidades cualquiera (matriculado o no) puede entrar en una clase y escuchar a un Premio Nobel compartir lo que sabe.
  • Que en pleno siglo XXI sigamos creyendo en la adivinación y el curanderismo. Que ahora, que por fin cotizaba a la baja la idea del dios único nos lo cambien por una miríada de diosecillos y demiurgos, que si devas que si ángeles, fantasmas, hadas o extraterrestres. 

Cambio de terminología

A mí hay dos cosas que me fascinan:

Una es el constante cambio de terminología. Cada pocos años las palabras usadas caen en lo esotérico y el ocultismo y son reemplazadas por palabras nuevas sin esa carga, que son capaces de atraer a un nuevo público.

La otra es la adopción completa del «corpus» esotérico. ¿Por qué puede uno creer en los ovnis pero no en La Atlántida? ¿En las calaveras de cristal pero no en el yeti? ¿Tienen que estar necesariamente los Templarios en todos los fregados?

Pero cabría preguntar del mismo modo, si uno puede ser de derechas y defender la escuela pública o de izquierdas y apoyar la cadena perpetua. Si puede uno llevar barba sin ser pacifista o ir en bici y comer carne.

Imagino que es la infantilización de la sociedad que nos hace a todos adolescentes que buscamos la seguridad del grupo, la pertenencia en la manada, asumiendo todos los parámetros comunes, identificándonos con actitudes, gustos, hábitos, marcas comerciales. Las voces que apelan a «la coherencia» y a la ortodoxia, son el instrumento, y hasta que no sustituyamos esa exigencia del todo o nada por la lógica difusa del «todo suma», y entendamos que un mero 10% ya es un pasito hacia adelante, no seremos capaces de traer el cambio que buscamos.

Un baño de sentido común

Posiblemente, con todo, sea un error ver un enemigo en el Pensamiento Mágico. La búsqueda de lo trascendente es intrínseca al ser humano. Tenemos la necesidad de poseer alguna certeza por provisional que sea, de una explicación del mundo que incluya todo aquello que a la ciencia se le escapa. Todo aquello que existe y no es medible. Decía C. Day: «Qué distinta sabe una cena hecha con amor a una hecha con resentimiento». El ruido lejano del mar relaja, el ruido lejano de una autopista enerva y ninguna medición exacta nos dará un porqué. El New Age, como toda religión, está ahí rellenando un hueco. Es un síntoma de una inquietud absolutamente real (y no medible) y tratar de necios a aquellos que tienen preguntas y de embaucadores a los que proponen respuestas posiblemente sea el peor de los caminos.

Ningún ser humano pone la cabecera de la cama frente a la puerta. En China nos hablarán del «chi», aquí un antropólogo nos hablará de miedo ancestral a depredadores. No intento equiparar, para mí la segunda explicación tiene más valor, pero si tenemos la pregunta buscaremos una respuesta. Carl Sagan hizo esa serie maravillosa de divulgación y escribió un libro fundamental que es de lectura obligada en las escuelas en Estados Unidos y aquí no conoce nadie. Es «El mundo y sus demonios» y está en pdf gratuito en internet y en casi todas las bibliotecas de este país. Su enfoque es respetuoso a la vez que riguroso. Da un baño de sentido común a los ovnis, a los «crop circles» y al Pensamiento Mágico en general. Ojalá a mí me lo hubieron dado a leer a los 15 años.


Artículo publicado en la revista EcoHabitar nº 33 en primavera de 0212


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