Myanmar: un año después del terremoto, Caritas ayuda a las comunidades con la reconstrucción
El 28 de marzo de 2025, un potente terremoto de magnitud 7,7 sacudió el centro de Myanmar, con epicentro cerca de Mandalay y Sagaing.
Un año después, sus efectos aún se dejan sentir, mientras las comunidades continúan con el lento proceso de recuperación.
Caritas, en Myanmar, junto con las redes eclesiales locales y sus asociados, ha estado respondiendo desde los primeros días de la emergencia. Hasta la fecha, la respuesta ha llegado a más de 400 000 personas, de 29 municipios y 6 regiones, apoyando a las familias con asistencia de emergencia y programas de recuperación temprana.
El terremoto causó la muerte de más de 3700 personas y provocó una destrucción generalizada de viviendas y servicios esenciales. Las réplicas y los incendios de las semanas siguientes agravaron aún más la situación, dejando a muchas familias desplazadas y sin lo necesario para su sustento.
Más de 17 millones de personas de 57 municipios se vieron afectadas. En la actualidad, muchas familias siguen viviendo en refugios temporales o a la intemperie, sin poder regresar a sus hogares, debido a la inseguridad y limitados recursos para la reconstrucción.
Una vida que cambió de la noche a la mañana
En la aldea de Thee Kone, situada en los campos áridos de la región de Mandalay, Ma Thin Thin Htet, de 26 años, vive con su familia de cinco miembros. Dependen de una pequeña parcela de tierra en la que cultivan cacahuetes, confiando exclusivamente en las lluvias, ya que la aldea carece de sistema de riego. Con una sola temporada de cultivo al año, la familia combina la agricultura con trabajos ocasionales para cubrir sus necesidades básicas.
Antes del terremoto, la vida era difícil, pero estable. Cada miembro de la familia contribuía, lo que garantizaba comida en la mesa y una sensación de seguridad. Esa estabilidad desapareció el 28 de marzo.


Antes del terremoto, la vida era difícil, pero estable. Cada miembro de la familia contribuía, lo que garantizaba comida en la mesa y una sensación de seguridad. Esa estabilidad desapareció el 28 de marzo.
«Cuando se produjo el terremoto, mi padre y mi hermano sufrieron lesiones en las piernas y la espalda. Todavía están recibiendo atención médica e incluso han tenido que someterse a la implantación de varillas de acero. Mi madre también sufrió lesiones en la cabeza y la espalda y ya no puede trabajar como antes. Mi cuñada está embarazada, por lo que no puede realizar ningún trabajo fuera de casa. Ahora, solo mis ingresos y una pequeña cantidad procedente de la agricultura mantienen a mi familia».
Al no poder trabajar ya su padre, la responsabilidad del hogar recayó íntegramente sobre ella. Con unos ahorros limitados, tuvo que pedir dinero prestado para preparar la tierra y comprar semillas, al tiempo que cubría los gastos médicos de los miembros de su familia heridos.
El apoyo de Caritas y de los asociados de la Iglesia local le ayudó a empezar a estabilizar la situación.
«Doy las gracias por la ayuda económica, ya que pude saldar las deudas contraídas para la preparación del terreno y la compra de semillas. También pude pagar de inmediato los gastos de fertilizantes, así como los costes de la cosecha y la trilla del maní», explica ella..
Esta ayuda le permitió seguir dedicándose a la agricultura, pero también tomar decisiones más sostenibles: transformar los cacahuetes en aceite para asegurarse unos ingresos mejores y guardar semillas para la próxima temporada de siembra. Además, le ayudó a cubrir los gastos sanitarios urgentes de su familia.
Un largo camino por delante
Un año después, el terremoto de Myanmar ya no ocupa los titulares, pero para muchas familias, la recuperación sigue en marcha.
La reconstrucción no consiste solo en restaurar los hogares, sino también en recuperar la estabilidad y la dignidad tras meses de incertidumbre.
Caritas sigue acompañando a las comunidades afectadas de Myanmar, prestando apoyo tanto para satisfacer las necesidades inmediatas como para la recuperación a largo plazo.