La sensibilidad para interactuar con los espacios y generar lugares especiales
Usar la sensibilidad corporal para interactuar con los espacios, armonizarlos y generar lugares especiales. Siempre he sentido fascinación por las historias de lugares especiales donde se daban hechos mágicos y los protagonistas obtenían capacidades inusitadas, como la fuente donde Sigfrido consiguió su invulnerabilidad, los oráculos donde era posible atisbar el futuro o ciertos espacios donde se produce la sanación del cuerpo y el espíritu solo por estar ahí.
Para percibir mediante la sensibilidad la trama energética de un lugar, es decir, las aguas y las fallas, focos de contaminación como fuentes de electricidad o microondas, debemos poner la atención en nuestras sensaciones y con ese baremo podremos ponderar su influjo en nosotros y, por tanto, en nuestros semejantes.
Con los años he visitado bastantes de estos lugares, un tanto escéptico al principio, pero al sentir su energía, estudiar su vínculo con los astros, la fuerza y calidad de sus aguas y fallas, la geometría de su diseño y los materiales utilizados, puedo constatar que el efecto que producen en aquellos que los visitan no es producto del azar, sino de una meticulosa planificación a la hora de disponer hasta el más insignificante de sus elementos en sincronía con la totalidad del conjunto.
Mejorando el ambiente
La pregunta que me surgió a continuación fue: ¿podría replicar esa energía en otra ubicación? Y más aún; en una estructura ya desarrollada como una vivienda o una oficina, ¿podría modular la sensación que hay en el ambiente, mejorándola?
La respuesta es “sí”.
Es sencillo, aunque no sea fácil; la respuesta a esta paradoja es la sensibilidad.
Se precisa aplicar la sensibilidad del cuerpo, igual que cuando estamos ante otra persona y sentimos su estado en nosotros o entramos en un local y tan solo con poner un pie dentro tenemos la certeza de lo que ocurre ahí, aunque nos falten las palabras para expresarlo, pero sabemos que es tal y como lo sentimos.
“Acupuntura” de la tierra
Recuerdo una ocasión en la que visitaba a un exitoso matrimonio amigo; ella llevaba tiempo sin dormir y, a pesar de ser una mujer con gran vitalidad, comenzaba a presentar signos de fatiga por la falta de sueño.
Me dirigí a la habitación y comprobé que en el espacio que estaba la cama se cruzaban dos vías subterráneas de agua y en una de ellas se percibía el pinchazo de la electricidad en la cabeza. En la habitación contigua, y justo al lado de la pared, estaban las neveras y congeladores siempre encendidos.
La casa estaba situada en la suave ladera de una montaña y los aparatos eléctricos estaban “montaña arriba” en relación a la cama, así que el agua subterránea arrastraba la electricidad hacia la cama y, al cruzarse, aumentaba su efecto, causaba el insomnio en la mujer. El lugar de descanso del marido quedaba fuera del cruce de aguas.
La solución que apliqué, y que permitió a la mujer recuperar su sueño, fue una “acupuntura” de la tierra con cañas de bambú, situadas correctamente sobre la vertical del agua, en sus orillas y el centro, las líneas de acción del agua.
En el dormitorio no encontré fallas, por lo que la intervención se redujo a las dos corrientes subterráneas que cruzaban el lecho.
Armonizar un espacio
Hay quien se preguntará por las grandes ausentes del imaginario del geobiólogo: las redes geobiológicas, a saber, Hartmann, Curry, Peyre y el resto hasta llegar a las, aproximadamente, más de 60 redes detectadas.
Mi respuesta es que, para armonizar un espacio, recuperando el descanso y el bienestar para aquellos que lo habitan, no es necesario perder el tiempo en las redes.
Cuando hay redes Hartmann u otras que parecen que “pinchan”, se debe a que hay un exceso de electricidad en el ambiente y lo que hay que hacer, lógicamente, es reducir o minimizar el impacto de la electricidad.
Si la coincidencia al detectar redes, mediante la sensibilidad, entre unos y otros prospectores llega con suerte al 5%, quizás no es un dato relevante a la hora de dedicar atención y tiempo para armonizar el espacio. Para desarrollar una hipótesis, y más aún para asentar una teoría, se ha de contar con un consenso de más de un 70%, para que se considere como tal; si el acuerdo es tan mínimo como en el caso de las redes, no basta ni para considerarlas como reales.
Las varillas o el péndulo, ¿se mueven?
La gente me dice: «Pero es que las varillas o el péndulo se movieron cuando pasé por tal sitio».
Mi respuesta es al modo gallego: una pregunta: ¿y tú qué sentías? Porque esa oscilación en las varillas o el péndulo puede ser provocada por un agua, una falla, la sugestión o cualquier otro factor. Si no conectas con las sensaciones que genera tu cuerpo al ser estimulado por agua o una falla de un lugar, vas a estar a merced de tus creencias, porque creerás que has encontrado esto o lo otro, pero no lo has sentido, por tanto, no puedes afirmarlo.
El cuerpo como instrumento. El sentir no tiene diálogos
Para interpretar el entorno, hay que ir más allá del plano mental, más allá de lo que pensamos o creemos, y comenzar a usar el cuerpo como instrumento.
El cuerpo, es decir, el sentir, no tiene diálogo. Si algo está frío para nosotros, percibimos que nuestra energía va hacia fuera; si algo está cálido, el cuerpo siente que recibe energía, sin diálogo, sin excusas o expectativas. Esta es la forma directa de entender el lugar en que estamos y que abre una puerta a interactuar de forma directa y eficaz con las fuerzas que lo estructuran: aguas subterráneas y fallas geológicas, entendidas como flujos de energía, igual que los meridianos de acupuntura.
Desde la sensibilidad también podemos percibir con igual nitidez los factores contaminantes más habituales en nuestros días, principalmente campos electromagnéticos o emisiones de microondas.
En ambos casos, y también desde la sensibilidad, podemos determinar el grado de efectividad de la corrección aplicada.
El cuerpo es el más sensible y preciso de los instrumentos que tenemos a nuestro alcance; nos da un conocimiento directo y preciso de todo aquello que nos afecta en tiempo real, y siempre está con nosotros, es nuestro fiel compañero y guardián. Usémoslo y cuidémoslo con conciencia y amor.

Limpiar el vínculo que nos une con nuestro cuerpo
Podemos empezar por limpiar el vínculo que con él nos une. El cuerpo refleja la síntesis de muchos factores, como la alimentación, experiencias, emociones, etc. Algunas nos nutren y son las que tenemos que potenciar; hay otras que nos debilitan, son las que tenemos que ir dejando. De esta forma aumentamos la sensibilidad.
Comer alimentos que respeten el ciclo del agua, ecológicos, aunque no lleven sello, pero que sepamos que no han utilizado productos químicos en su crecimiento y elaboración.
Recuperar la conexión a Tierra, hoy en día, calzamos nuestros pies el 90% del tiempo con zapatos con suela de goma o plástico, lo que nos resta vitalidad y energía y hace que nuestro cuerpo sufra procesos inflamatorios con más facilidad.
Usar ropa de tejidos naturales. Los tejidos sintéticos crean electricidad estática, lo que debilita nuestro metabolismo. Debemos tener muy presente que nuestro cuerpo basa su funcionamiento en impulsos eléctricos y campos electromagnéticos, desde la corriente que recorre las neuronas a nuestro sistema circulatorio o a todo el sistema muscular.
Visitar la naturaleza tanto como nos sea posible; notaremos cómo una sensación de paz y vitalidad nos acompaña durante varios días.
Disfrutar de las relaciones y de nuestro tiempo.
La cosmética
La nocividad de la cosmética química, tales como colonias, desodorantes, tintes, cremas bronceadoras y cremas protectoras solares, son veneno para nuestro cuerpo.
En el caso de los “protectores” solares, lo que hacen es bloquear los rayos violeta y ultravioleta, inhibiendo la síntesis de la vitamina D a partir de un tipo de colesterol y la de bastantes hormonas; además, anulan la señal de alarma que es la irritación cutánea, dejando pasar la gama de rojos e infrarrojos que pueden penetrar hasta 10 cm dentro del cuerpo y causar lesiones internas.
Las colonias, sobre todo los perfumes elaborados para las mujeres, pueden llevar un alto contenido en opiáceos, lo que bloquea la pituitaria y altera el sistema endocrino; los desodorantes pueden llevar sales de aluminio, que irritan la piel por su toxicidad.
La contaminación electromagnética
Tener en cuenta la nefasta influencia de las líneas de alta y media tensión, los transformadores, torres de telefonía, suelos técnicos y demás instalaciones que nos sumergen en una sopa electromagnética.
Radiación solar
Los protectores y bloqueadores solares solo bloquean el efecto de los rayos ultravioletas, que son los que nos alertan que ya tomamos suficiente sol, pero los rayos infrarrojos y rojos continúan llegando al cuerpo, penetrando hasta 10 cm. Al anular el “sistema de alarma”, no percibimos que podemos lesionarnos internamente.
También los rayos ultravioletas son necesarios para generar la vitamina D en el cuerpo y así tonificar el sistema inmunológico, además de otras funciones.
Si el sol nos irrita la piel o nos quema, quiere decir que tenemos un nivel alto de toxemia en el cuerpo y el sol desencadena una reacción de limpieza corporal demasiado intensa. Para estas consecuencias hemos de tomar el sol cuando se halla a menos de 30 grados de altura sobre el horizonte, esto es antes del atardecer y poco después del amanecer; así su intensidad será menor y el cuerpo podrá desintoxicarse lentamente sin que la piel, que es el principal canal de eliminación de toxinas con el calor, se queme o se irrite.
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