La bioconstrucción en el reequilibrio territorial. Parte 2
¿Cómo alcanzar el reequilibrio territorial?
No podemos encapsular nuestros hábitos y costumbres de igual modo que no podemos encapsular y separar las funciones de las zonas rurales y las de las grandes urbes. Los usos deben combinarse para que el sistema sea sostenible, autosuficiente y tenga resiliencia, no se trata de tejer una gran red en torno a un centro neurálgico, sino de crear una red homogénea en la que los recursos y beneficios estén repartidos.
El objetivo es conseguir un equilibrio entre la naturaleza, el entorno que construimos y la humanidad, conseguir un hábitat digno y que nos identifique.
Los núcleos más extensos se suelen estructurar en residencial (en el centro), industrial (periferia), agricultura y ganadería intensiva (más al exterior) y, por último, naturaleza más virgen; nos recuerda a esquemas basados en círculos concéntricos.
Deberíamos alcanzar un territorio diverso, con estructuras habitacionales más pequeñas, relacionadas entre sí, pero autárquicas; donde se produzca una interacción sana entre todas las partes vinculadas.
Aprender a parar
Debemos ser conscientes de nuestro impacto en el mundo, de la huella de carbono que dejamos a nuestro paso; no basar nuestra existencia y felicidad en el consumo desmesurado de bienes que agotan los recursos del planeta y crean desigualdades entre nosotros; ni crear edificios ni asentamientos que contribuyan a ello.
En la actualidad, las poblaciones de los países del primer mundo se apoyan en sistemas constructivos basados en materiales como el hormigón y el metal, consumiendo gran cantidad de energía para su fabricación, no siendo posible una sencilla reincorporación posterior a la naturaleza, rompiendo el ciclo “cradle to cradle”1.
La vida en torno a las poblaciones cercanas al campo nos muestra que es posible la obtención de recursos cercanos y de fácil retorno al medio del que fueron obtenidos.
Esto lo podemos relacionar con los asentamientos rurales, en los que es más sencillo recuperar técnicas que nos acercan a la naturaleza y a nuestra cultura. Usar y adaptar los avances tecnológicos conociendo sus pros y sus contras, valorando si realmente son necesarios, teniendo en cuenta que no es la naturaleza la que debe adaptarse a la humanidad, sino al contrario.
Quizá la solución esté en desandar un poco el camino una vez que conocemos la ruta hacia la que nos dirigimos. Conocer nuestras necesidades materiales y energéticas reales supondría un cambio de consciencia a nivel social y la modificación de nuestra forma de vida y sistema económico. Esta es, precisamente, una de las puntas de lanza que esgrime Paul Kingsnorth (Kingsnorth, 2019) cuando comenta:
Nuestras sociedades necesitan aprender a parar. Deja de crecer, deja de expandirte, deja de consumir, deja de crear. Vive y hazlo de forma austera y simple, presta atención e intenta reducir tu impacto en el mundo. Ya sabemos lo que hay que hacer, pero las estructuras de crecimiento que existen en nuestras sociedades lo hacen prácticamente imposible.
El equilibrio natural y la bioconstrucción
Nos creemos en un escalón superior al resto de seres vivos, por lo que hemos roto el equilibrio natural y perdido la armonía. Dentro de este funcionamiento erróneo como especie podemos englobar la sobrepoblación de ciertos núcleos humanos, en los que el desajuste entre naturaleza y humanidad produce una gran interferencia con el ciclo ecológico natural.
La bioconstrucción nos marca el camino de vuelta sugiriendo la creación de espacios habitacionales con criterios ecosociales que nos permiten realizar construcciones saludables, conciliar vivienda, trabajo y ocio, y mantener el contacto con la naturaleza e incluso participar en ella como biotopo.
La construcción tiene que realizarse con materiales de km0, o lo más cercano que sea posible, con el uso de métodos de construcción que se acerquen al lugar y a sus tradiciones. También incluir nuevas técnicas, como la construcción con balas de paja en lugares donde predomina la agricultura de secano; la construcción con madera (no solo estructural, también como cerramiento o fibras y celulosa para la realización de aislantes) cerca de explotaciones forestales.
Siguiendo los principios de permacultura se podría alcanzar un organismo equilibrado, de modo que se regenere por sí mismo, con autosuficiencia en el abastecimiento y en la gestión de residuos.
La salud, las relaciones sociales
La relación de las personas con su ambiente incluye la fauna, la vegetación, el soleamiento y la tierra, así como su interacción con cada una de ellas.
Debería ser un derecho primordial la elección del terreno donde edificar, lejos de fuentes de contaminación, ruidos y radiaciones; situando la edificación en función de la geobiología y de los índices de radioactividad.
La densidad de población influye en la calidad del aire, en las emanaciones tóxicas, en la cantidad de moho/bacterias y fibras/polvo, en el ambiente eléctrico, en la luz y color, en los ruidos y vibraciones, en la salud tanto física como psíquica y en la ventilación, repercutiendo todo ello en nuestra salud y en la del resto del vecindario.
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Lo nombrado conduce a un estilo de vida sano, natural y con buenas relaciones, con una arquitectura digna basada en las necesidades de los usuarios, favoreciendo su salud y su bienestar, y es algo que podemos encontrar sin duda en pueblos y modos de urbanismo ecosocial. Además de todos los aspectos ecológicos y en pro de la sostenibilidad, los aspectos sociales son igual de importantes. La comunidad debe ser heterogénea, respondiendo a necesidades de niños y ancianos, a diversos tipos de familia y diversidades sin distinciones entre razas o clases sociales. Las comunidades bien fundamentadas forman una red social resistente. Tan importante como el individualismo es la colectividad y el respeto hacia el resto de habitantes.
Otros motores de desarrollo rural
Entendemos que el desarrollo debe ser holístico, teniendo en cuenta factores geográficos, culturales, sociales, económicos, etc., cuidando lo local pero sin descuidar el contexto global. Se deben tener en cuenta los plazos medios y largos, y no trabajar solo a corto plazo.
Legislación
En cuanto a legislación, se considera que se deben modificar las normativas de modo que favorezcan la creación de comunidades ecosociales tanto en terreno urbano como rústico, así como la promoción de construcciones con criterios ecológicos.
La construcción o rehabilitación de edificios públicos con criterios de bioconstrucción debería gratificarse en licitaciones. Los beneficios fiscales deberían ampliarse más allá de la construcción:
- Reduciendo el impuesto de sociedades a empresas y a emprendedoras que asienten población (recordemos que el déficit es tanto financiero como personal).
- Desgravación financiera y dando subvenciones a quienes vivan en pueblos.
Descentralización
Una descentralización de los asentamientos como solución, debería trasladarse también a la Administración Pública y a empresas públicas, así como a centros educativos, sociales o culturales.
Recuperación, emprendimiento, educación, redes sociales
Hay que educar en el emprendimiento para que en un futuro los niños puedan volver al lugar una vez que han salido a estudiar. Y, por qué no, si no es lo deseado no tener que salir para estudiar, vinculando su formación al territorio.
Es fundamental la actitud proactiva mediante la existencia de redes de acción local, fomentando iniciativas y poniendo en contacto a los habitantes de la comunidad, aumentando su enraizamiento y su bienestar.
Es imprescindible tratar los aspectos psicológicos y culturales ligados al ámbito del arraigo de los sentimientos, los anhelos e ilusiones de futuro de cada individuo, no permitiendo que las zonas rurales se vean menospreciadas por ningún medio.
Límites, dificultades, integración
Al igual que hay que fomentar el orgullo rural y reivindicar la calidad de vida en este medio, hay que ser conscientes de los límites y dificultades a los que nos debemos enfrentar, y que estos se transmitan correctamente al resto de la sociedad para, por un lado, poder exigir medidas y avanzar y, por otro, no crear falsas expectativas ni esperanzas a habitantes que puedan querer trasladarse desde zonas urbanas. A este propósito, la persona que desee comenzar una nueva vida en un pueblo debe estar preparada para ello.
Esto no siempre es así, y siempre surgen comunidades que no llegan a conectar con lo existente.
La emigración de población de grandes urbes hacia el campo será bienvenida, pero este recibimiento será más efusivo si va de la mano del compromiso y la voluntad de pertenecer a una comunidad más amplia e integrarse en el pueblo.
Proyectos de crear comunidad
Pese a que cada proyecto es diferente todos cuidan de la Tierra y de las personas, trabajando con una visión común: mejorar la vida de este planeta y posibilitar el habitar en zonas rurales.
Las ecoaldeas nacen con el propósito de llevar un estilo de vida más sostenible en armonía con el entorno y la naturaleza que nos rodea, cuidando de la gente y del lugar donde vivimos.
Una de las definiciones más conocidas es de Robert Gilman (Gilman, 1991), hablándonos del tamaño, heterogeneidad, integración en la naturaleza y sostenibilidad de los asentamientos: “Una ecoaldea es un asentamiento humano, concebido a escala humana, que incluye todos los aspectos importantes para la vida, integrándolos respetuosamente en el entorno natural, que apoya formas saludables de desarrollo y que puede persistir indefinidamente”.
Primera parte de este artículo: La bioconstrucción en el reequilibrio territorial. Parte 1
Artículo publicado en la revista EcoHabitar nº 66 en verano de 2020
