En Navidad, nadie debería ser un extraño

Publicado por Emprendimiento en

Gente normal, amor extraordinario

Caminando con las familias en movimiento

María y José, portadores de una nueva vida, se vieron obligados a viajar a Belén a pesar de que el viaje podía ser peligroso para el embarazo de María. Viajaron con incertidumbre, buscando seguridad, cobijo y dignidad, confiando en la bondad de los demás.
Hoy, millones de familias recorren caminos similares. Sus viajes son a menudo peligrosos, marcados por el miedo, la explotación y la pérdida. En Navidad, Caritas es llamada a estar con ellos, garantizando que la migración sea segura, digna y humana.

En Colombia, Caritas cumple cada día con esta realidad.

Esta llamada adquiere un rostro humano en la labor del Padre Arturo Arrieta, Director de Pastoral Social de Caritas de la Diócesis de Palmira. En una región marcada por la violencia y los desplazamientos, el Padre Arturo camina junto a migrantes, familias desplazadas, ancianos abandonados y mujeres que huyen de la violencia.

«Para mí, ser samaritano significa ser el corazón palpitante de la Iglesia en los márgenes de la sociedad. Donde abunda la miseria, debemos dejar que rebose la esperanza, demostrando que la caridad es el único idioma que la desesperación no puede silenciar».- Padre Arturo Arrieta – Fr. Arturo Arrieta

Su ministerio se basa en la hospitalidad y la atención a los extranjeros. Desde acoger a familias venezolanas que llegan sin nada, hasta garantizar alimentos calientes a los niños y ayudar a las familias a reconstruir sus vidas a través de un trabajo digno, Caritas Palmira responde a las necesidades urgentes abriendo al mismo tiempo vías hacia una dignidad a largo plazo.
Una historia que permanece con él. Doña Elena, una abuela venezolana de 68 años, llegó junto con sus dos nietos, hambrienta y sin hogar. Gracias al acompañamiento de Caritas, reconstruyó su vida, convirtiendo una pequeña habitación en una panadería que ahora sustenta a su familia. Para el Padre Arturo, esto es caridad: no dependencia, sino renacimiento.

Ese mismo espíritu de acogida vive a lo largo de una frágil frontera en Moldavia.

Mujeres, niños y ancianos que huían de la guerra en Ucrania cruzaron la frontera en invierno, llevando sus vidas en una sola maleta, agotados y traumatizados, en busca de paz, refugio y descanso.

Here, Svetlana Cires, Accommodation Project Manager with Catholic Relief Services (CRS) working alongside Caritas Moldova, joined the emergency response just days after the war began. When former colleagues called her to help, she did not hesitate. She became part of a team united by one mission: ensuring that no one is left without warmth, dignity, and hope.

“Let us not become weary in doing good.” (Galatians 6:9)
“This verse reminds me every day not to give in to fatigue, but to keep creating hope for those who need it most.” – Svetlana Cires

Through rental and utilities support, assistance to host families, home repairs, and winter heating grants, Caritas helps refugees and vulnerable Moldovan families find stability. For Svetlana, hope often appears in the smallest moments.

One late autumn day, she met a young Ukrainian family in a freezing room. The woman did not know how to light the stove. Together, they tried again — and as the first flame appeared, warmth and confidence returned.

Months later, Svetlana met her again: employed, settled, expecting a child, proudly greeting people in Romanian. One thing, she said, she would never forget — how to light a fire.

A Christmas Call to Hope

Through emergency assistance, shelter, legal and psychosocial support, and food programmes, Caritas walks alongside migrants and displaced families, helping them rebuild their lives with dignity.

By supporting safe migration, we honour the Holy Family.
Together, we can ensure that no one is left alone on the road — and that every journey is met with compassion and dignity.



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