Diseñar para personas neurodivergentes. Diseño consciente

Publicado por Emprendimiento en

¿Diseño consciente? Los espacios construidos conforman nuestra tercera piel, aquella que nos protege de las inclemencias del tiempo, de lo incierto, de la noche.

Está más que probado que los interiores inciden directamente en nuestras emociones, y éstas, en nuestras acciones.

Y es que, cuando percibimos un entorno como hostil, por muy conocido que sea, las hormonas que segregamos serán negativas, de estrés, de congoja. Esas hormonas que nos llevan a la lucha o la huida, conforman caracteres amargos o esquivos… Y si eso es así para personas neurotípicas, imagina lo que puede producirse en una persona neurodivergente.

Las personas en el espectro autista vivimos, a menudo, en espacios incomprensibles, capaces de desregularnos sensorialmente, espacios que duelen y que nos aíslan. Si ya de por sí solemos mostrar dificultades en las habilidades sociales, los entornos lo pueden agravar, creando situaciones difíciles de sostener.

Una alternativa

Lo peor es que al llegar a casa, esas paredes que deberían ser nuestro santuario, un remanso de calma, siguen sobresaturándonos.

Esto se debe a que la gran mayoría de las personas autistas, como usuarias, no suelen identificar las necesidades espaciales que podrían mejorar su situación; y, a la vez, las y los profesionales de la arquitectura, frecuentemente no tienen una preparación ni la información adecuada para propiciar espacios afines.

Por eso quiero dar una pincelada de este conocimiento tan importante en la salud física, mental y emocional de las personas autista, para que, a partir de ahora, puedas decir “lo veo” y pueda empezar a existir una alternativa que nos ayude a avanzar juntas, a convivir, a dejar atrás esa percepción de un mundo que nos es hostil y que tan a menudo ni siquiera entendemos.

Diseño consciente
 El símbolo que representa la comunidad autista es el infinito arco iris, que se inspira la multiplicidad de formas de presentar esta condición. Foto Canvas Pro.

Diseñar de forma adecuada para personas neurodivergentes

Existen numerosos estudios científicos que recogen la manera adecuada de diseñar para personas en el espectro autista, tomando sus dificultades sensoriales y ofreciendo un guión para crear espacios adecuados, espacios denominados “Autism Friendly”. A decir verdad, no existe una ruta actualmente consensuada, cada ensayo aporta sus bases, sus prioridades y sus conclusiones, pero en este artículo encontrarás la suma de algunos de ellos, los que creo más relevantes.

Las investigadoras Mary Doherthy, Sue McCowan y Sebastian CK Shaw crearon un acrónimo para referirse a este tipo de diseño, lo acuñaron SPACE, siglas referidas a Sensorial, Predecible, Aceptación, Comunicación y Empatía. Esos son los 5 pilares del Autism Friendly y se definen de la siguiente manera:

1.     Las necesidades sensoriales

Las personas autistas experimentan el mundo de manera distinta al resto de la población, pero el patrón de sensibilidad varía. De este modo, puede haber personas con una “evitación sensorial” causada por una hipersensibilidad, cosa que les lleva a una sobrecarga por estímulos externos, o bien todo lo contrario, personas que busquen una estimulación, precisamente por una hipersensibilidad que les lleva a querer experimentar las sensaciones de manera más intensa para poder percibirlas.

Esta primera diferenciación es básica, pero se complica cuando la misma persona tiene ambas características según el sentido. Por ejemplo, puede ser que exista una hipersensibilidad auditiva que lleve a la necesidad de utilizar cascos de privación del ruido y cuidar mucho la acústica de la vivienda y, a la vez, puede convivir una hiposensibilidad táctil que le lleve a preferir materiales con rugosidades intensas para poder llegar a notarlos.

Las cuestiones sensoriales pueden configurar un espacio totalmente inaccesible para este colectivo, puesto que el estrés sensorial es acumulativo y se le adjuntan otras dificultades como la capacidad de comunicación social, terminando en estrategias corporales y emocionales de estimulación o regulación como son los Shut-Downs (apagón sensorial de la persona), meltdowns (explosiones que suelen confundirse con rabietas, pero con base distinta) o burnouts (parecido a la depresión, causada por una exposición a estímulos altos o sostenidos en el tiempo).

En este apartado, debemos tener especial cuidado con los sentidos, pues son los que recogen los estímulos externos y los llevan al cerebro, donde se procesan y generan reacciones en consecuencia.

Juego de superposiciones y líneas verticales que invitan al diálogo entre las dos estancias. Utilizamos esta estrategia para que la persona que está de espaldas a la puerta de acceso pueda advertir si alguien entra en el dormitorio y no sobresaltarse, aportando seguridad, además de una estética curiosa. Diseño de Sergio Frías, A-tipic Biointeriors. Fotografía de Juan Luis Campoy.

Estímulo visual

El estímulo visual es el primero, uno de los más importantes, puesto que la sensibilidad visual es muy común. En la elección de materiales debemos tener en cuenta su color, saturación y brillo, así como evitar patrones demasiado elaborados, como papeles pintados recargados. En cuanto a la iluminación, descartemos todas aquellas luces que ciegan por su intensidad y que presenten flickering, apostando por una iluminación suave y neutra con diferentes puntos que ofrezcan distintas intensidades. Imagen 5

Estímulo auditivo

El estímulo auditivo es otro de los grandes retos para las personas con TEA (trastorno del espectro autista), puesto que se procesa la información auditiva de manera distinta. El ruido ambiental, a veces imperceptible para el común de los mortales, puede llegar a ser un factor estresante importante. Los sonidos repentinos o inesperados, así como los repetitivos y demasiado altos, son desreguladores por excelencia. También lo son los zumbidos, a veces imperceptibles, que emiten ciertos aparatos electrónicos o eléctricos. ¿Soluciones? Un buen aislamiento acústico en interior y exterior, una estrategia para tratar el eco mediante la geometría del espacio y el uso de materiales correctos, así como una instalación eléctrica en condiciones.

Estímulo olfativo

Este estímulo tan primario y tan olvidado en construcción, es un sentido que suele estar hiperdesarrollado en TEAs, y nos ofrece información valiosa del espacio, incluso de las personas que hay en él. Cuidemos los olores, especialmente para usuarios con sinestesia, que pueden confundir varios sentidos, y los olores desagradables son una barrera importante.

Diseño consciente
Es 100 veces más probable que el cerebro recuerde algo que olió a algo que vio o escuchó. Fotografía de Cristina Pech (@cris_baby_photo).

Estímulo táctil 

El estímulo táctil nos puede calmar o estresar, y debe utilizarse sabiamente mediante los materiales, priorizando los naturales, de texturas suaves para hipersensibles y rugosas o rudas para hiposensibles.

Lo que para muchos puede pasar desapercibido, con una hipersensibilidad táctil hasta la textura más natural, como el tronco de un árbol, puede ser un reto. Fotografía de Joan Ignasi Puigmartí.

Estímulo térmico

Este estímulo lo podemos regular con una apuesta por el aislamiento y buenas carpinterías, priorizando materiales cálidos, como la madera o el corcho.

La elección de los materiales es crucial en este tipo de intervenciones, debemos escogerlos estratégicamente para que nos ayuden en varios estímulos a la vez. Por ejemplo, el corcho nos ayuda a mejorar el confort térmico y acústico, a la vez que proporciona un estímulo visual y táctil agradable. Es un 4 en 1, natural y ecológico, una apuesta segura.

2.     Predictibilidad

Las personas TEA necesitamos prevenir qué va a pasar, generar rutinas y pautas espaciales para rebajar la ansiedad al “qué ocurrirá”. En criterios de salud, generar un entorno predecible es un imprescindible de valor incalculable. Podemos lograrlo mediante una correcta zonificación de ambientes, pictogramas y recorridos estratégicos que faciliten una deambulación coherente y ordenada.

3.     Aceptación

Necesitamos que la sociedad entienda que hay personas distintas, que decodifican la información de manera diferente y que eso también es correcto.

El autismo es un espectro donde encontramos, a un lado, la discapacidad más severa con una dificultad social importante y un desarrollo neurológico que implica ayuda en casi todas las tareas de la vida diaria. En el otro extremo encontramos figuras como el conocido “Sheldon Cooper” que no deja de ser un reflejo de los comportamientos de muchos autistas con altas capacidades o superdotados (no confundir ambos términos, pues son condiciones distintas), los cuales pueden ser muy buenos en inteligencia intelectual y suspender en la social o emocional. En medio de estos dos extremos está lo que se conoce como la condición invisibilizada, en la cual me encuentro yo misma.

Nadie se da cuenta a simple vista. Debes decirlo, “hola, me llamo Verónica y soy autista”, de lo contrario, nadie lo sabría. Nosotros también necesitamos ayuda, también nos saturamos sensorialmente frente estímulos demasiado intensos, y también presentamos dificultades sociales, aunque hemos aprendido a enmascararlo con los años y a pasar “desapercibidos” a costa de esconder quiénes somos. Es importante, vital, diría yo, que se entienda este concepto de amplio espectro en el que ningún autista es igual que otro, y que, en algunos casos, salta a la vista y en otros, menos.

4.     Comunicación

Muchas personas TEA tienen dificultades para comunicarse, por lo que los pictogramas son un elemento indispensable de accesibilidad. Igual que ponemos rampas para que las sillas de ruedas accedan a los edificios, y braille en los carteles, hagamos que esa señalética sea verdaderamente universal apostando por gráficas comprensibles para personas con habilidades comunicativas bajas o nulas. De este modo no hace falta leer o hablar, solamente se trata de señalar una imagen que se asocie con lo que se desea, porque eso sí lo tenemos claro, a veces lo que no sabemos es cómo expresarlo.

5.     Empatía

Esta parte, en realidad, recoge todo lo que se puede apreciar en las anteriores. La empatía debería ser el motor del mundo, la ayuda mutua, la comprensión, la conexión entre personas que respiran el mismo aire y andan sobre el mismo planeta. La empatía es la que nos invita a escoger una iluminación adecuada o unos colores neutros, la que decide instalar señalética gráfica, la que invita a pasar a todos, tengan la condición que tengan, porque, en este artículo te hablo de autistas, es mi especialidad, lo que más conozco, pero bien podría servir para personas en la condición de bipolaridad, TDH o ansiedad generalizada.

De eso va el diseño consciente, el diseño para una convivencia veraz, de escuchar las necesidades globales y pensar en una solución que sume y nos ayude a todos, puesto que el pasamanos que se instaló pensando en las personas mayores me ayuda a bajar las escaleras cuando estoy cansada, y la rampa que se puso para facilitar el acceso a las personas con silla de ruedas me ayuda a subir las escaleras con el cochecito del niño.

Se está hablando mucho de incluir, cuando en realidad lo que se necesita es entender y respetar para poder convivir.

Porque el cartel con el símbolo de la sala de reuniones capta mejor mi atención cuando voy en su búsqueda bajo un estado de ansiedad. Porque siento que no llego a tiempo.

Y por tantas y tantas pequeñas-grandes decisiones que no solo facilitan la vida a unos y otras, sino que nos ayudan a todos, pero que su ausencia nos separa, y define el mundo como un teatro en el que o eres como la sociedad tiene preestablecido que debemos ser o, de lo contrario, no eres bienvenida.


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