DÍA INTERNACIONAL DEL MIGRANTE 2025 Muchas historias, muchas vidas, una comunidad.
Con motivo del Día Internacional de las Personas Migrantes, Caritas Internationalis, junto con RED CLAMOR y RAEMH, emite una declaración conjunta para defender los derechos y la dignidad de las personas migrantes.
Fortalecer la situación jurídica de los migrantes para construir sociedades inclusivas y cohesionadas.
El Día Internacional del Migrante nos invita a reconocer las importantes contribuciones de los migrantes a las sociedades de acogida.
El auge de las políticas migratorias restrictivas
Existe una tendencia creciente al endurecimiento y la restricción de las políticas migratorias en varias regiones del mundo, que incluye la externalización de las fronteras, las deportaciones ilegales y la falta de respeto del principio de no devolución. Estas acciones van en contra de la letra y el espíritu de la Declaración de Nueva York (2017) y los Pactos Mundiales sobre Migración y Refugiados (2018).
En este sentido, nos preocupa especialmente el aumento de los niveles de violencia y la falta de respeto de los derechos fundamentales de los migrantes y las personas que necesitan protección internacional.
Para responder a estas amenazas, es urgente encontrar vías alternativas para una migración regular y segura, así como políticas para regularizar la situación de quienes ya se encuentran en cada país y son especialmente vulnerables a la explotación y los abusos.
Creciente incertidumbre y precariedad para las personas en movimiento
Para millones de personas, los conflictos, los efectos del cambio climático y el aumento de las desigualdades económicas y sociales han hecho que sus hogares sean inhabitables.
En tales circunstancias, la migración se convierte en un acto de supervivencia más que en una opción.
Sin embargo, cuando las personas que abandonan sus hogares en busca de seguridad y una vida mejor llegan a nuevas costas, a menudo entran en sistemas que no ofrecen los medios necesarios para el respeto efectivo de sus derechos o se enfrentan a barreras administrativas que implican procedimientos largos y complicados.
Esto aumenta los riesgos de abuso legal, discriminación, falta de acceso a servicios básicos y explotación.
Como se ha reconocido ampliamente, los migrantes y los refugiados contribuyen a los países de acogida si se aplican políticas de integración adecuadas, que también tengan en cuenta las necesidades de las comunidades de acogida.
Estas políticas favorecen una situación beneficiosa para todos y refuerzan la cohesión social y los entornos en los que se respetan más plenamente los derechos de ambas comunidades
Además, la irregularidad y la falta de vías para la migración regular alimentan actividades delictivas como la trata de personas y el tráfico ilícito de migrantes, lo que beneficia a organizaciones delictivas transnacionales extremadamente poderosas y peligrosas.
En este contexto, hacemos un llamamiento a los gobiernos para que diseñen y apliquen vías de migración regulares y seguras, regularicen la situación de los migrantes indocumentados y, cuando sea posible, establezcan vías claras y humanas para que los migrantes y otras personas en tránsito puedan obtener la ciudadanía.
En esta tarea, las organizaciones de la sociedad civil, incluidas las creadas por los propios migrantes, son un actor clave que debe participar activamente para garantizar un enfoque equilibrado y eficaz que pueda aportar sostenibilidad a los acuerdos jurídicos e institucionales en materia de migración y refugiados.
Como personas de fe, afirmamos que toda persona tiene derecho a un lugar donde pueda vivir con seguridad, participar plenamente y pertenecer a la sociedad. La Iglesia reconoce en cada uno de ellos el rostro de Cristo y recuerda la enseñanza constante de la Sagrada Escritura:
«Fui forastero y me acogisteis» (Mt 25, 35).
Como subrayó el papa León XIV en su mensaje para la 111ª Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, «en un mundo oscurecido por la guerra y la injusticia, incluso cuando todo parece perdido, los migrantes y los refugiados se erigen en mensajeros de esperanza. [..] Al mismo tiempo, las comunidades que los acogen pueden ser también un testimonio vivo de esperanza, entendida como la promesa de un presente y un futuro en los que se reconozca la dignidad de todos como hijos de Dios.
De este modo, los migrantes y refugiados son reconocidos como hermanos y hermanas, parte de una familia en la que pueden expresar sus talentos y participar plenamente en la comunidad» .
Por todas estas razones, hacemos un llamamiento a los gobiernos para que actúen con humanidad y apliquen políticas migratorias centradas en las personas, y no en la seguridad nacional o los intereses económicos.
Los migrantes son seres humanos que, en la mayoría de los casos, contribuyen de manera diversa y enriquecedora a las comunidades de acogida
Las vías alternativas a la migración regular, los procesos de regularización y, cuando sea posible, las vías para obtener la ciudadanía son formas de cumplir con el compromiso que la mayoría de los Estados aceptaron al aprobar los Pactos Mundiales sobre Migrantes y Refugiados.
Este es el momento adecuado para honrar esos compromisos en aras del bienestar de las personas que se desplazan, las comunidades de acogida y la eficacia del multilateralismo.