Construcción con madera industrializada. Parte 1

Publicado por Emprendimiento en

“Así como el material de construcción del siglo XIX fue el hierro y el del siglo XX el hormigón, el del XXI será la madera técnica”. 

Atribuida a Alex De Rijke

Comparto totalmente la afirmación y supongo que los lectores de EcoHabitar también, sin embargo, no todo el mundo piensa igual.

Recuerdo una conversación con un reconocido arquitecto que discutía esta afirmación. Lógicamente, no hay ningún inconveniente en negar esta tendencia, lo que me quedó grabado fueron los argumentos que utilizaba. Uno era que no hay suficiente madera en el mundo para hacer todos los edificios de madera, y el segundo que no se podían hacer rascacielos con madera. Curiosamente, no incluyó el habitual argumento de los peligros de la madera ante el fuego.

Los dos argumentos son fácilmente rebatibles. Dicen los expertos que, con la madera existente en Finlandia se pueden cubrir las necesidades de toda Europa, y con los bosques tropicales, gestionados correctamente, las del resto del mundo. 

Sobre las torres en altura se van batiendo récords, como pasó con el acero y el hormigón. Del edificio Murray Grove, en Londres, de 9 plantas de 2009, al Brock Commons en Vancouver de 2017, de 53 metros de altura, o el Mjøstårnet, en Noruega, de 20191, hasta llegar al llamado W350, proyectado en Tokio, de 70 plantas y 350 metros de altura, en el que el 90% de la estructura es de madera; el argumento ha quedado anticuado2. La frase “El edificio de madera más alto del mundo” se repite una y otra vez, lo que lo convierte en un argumento obsoleto. 

Pero lo que interesa destacar no son estos argumentos, lo importante, a mi juicio, es que desde el punto de vista de la sostenibilidad, las preguntas no son correctas, no permiten avanzar. Planteo otras, que creo más pertinentes.

¿Es necesario construir viviendas al ritmo que se propone? ¿Sería más conveniente optimizar lo ya construido?

Estamos acostumbrados a leer en la prensa los objetivos que se fijan desde el sector para construir nuevas viviendas. Se reconoce que las 600.000 nuevas viviendas anuales que se pusieron en el mercado español en los años del boom eran excesivas; aunque, desde el sector de la promoción y construcción se dan cifras del orden de las 200.000 o más que pienso que no están suficientemente justificadas, por el hecho de que la población del país prácticamente no crece. 

Hay que mirar los gráficos demográficos para ver que la población en Europa está prácticamente estancada y que en China, en los últimos años, la población ha disminuido o se ha estancado. Si la población baja, está estancada o sube muy levemente, ¿por qué edificar de nuevo?, ¿no habría que rehabilitar el parque existente para mejorar la eficiencia energética y resolver problemas de pobreza energética?, ¿no se tendrían que habilitar antes las viviendas vacías? Parece que la Unión Europea va en esa dirección. Es comprensible que la inercia haga que al sector le cueste afrontar la gran transformación que necesita, pero es necesaria.

¿Realmente hay que construir rascacielos? ¿Son sostenibles?

La pregunta que planteo a la segunda objeción es: ¿realmente hay que construir rascacielos?, ¿son sostenibles? Recuerdo hace algunos años, en La Pedrera, haber compartido mesa redonda con Ken Yang, el arquitecto malayo creador de los rascacielos verdes, tan imitados en todo el mundo. Él mismo reconocía que el rascacielos no es un edificio sostenible, basta con recordar la enorme cantidad de energía que se necesita para subir el agua o para mover por su interior a las personas; el consumo energético es enorme. El argumento de Yang era y es razonable. En algunos lugares del mundo, como Singapur o Hong Kong, ciudades que no tienen territorio para crecer, un rascacielos es la excepción que confirma la regla, pero en nuestro entorno no tiene ningún sentido.

¿Puede la madera industrializada como material de construcción presentar la resistencia necesaria al fuego?

Otro argumento que oímos a menudo, el que proviene del recuerdo de los incendios de ciudades como Lisboa, de la época en que se construía con viguetas de madera, tampoco es consistente. Las técnicas de construcción madera industrializada de hoy en día son muy diferentes a las de los siglos anteriores. 

La madera estructural tiene otras ventajas, el calor inicial del fuego seca la madera, con lo que la resistencia aumenta, en lugar de disminuir como hace con el hierro. 

La sección prevista para el cálculo proporciona la capa protectora que permite la resistencia de 90 minutos pedida en un edificio de pública concurrencia. En Moiá, Barcelona, el cuartel de bomberos es de madera3; ¿lo sería si hubiese un alto riesgo?

madera industrializada

¿Qué material de construcción presenta mejor opción para frenar el cambio climático?

Otro argumento, que a ciertos sectores no les interesa divulgar, son las emisiones de CO2 a la atmósfera procedentes de la fabricación de cemento y acero. 

Según los cálculos son del orden del 8% del cemento y 5% del acero, cuando las emisiones de la aviación, de las que se habla mucho más, son del 2,5%. Si la industria del cemento fuera un país sería el tercer emisor más grande del mundo, detrás de China y EE.UU4. El árbol, origen de la madera, absorbe CO2, y actúa como sumidero de este gas, por lo tanto, nos beneficia respecto al cambio climático.

Reflexión final. ¿Por qué pensamos lo que pensamos?

Una reflexión final sería ¿por qué pensamos lo que pensamos?, ¿por qué, más allá de los lógicos intereses de cada sector, unos pensamos de una forma y otros de otra? Dos lecturas recientes, que me permito aconsejar, abren bastante luz sobre este tema.

El historiador Felipe Fernández–Armesto, en un libro con el subtítulo idéntico a la pregunta de esta reflexión5, propone la imaginación como motor de nuestros pensamientos. A partir de la ciencia cognitiva explora cómo tenemos ideas, cómo somos y qué necesitamos para conseguirlas. Se remonta a nuestros ancestros del Paleolítico para revelar las ideas de nuestros antepasados.

Otros dos historiadores: Naomi Oreskes y Erik M. Conway analizan el uso indebido de la ciencia para fines políticos y comerciales6. Explican la historia de cómo un pequeño grupo de científicos de los EE.UU. realizaron campañas efectivas para engañar al público sobre las relaciones perjudiciales entre tabaco y la salud, el humo del carbón con la lluvia ácida, los gases clorofluorocarbonos (CFC) con el agujero en la capa de ozono, o las emisiones de CO2 con el calentamiento global.

¿Qué nos hace defender la madera?

Lo interesante de estos estudios es que van mucho más allá de las razones puramente económicas del soborno puro y duro. Hay razones psicológicas sobre el carácter de las personas, sus recorridos vitales, las envidias y emociones, la ideología de los científicos y la colaboración de los medios de comunicación, con una interpretación errónea del beneficio de la duda y la igualdad de oportunidades ante una discusión científica.

Y a nosotros, ¿qué nos hace defender la madera?, ¿que hace que otros nieguen sus posibilidades? Datos científicos, emociones, sentimientos, lecturas, educación, amistades, confianzas y desconfianzas, sensaciones y razonamientos, envidias y vanidades nos han llevado a pensar en una dirección u otra. Estas preguntas nos las podemos formular todos, quizás las respuestas nos permitan llegar a consensos sólidos y, probablemente, beneficiosos para todas las personas.

Notas


Puedes leer la 2ª parte de este artículo aquí.


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