Caritas: la crisis hídrica en Gaza alcanza un punto crítico

Publicado por Emprendimiento en

«Agua, agua por todas partes, y ni una gota para beber». Las inquietantes palabras del poeta inglés Samuel Taylor Coleridge parecen menos poesía y más un testimonio de la situación actual en Gaza.

Gaza se encuentra a orillas del Mediterráneo, pero el agua potable se ha vuelto dolorosamente escasa.

Años de reiterados daños registrados en los sistemas hídricos y de saneamiento han dejado los pozos, las tuberías, las redes de alcantarillado y las plantas desalinizadoras destruidos o apenas funcionales.

Lo que antes sustentaba la vida cotidiana se ha vuelto, en muchos lugares, poco fiable o inseguro.

En los barrios y campamentos de desplazados, los niños recorren largas distancias cargando con pesados recipientes vacíos. Los padres intentan estirar el agua que puedan encontrar para beber, cocinar y lavarse, a menudo sabiendo que puede no ser segura.

El silencioso cálculo de la supervivencia —cuánta agua se puede ahorrar hoy— se ha convertido en parte de la vida cotidiana.

Detrás de esta lucha se esconde un sistema al borde del colapso. Los daños en la infraestructura de alcantarillado y la falta de depuración han contribuido a la contaminación del acuífero costero de Gaza, la principal fuente de agua dulce.

Las aguas residuales sin tratar, la intrusión de agua salada y los escombros han reducido aún más la calidad del agua. Lo que queda suele ser insalubre, pero quedan pocas alternativas.

Las consecuencias para la salud ya son visibles. Las organizaciones humanitarias, incluyendo nuestros médicos sobre el terreno, han reportado un aumento de los casos de diarrea acuosa aguda y hepatitis A, especialmente entre las familias desplazadas que viven en refugios abarrotados, con servicios sanitarios limitados.

Para muchos niños, la enfermedad ya no es una excepción, sino una parte recurrente de una vida marcada por el agua insalubre y las condiciones precarias.

La propia tierra sufre su propia pérdida silenciosa. Grandes extensiones de tierras de cultivo, olivares y vegetación han resultado dañadas o destruidas.

El suelo que antes absorbía la lluvia y sustentaba los cultivos se encuentra ahora degradado y compactado, lo que reduce tanto la producción de alimentos como la renovación natural de las aguas subterráneas. El resultado es un ciclo de escasez cada vez más profundo: menos agua, menos alimentos, menos recuperación.

En respuesta al colapso de los servicios de agua y saneamiento, Caritas Jerusalén está ofreciendo agua en camiones cisterna y kits de emergencia de agua, saneamiento e higiene (WASH) a las comunidades con acceso limitado al agua potable en Gaza.

El objetivo es reducir la divulgación de enfermedades y ayudar a las familias a mantener las condiciones más básicas de higiene y dignidad.

Sin embargo, detrás de cada término técnico y cada informe hay algo más sencillo y más grave: las familias haciendo cola para obtener agua que tal vez no llegue, niños que enferman por lo que se ven obligados a beber, y padres que intentan mantener una apariencia de vida normal, en condiciones que ya no parecen normales en absoluto.

La crisis del agua en Gaza no se debe únicamente a un fallo de las infraestructuras. Se trata de la lenta erosión de algo mucho más frágil: la sensación de que el mañana podría ser más fácil que el hoy.

Por Harout Bedrossian, responsable de Desarrollo de Recursos de Caritas Jerusalén

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