Atención en clase y deberes escolares: cómo aprovecharlos al máximo
Ya hemos comentado por aquí la necesidad que existe en clase: atender a todo lo que diga el profesor con el fin de no perdernos nada. De esta forma podréis estar siempre informados, además de conocer todo lo que os comentará el profesor. Centrémonos en la primera cosa que os hemos dicho: la información relevante. ¿Qué sucedería si no supiéramos lo que pasa en la clase? Básicamente, os perderíais muchas cosas, pudiendo incluso llegar al suspenso y acumulando lagunas que más tarde son difíciles de recuperar.
La atención para informarse es fundamental debido a que los profesores, entre otras cosas, os dirán lo que tenéis que hacer en casa. Es decir, os comentarán los deberes que tenéis pendientes y, en el caso de que no lo sepáis, los docentes comprobarán que tenéis un problema. De hecho, no podréis llevarlos hechos ya que desconocéis su existencia, un error que puede provocar más de un inconveniente tanto en las notas como en la confianza que el profesor tiene en vuestro compromiso.
Hay muchos profesores que le prestan especial atención al hecho de que hayáis llevado los trabajos todos los días, por lo que es muy recomendable que los hagáis lo mejor posible. Además, eso también os servirá para estudiar, ya que estarán relacionados con lo que hayáis aprendido en clase. Como veis, se hacen dos cosas a la vez: reforzáis contenidos y desarrolláis hábitos de trabajo que os acompañarán durante toda la vida académica.
Es muy recomendable (y necesario) que atendáis en clase. No olvidéis que los deberes son muy importantes. Intentad llevarlos siempre hechos. Eso hará que vuestra nota suba y que vuestro rendimiento, de la misma manera, se vea mejorado de diferentes formas. En el caso de que tengáis algún inconveniente, siempre podéis preguntar a los propios profesores para resolver dudas, acordar adaptaciones o aclarar cualquier instrucción que no haya quedado clara.
Qué son los deberes escolares y para qué sirven

Los deberes escolares son tareas asignadas por el profesorado para que el alumnado las realice fuera del horario lectivo. Su objetivo principal es reforzar los conocimientos y habilidades adquiridos en clase, pero van mucho más allá de repetir ejercicios: ayudan a desarrollar la responsabilidad personal, la organización del tiempo y la autonomía para aprender sin la supervisión constante del docente.
A través de los deberes se fomenta la autorregulación: el estudiante aprende a planificar, a empezar una tarea aunque no le apetezca demasiado, a tolerar la frustración cuando algo cuesta y a comprobar sus propios progresos. Los buenos deberes también pueden mejorar la gestión emocional, porque enseñan a manejar el estrés de un examen próximo o de un trabajo largo, siempre que el volumen de tareas sea razonable.
La clave no está tanto en la cantidad de tiempo dedicada a los deberes como en cómo se realizan. Investigaciones educativas señalan que la relación entre número de horas y rendimiento no es lineal: a partir de cierto punto, un exceso de deberes puede empeorar los resultados, aumentar el cansancio y generar conflictos familiares. Por eso, resulta más efectivo un volumen moderado de tareas, bien diseñadas, frecuentes y ajustadas al nivel real del grupo.
En este sentido, distintos estudios coinciden en que el factor que mejor explica el rendimiento no es solo el tiempo sentado frente al cuaderno, sino la cantidad de tareas realmente completadas y la capacidad de optimizar ese tiempo, evitando distracciones y trabajando con concentración. Es decir, importa mucho más la calidad de la dedicación que los minutos totales.
Atención en clase: base de unos buenos deberes

La forma en que escuchas en clase condiciona directamente cómo harás los deberes después. Estar atento permite comprender las explicaciones, tomar notas útiles y preguntar cuando algo no se entiende. De este modo, al llegar a casa los ejercicios se convierten en una oportunidad de práctica y no en una fuente de frustración porque no recuerdas qué había que hacer.
Cuando se mantiene una atención sostenida en el aula, se reduce el tiempo que luego se necesita para completar las tareas. El esfuerzo se reparte mejor: primero se entiende la teoría, luego se practica con apoyo del profesor y finalmente se consolida el aprendizaje mediante los deberes. Si se pierde este primer paso de escucha activa, el resto del proceso se vuelve más pesado y menos eficaz.
Además, muchos docentes tienen en cuenta la regularidad en la entrega y la calidad de los trabajos como parte de la evaluación continua. Esto significa que, aunque un examen pese mucho, la actitud en clase y el cumplimiento de las tareas pueden marcar la diferencia entre un aprobado ajustado y una calificación más alta.
Conviene recordar que la atención no es solo “estar en silencio mirando al profesor”. Implica seguir el hilo de lo que se explica, relacionarlo con lo ya aprendido, anticipar preguntas y evitar distracciones del entorno. Una buena estrategia es anotar brevemente las instrucciones de los deberes en la agenda o cuaderno en cuanto el docente las indica, para no olvidarlas al final de la jornada.
Cuando hay dificultades de atención más marcadas, como en el caso del TDAH u otros retos de aprendizaje, resulta especialmente importante que la escuela y la familia colaboren para ajustar la cantidad de tareas, ofrecer instrucciones claras y permitir pequeños descansos que ayuden a mantener la concentración sin llegar al agotamiento.
Beneficios de los deberes para el rendimiento y las habilidades personales

El objetivo de los deberes es reforzar los conocimientos y habilidades adquiridos en clase, por tanto, en general se orientan a desarrollar la responsabilidad personal e individual de cada estudiante con su propio proceso de aprendizaje. Si bien es cierto que existe un amplio debate respecto de la sobrecarga de actividades escolares fuera del horario de clases, lo cierto es que las tareas bien planificadas favorecen el desarrollo de hábitos de estudio que serán útiles para el resto de la vida.
Es fundamental encontrar un equilibrio saludable entre el tiempo que se pasa en la escuela, el que se dedica a los deberes y el que se reserva para el descanso, el ocio y la vida en familia. Las investigaciones muestran que los mejores resultados se asocian con cantidades moderadas de tareas diarias y con una frecuencia adecuada, evitando tanto la ausencia total de deberes como el exceso que invade todas las tardes.
También se ha observado que la forma de diseñar las tareas influye en la motivación y el compromiso. Los deberes diversos (de repaso, de preparación de un tema, de organización de materiales, de elaboración creativa, etc.) resultan más motivadores que las fichas repetitivas. Además, cuando el alumnado comprende el propósito de cada tarea y percibe que está a su alcance, aumenta su implicación y mejora su autoestima académica.
Otro aspecto importante es la equidad. Una carga de deberes excesiva puede amplificar las diferencias entre estudiantes con distintos recursos familiares, tiempo disponible o apoyo en casa. Por eso, es recomendable que los centros educativos reflexionen sobre el volumen y la dificultad de las tareas y se aseguren de que la gran mayoría del alumnado pueda realizarlas en un tiempo razonable sin necesidad de apoyos extraordinarios.
En el caso del alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo, a menudo se requiere ajustar la cantidad, fragmentar las tareas en pasos más pequeños o permitir más tiempo para completarlas. La calidad del acompañamiento familiar y escolar, centrado en la organización, la autorregulación y la motivación, suele resultar más eficaz que dedicar muchas horas sin estructura ni objetivos claros.
Cómo mejorar la atención en clase y aprovechar mejor los deberes
Uno de los mayores obstáculos para la formación en la edad escolar es el déficit de atención, considerando que esta es fundamental para un eficiente proceso de aprendizaje. Dicha condición va en aumento debido al uso excesivo de la tecnología, la sobreexposición a estímulos sensoriales, la publicidad, la falta de sueño, la alimentación inadecuada y otros factores que saturan la mente e impiden concentrarse.
A continuación, te presentamos 10 estrategias para ayudarte a mejorar la atención en clase y, al mismo tiempo, aprovechar mejor los deberes:
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Encuentra o construye tu motivación
Cuando estás motivado tienes más energía para prestar atención y aprender. Genera tu motivación a través de establecer metas claras y compromisos contigo mismo, con tus padres y con tus docentes. Fijar una recompensa razonable por tus esfuerzos combatirá el aburrimiento y te mantendrá interesado en clase, siempre que el foco principal siga siendo tu propio progreso. -
Practica la atención plena
Para emplear este tipo de meditación, comienza con la elección de un objeto de enfoque, como la respiración o las sensaciones corporales. La meta es centrar la atención en el momento presente y en el objeto elegido, dejando de lado cualquier otro pensamiento o distracción. Durante la meditación, es común que surjan pensamientos: en lugar de luchar contra ellos o juzgarlos, acéptalos, obsérvalos y déjalos fluir. Posteriormente, vuelve a tu respiración u objeto de enfoque. Lleva a cabo esta tarea de 3 a 5 minutos diarios y verás buenos resultados a corto plazo en tu capacidad de concentración. -
Prioriza y divide el trabajo
Si te dejan trabajo en clase, pon en primer lugar los deberes más importantes para que puedas centrarte en ellos. Si son de mucha complejidad, divídelos en partes pequeñas para avanzar paso a paso. Verás que es más fácil progresar cuando transformas una tarea grande en segmentos manejables y te marcas pequeñas metas intermedias. -
Reduce las distracciones
Elimina o reduce las distracciones que te alejen de tus tareas y de la clase; apaga tu teléfono móvil, pide a tus compañeros que no te distraigan y ten enfrente de ti los elementos que necesitas para cumplir con tu deber para con la asignatura. Un entorno ordenado, sin ruidos innecesarios y con materiales preparados, facilita mantener la atención durante más tiempo. -
Haz descansos regulares
Tomar descansos regulares te ayudará a recargar energía y evitar la fatiga mental. Esto debe ser solo después de haber avanzado con tus proyectos, ya que comenzar con un descanso sería únicamente un modo de evadir las tareas, es decir, de procrastinar. Muchos expertos consideran que una persona puede destinar un buen grado de atención durante unos 20 minutos seguidos. Después de este tiempo, se reduce significativamente. Realiza un pequeño descanso: acude al sanitario, lava tu rostro o respira profundamente durante un minuto y vuelve a clase o a tus deberes. -
Duerme lo suficiente
Dormir es fundamental para conservar una buena salud mental y mejorar la atención. Trata de dormir un número de horas adecuado a tu edad y prepara tu sueño con ejercicios de relajación previos, evitando pantallas brillantes y actividades muy estimulantes justo antes de acostarte. -
Escribe tus pensamientos
Este ejercicio consiste en que escribas todo lo que vas pensando en el momento, sin importar lo que sea. Si te distraes con tus pensamientos y dejas de escribir, cuando lo notes, anota una marca al margen del cuaderno y vuelve a escribir. Si es algo o alguien más lo que te desconcentra, anota una marca diferente. La dinámica ayuda a observar tus distracciones, mantenerte activo e identificar qué te aparta de tu tarea, además de impulsarte a regresar a la actividad que era tu prioridad en ese momento. -
Toma notas durante la clase
Tomar notas es una excelente manera de estar activo y comprometido durante la clase. Puedes hacerlo de la forma que más te acomode y sirva: mapas mentales, esquemas, resúmenes breves, uso de colores para destacar ideas clave, conceptos y flechas para relacionarlos, etc. Estas notas serán luego tu guía para realizar los deberes con más seguridad. -
Participa activamente en la clase
Participa en discusiones y actividades para entrenar tu mente y enfocarte en la tarea en cuestión. Haz todas las preguntas pertinentes que tengas, verifica con ejemplos y busca sentirte involucrado. Cuanto más interactúas, mejor recuerdas la información y menos esfuerzo necesitarás después en casa. -
Haz ejercicios de respiración
Antes de comenzar la asignatura o de ponerte con los deberes, realiza ejercicios de respiración profunda que favorezcan la relajación y la concentración. Por ejemplo, inhala durante 7 segundos, conserva el aire 7 segundos y exhala en el mismo tiempo. Hazlo dos o tres veces antes de empezar y notarás una diferencia positiva al dejar atrás preocupaciones o nervios.
Si estás teniendo problemas frecuentes para concentrarte, vale la pena acudir a personas expertas en psicopedagogía para analizar e identificar las causas. Las emociones influyen en nuestra motivación para atender los deberes escolares y, cuando hay ansiedad, tristeza o desmotivación intensa, puede ser necesario un apoyo más especializado.
Papel de las familias y de la escuela en los deberes
Como todo hábito, para instalar los hábitos de estudio se requiere práctica sistemática y rutinaria. En un inicio, esta debe ser dirigida, guiada y orientada por otra persona, hasta que el estudiante la adopte como propia y pueda desarrollarla de manera autónoma. Mientras menos edad tengan los estudiantes más requieren del apoyo y guía del adulto, lo que no quita que los jóvenes también lo necesiten, solo que de una forma diferente y más negociada.
Para orientar a los adultos en cómo guiar a los estudiantes en el desarrollo de sus deberes escolares, compartimos estos 10 útiles consejos que todo docente puede transmitir a las familias:
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Conozca a los profesores de su hijo y cuáles son sus objetivos
Asista a las reuniones escolares, como las de padres y profesores, para conocer mejor al profesorado. Pregunte acerca de lo que esperan de los deberes y sobre cómo debería implicarse usted en casa. Una comunicación fluida ayuda a alinear expectativas y a detectar dificultades a tiempo. -
Establezca un área adecuada para hacer los deberes
Asegúrese de que el niño dispone de un lugar bien iluminado para hacer los deberes y de que tiene a mano el material escolar necesario (papel, lápices, pegamento, tijeras, cuadernos…). Un espacio estable y ordenado transmite la idea de que el estudio es una actividad importante y cotidiana. -
Establezca un horario regular para estudiar
Algunos niños trabajan mejor por la tarde, después de merendar y de un período de juego, mientras que otros prefieren esperar a después de la cena. Sea cual sea la opción, conviene fijar un horario relativamente fijo para que el estudio se convierta en parte natural de la rutina diaria. -
Ayúdele a diseñar un plan de trabajo
En los días en que tenga un volumen importante de deberes o cuando deba iniciar una tarea escolar especialmente compleja o pesada, anime a su hijo a dividirla en partes más manejables. Si es necesario, ayúdele a elaborar un horario de trabajo para ese día o período y pídale que se tome 10-15 minutos de descanso después de cada tramo de estudio. -
Reduzca al mínimo las distracciones
Esto engloba la televisión encendida, la música alta y las llamadas de teléfono. En algunas ocasiones una llamada a un compañero de clase sobre una tarea escolar concreta puede ser útil, pero conviene que el ambiente general favorezca la concentración y no fomente la multitarea constante. -
Asegúrese de que su hijo hace su propio trabajo
El estudiante no aprenderá nada si otra persona resuelve por él. Los padres pueden hacer sugerencias, formular preguntas que orienten y ayudar a entender instrucciones, pero el proceso de pensamiento debe estar en manos del niño. Equivocarse forma parte del aprendizaje. -
Motive y supervise
Pregunte por las tareas escolares, controles y exámenes. Apoye, revise que ha completado los deberes y transmítale el mensaje de que puede acudir a usted cuando tenga preguntas o algo le preocupe. Una supervisión cercana, pero no invasiva, refuerza la responsabilidad y reduce el riesgo de que se acumulen tareas sin hacer. -
Dé un buen ejemplo
Los niños son más proclives a seguir el ejemplo que los consejos. Si lo ven leyendo, organizando su propio tiempo o formándose, entenderán que el estudio es una actividad valiosa también en la vida adulta. -
Elogie su esfuerzo y sus logros
Reconozca los progresos, no solo las notas. Puede colgar en la nevera un examen o trabajo artístico donde haya obtenido un buen resultado, comentar sus logros académicos con otros familiares y, sobre todo, destacar el esfuerzo sostenido que hay detrás de cada mejora. -
Busque ayuda si hay problemas constantes
Si su hijo tiene constantemente problemas con los deberes, hable con su profesor. Puede haber dificultades de visión, de aprendizaje específico o de atención que requieran evaluación y apoyos concretos. Detectarlas pronto evita que se consolidan como fuente de fracaso escolar y desmotivación.
Deberes y TDAH: estrategias específicas
A medida que los niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) crecen, también aumentan sus responsabilidades escolares. Hacer los deberes, una parte importante del aprendizaje y de la evaluación, puede convertirse en un momento especialmente difícil para estas familias: aparecen excusas, discusiones, llantos o bloqueos, y tanto padres como hijos se sienten frustrados.
Este problema se puede aliviar si se siguen algunas pautas adaptadas a las características del TDAH:
- Organizar una rutina estable: establecer horarios claros para desayunar, hacer los deberes, ducharse o acostarse ayuda a anticipar lo que viene a continuación y reduce la resistencia al cambio de actividad.
- Preparar juntos la estrategia: al inicio de la tarde de estudio, sentarse unos minutos con el niño para revisar qué tareas tiene, cuánto tiempo estima que le llevará cada una y en qué orden las hará.
- Dividir las tareas en pasos pequeños: al costar más concentrarse y escribir, es útil ofrecer fragmentos de trabajo más breves, con pequeños descansos intercalados, para mantener el esfuerzo sin saturación.
- Ajustar la cantidad de deberes: en algunos casos, unos pocos ejercicios bien hechos bastan para demostrar lo aprendido. Si el niño está desbordado, puede dejarse constancia al profesor de hasta dónde ha llegado.
- Hacer la tarea con un compañero: estudiar con otro alumno puede aportar modelos, trucos y motivación adicional, siempre que se mantenga un clima de trabajo y no se convierta en un juego permanente.
- Dar instrucciones claras y de una en una: las consignas largas y complejas son difíciles de retener, por lo que conviene desglosarlas en pasos breves y comprobar que se han entendido.
- Brindar presencia y apoyo: aunque se fomente la autonomía, es importante que el niño sienta que el adulto está disponible para resolver dudas puntuales y ofrecer ánimo.
- Aumentar la motivación con refuerzos: se puede acordar alguna recompensa concreta y razonable por concluir la tarea (un rato extra de juego, elegir la película, etc.), sin convertir el premio en la única razón para trabajar.
Si, pese a estas pautas, la hora de los deberes continúa siendo muy estresante, conviene solicitar orientación de profesionales especializados en TDAH y aprendizaje, así como mantener una comunicación estrecha con el centro escolar para ajustar apoyos, adaptaciones y expectativas.
La atención en clase y los deberes escolares, bien planteados, se transforman en una herramienta poderosa para aprender, ganar autonomía y construir un futuro académico más sólido; combinar un diseño adecuado de tareas, una buena organización del tiempo y el apoyo coordinado de familia y escuela marca la diferencia entre vivir las tardes de estudio como una lucha o como una oportunidad real de crecimiento.