«Antes me encantaba el sonido de la lluvia. Ahora cada gota me da miedo»

Publicado por Emprendimiento en

El evento de Caritas en la COP30 da voz a los supervivientes del ciclón y exige justicia climática

Belém, Brasil, 11 de noviembre de 2025

«Antes me encantaba el sonido de la lluvia. Ahora cada gota me da miedo». La voz de Joy Reyes, activista por la justicia climática y superviviente del supertifón Ulises en Filipinas, resonó a través de la sala 5 de eventos paralelos en Belém.

Sus palabras marcaron la pauta de un rico debate organizado por Caritas Internationalis en la COP30, en el que los testimonios de Asia y Latinoamérica dejaron claro un mensaje: los Estados deben dejar de tratar la financiación climática como una cuestión de caridad y empezar a tratarla como una cuestión de justicia.

El evento, titulado «El imperativo moral de la financiación climática: abordar la deuda ecológica en un año jubilar», fue organizado conjuntamente con CAFOD, Catholic Relief Services (CRS), el Grupo de Trabajo sobre Deuda y Clima y Living Laudato Si’ Philippines.

Alistair Dutton, secretario general de Caritas Internationalis y moderador del panel, captó la urgencia desde el principio:

«Estamos en tierras del Amazonia, el pulmón de la Tierra. Algunos han disfrutado de los beneficios del desarrollo, pero otros han tenido que pagar la factura. La justicia exige que quienes más han contaminado sean quienes más paguen».
Alistair Dutton, secretario general de Caritas International

Alistair Dutton, secretario general de Caritas Internationalis

El testimonio de Reyes basó sus palabras en la experiencia vivida. Recordó la noche en que los vientos de Ulises arrasaron a través de su ciudad natal, obligando a su familia a huir de la crecida. «Me encantaba el sonido de la Lluvia, pero ahora cada gota me da miedo», afirmó.

Voces de los supervivientes del cambio climático

Su voz tembló ligeramente cuando añadió: «La resiliencia no es justicia. No queremos ser resilientes. No estamos pidiendo clemencia. Estamos exigiendo rendición de cuentas». Reyes transformó el árido vocabulario de las finanzas climáticas —cifras y promesas— en una vívida historia humana, describiendo cómo llevó a sus abuelos al piso superior mientras las aguas inundaban toda su casa.

S. Exc. Pablo obispo Virgilio David, © Marcus Tulio / Cáritas Latinoamérica y el Caribe

Mons. Pablo Virgilo David, presidente de la Conferencia Episcopal católica de Filipinas, habló sobre los efectos devastadores de los ciclones y tifones recurrentes que azotan su país. «Un motor giratorio de calor oceánico que cubre cientos de kilómetros, capaz de borrar costas enteras de la noche a la mañana», dijo.

«A aquellos que aún niegan los efectos del cambio climático, les invito amablemente a vivir con nosotros durante un año en el país más propenso a los desastres del mundo».

Mons. Pablo Virgilio David

Pidió que se pasara de los préstamos a la restitución, señalando el sombrío desequilibrio en 2022, cuando los países en desarrollo pagaron 59 000 millones de dólares en deuda, al mismo tiempo que solo recibieron 28 000 millones de dólares en financiación privada para el clima, la mayor parte en forma de préstamos.

 

Desde Latinoamérica, Carola Micaela Mejía, economista boliviana y coordinadora de Justicia Climática de LATINDADD, enmarcó la cuestión en términos políticos y estructurales. «La deuda es un instrumento neocolonial, porque mantiene a las naciones dependientes, incluso cuando se enfrentan en primera línea a la destrucción por el clima», afirmó.

Carola Micaela Mejía, © Marcus Tulio / Cáritas Latinoamérica y CaribeCarola Micaela Mejía, © Marcus Tulio / Cáritas Latinoamérica y Caribe
Carola Micaela Mejía, © Marcus Tulio / Cáritas Latinoamérica y Caribe

Mejía citó datos que demuestran que Latinoamérica gasta tres veces más en pagar la deuda que en salud y educación, y que países como Colombia destinan más del 20 % de sus presupuestos públicos al pago de la deuda y menos del 1 % en las medidas frente al clima. Pidió un marco de la ONU para la resolución de la deuda soberana, argumentando que «el poder de decidir no debe seguir en manos de quienes contribuyeron a crear la crisis».

La reivindicación moral que se desprendió del evento fue clara y sencilla: quienes más contaminaron deben reparar más. Mons. David describió una propuesta pastoral de Mindanao, un «arancel terrestre», que exige a los extractores de combustibles fósiles realizar contribuciones obligatorias en el punto de extracción. «No se trata de una compensación ni de una laguna jurídica», afirmó, «sino de una obligación reparadora».

Reyes volvió a destacar la insuficiencia de las actuales iniciativas. «La financiación para pérdida y daños asciende solo a 700 millones de dólares, una cantidad insignificante para lo que se necesita», afirmó.

«Durante catorce años, ningún país ha rendido cuentas por no cumplir la promesa de 100 000 millones de dólares. ¿Por qué las víctimas tienen que pedir préstamos para reconstruir lo que otros han destruido?».
Joy Reyes, activista por la justicia climática

Joy Reyes, activista por la justicia climática

Lucas D’Ávila, coordinador nacional de Gestión Ambiental, Riesgos y Emergencias de Cáritas Brasileira, compartió las conclusiones de un estudio interregional realizado en catorce territorios. «La pobreza y la vulnerabilidad climática son dos caras de la misma moneda», afirmó.

Lucas D’Ávila, © Marcus Tulio / Cáritas América Latina y Caribe

«En Brasil, el 80 % de las familias están endeudadas y el gasto social se ve reducido por el pago de intereses. Sin embargo, las comunidades no se quedan de brazos cruzados».

Describió los grupos de financiación solidaria, las casas de semillas y los bancos comunitarios que prestan apoyo a miles de personas en toda la región. «Cada rama del río tiene su propia realidad. Cada comunidad tiene su propia forma de pensar y actuar. Es necesario consultarles».

Compromiso de Escocia en los programas de pérdida y daños

Gillian Martin, miembro del Parlamento escocés y secretaria del Gabinete para las Medidas Frente al Clima y la Energía, destacó el liderazgo de Escocia en la consecución de una justicia climática real más allá de las promesas. Señaló que el primer ministro John Swinney ha exigido a los ministros a establecer un compromiso directo con las comunidades de África oriental que se benefician de los programas de justicia climática y pérdida y daños de Escocia, tras su visita a Zambia y Malaui.

Martin subrayó que Escocia considera la financiación climática como una inversión en vidas, no como un gesto de caridad, y exhortó a las economías más grandes a pasar de las promesas a la práctica, confiando en las comunidades locales para diseñar e impulsar su propio futuro resiliente.

La ministra escocesa Gillian Martin y Alistair Dutton, secretario general de Caritas Internationalis, en el centro con todos los ponentes, © Marcus Tulio / Cáritas América Latina y Caribe

Al concluir el debate, los ponentes advirtieron contra las «soluciones falsas», como los canjes de deuda, que permiten seguir como si nada al mismo tiempo que ofrecen la ilusión de progreso. Mejía destacó que menos del 10 % de la financiación para la adaptación llega a las acciones locales y menos del 1 % se destina directamente a las comunidades indígenas.

Todos coincidieron en que si las comunidades locales e indígenas formaran parte del proceso de toma de decisiones, esto no sería así. Los representantes de muchas organizaciones miembro de Caritas que asistieron al evento renovaron su compromiso de seguir luchando por la justicia en materia de deuda y por una financiación climática reparadora.

Por Susan Dabbous, encargada de Redacción y Medios de Comunicación de Caritas

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