Día Mundial contra la Trata: Más allá de la estafa, el rostro humano de la explotación
Con motivo del Día Mundial contra la Trata de Personas (30 de julio), Caritas Internationalis, en su calidad de miembro de COATNET (Christian Organisations Against Trafficking NETwork), una red mundial de organizaciones religiosas comprometida en la lucha contra la trata de personas, se suma al llamamiento de la ONU para hacer frente a una de las formas de trata que más rápido está creciendo: la explotación de personas obligadas a llevar a cabo estafas en línea y fraudes a través de Internet.
El lema de las Naciones Unidas de este año, «Atrapados en la estafa», nos recuerda que detrás de muchas llamadas telefónicas fraudulentas, planes de inversión falsos y estafas en línea no solo se encuentran delincuentes, sino también víctimas de la trata que han sido engañadas, coaccionadas, amenazadas y obligadas a participar en actividades delictivas por redes de delincuencia organizada.
Con motivo de este día, tenemos el honor de compartir el testimonio de Apinya Tajit, directora nacional adjunta de Stella Maris, en la diócesis de Chanthaburi (Tailandia), una organización miembro de COATNET. Su relato de primera mano revela la realidad humana que se esconde tras las estafas en línea y destaca la importancia de la prevención, la protección de los supervivientes y la estrecha colaboración entre las organizaciones religiosas y las fuerzas del orden.
La historia que figura a continuación la ha compartido Apinya Tajit, directora nacional adjunta de Stella Maris, en la diócesis de Chanthaburi (Tailandia), una organización miembro de COATNET que colabora estrechamente con Caritas Tailandia.




Detrás de la llamada fraudulenta: el rostro humano de la estafa en línea
En un momento en el que las estafas en línea aumentaban rápidamente, recibí una llamada de agentes de la Real Policía de Tailandia, un equipo de las fuerzas del orden con el que había colaborado en varios casos. Me informaron de que tres jóvenes tailandesas del sur de Tailandia habían sido engañadas para que viajaran a Myanmar, con promesas de buenos empleos, salarios elevados, alojamiento, comida y comisiones.
Al llegar, descubrieron que las habían llevado a un complejo dedicado a las estafas y que las obligaban a trabajar como estafadoras. Se esperaba que generaran millones de baht al mes, engañando a las víctimas. Incapaces de cumplir los objetivos, vivían sumidas en un miedo constante. Fueron testigos de cómo a otras trabajadoras las golpeaban, las afeitaban a la fuerza y las sometían a descargas eléctricas a modo de advertencia para el resto.
Recibimos una petición urgente para ayudar a una de las mujeres. Nos informaron de que estaba a punto de ser vendida a otro grupo delictivo y que podría desaparecer para siempre si no interveníamos urgentemente.
Me puse en contacto con la presidenta de Talitha Kum Tailandia y comenzaron las negociaciones para su liberación. Los delincuentes exigieron primero 30 000 baht tailandeses, luego 50 000 y, finalmente, 100 000 baht. Les dejé claro que no disponíamos de esa cantidad. Finalmente, accedieron a aceptar 50 000 baht, que Talitha Kum Tailandia ofreció.
Antes de transferir el dinero, me coordiné estrechamente con la policía tailandesa. El rescate se transfirió a una cuenta bancaria en Tailandia vinculada a la red delictiva, lo que permitió a las fuerzas del orden emprender acciones legales contra el titular de la cuenta.
Hacia la una o las dos de la madrugada, la joven fue puesta en libertad a orillas de un río en el lado de Myanmar. Un alto cargo de la policía tailandesa cruzó el río para recibirla y traerla sana y salva de vuelta a Tailandia. La llevaron a un refugio y ella ofreció información crucial sobre la red delictiva.
Más tarde, reconoció al jefe de la red de estafas en Facebook y descubrió que este tenía previsto volar a Tailandia, haciéndose pasar por un promotor involucrado en la organización de un evento de boxeo a nivel nacional. Informó de inmediato a la policía. La policía pudo actuar en base a su información y lo detuvo a su llegada al aeropuerto.
La joven quedó por fin libre.
Este caso me enseñó que las estafas en línea no son solo delitos cibernéticos o fraudes financieros. Detrás de algunas llamadas fraudulentas hay personas que a su vez han sido engañadas, víctimas de la trata, amenazadas y obligadas a cometer delitos. A veces, la persona que realiza la llamada fraudulenta también puede ser una víctima que clama en silencio pidiendo ayuda.
A través de mi trabajo continuo con las autoridades gubernamentales y las fuerzas del orden, también he sido testigo de cómo muchos niños y jóvenes se convierten en víctimas de la explotación en línea. Muchos casos afectan a alumnos de nuestras escuelas católicas. Los delincuentes pueden dar por sentado que estos alumnos proceden de familias con recursos económicos y los eligen como objetivo para extorsionarlos.
Algunos utilizan las estafas románticas y la captación en línea. Se ganan la confianza del menor, le hacen sentir querido y le manipulan para que se tome fotografías íntimas. Estas imágenes se utilizan posteriormente para la extorsión sexual y pueden difundirse o venderse a través de redes delictivas, incluyendo la web oscura.
Por este motivo, viajo a colegios católicos de toda Tailandia para ofrecer capacitación sobre seguridad en línea y sensibilización frente a las estafas. También trabajo con niños y jóvenes en colegios de las zonas fronterizas de Tailandia, ayudándoles a comprender cómo los traficantes reclutan a personas para llevarlas a complejos dedicados a las estafas y cómo las redes delictivas reclutan a jóvenes para que actúen como «mulas de dinero», abran cuentas bancarias o faciliten escaneos faciales y verificación biométrica.
Para mí, la prevención debe comenzar antes de que un niño se convierta en víctima.
Proteger a los niños de la explotación en línea no consiste únicamente en enseñarles a utilizar la tecnología de forma segura. Se trata de proteger su dignidad, su libertad y su futuro.
Apinya Tajit