Permacultura: #SABERES para un futuro posible
Una cultura permanente comienza cuando colaboramos con la naturaleza, y no trabajando en su contra. Renaturalizando nuestros hábitats “captamos” esa energía y volvemos a esa capacidad de un entorno construido por la humanidad que pueda ofrecer condiciones saludables, ecológicas y armónicas con el medio a quienes lo habitan. No se trata únicamente de construir viviendas “eficientes” o “bioclimáticas”, sino de crear hábitats donde la vida pueda florecer.
La permacultura nos ofrece un marco ético y práctico para comprender el ecohabitar como un proceso vivo. Sus tres éticas, Cuidar de la Tierra, Cuidar de las Personas y Cuidar del Futuro (o Compartir los Excedentes), nos invitan a (re)diseñar los espacios que habitamos para que sean regenerativos y permanentes en el tiempo, cubriendo esas tres directrices.
Nuestras intervenciones se harán efectivas en tres dominios. David Holmgren las agrupa de la siguiente manera en su último libro “RetroSuburbia”: the Built (lo construido), the Biological (lo biológico), the Behavioural (los hábitos), haber hecho una redistribución de los temarios antes representados en la Flor de la Permacultura. En nuestra traducción de los tres dominios lo llamamos “el HBC” (los Hábitos, lo Biológico, lo Construido).
Observo, diseño, implemento, mantengo…
Me llamo Aline Van Moerbeke. No, no soy de aquí. Y sí, me siento de “aquí”. Aporto mi trabajo en La Casa Integral. Cada día me conecto con mi contexto. Aquí, ahora. Y observo, diseño, implemento, mantengo… para una mejor biohabitabilidad, para yo poder ser sostenida, para yo poder sostener, por lo menos en lo que me toca, lo que pueda.
Trabajando en una inmobiliaria conocí la bioconstrucción en 2009 y la permacultura en 2011. Desde ese momento comprendí que la biohabitabilidad no trata solo de casas o eficiencia energética, sino de nuestra relación íntima con la Tierra. Habitar es también dejarnos habitar por ella, conectadas por el microbioma; reconocer que la naturaleza es maestra y que cada gesto cotidiano, construir, comer, cultivar vínculos, es un acto político, ecológico y espiritual, siempre creador de nuestro contexto. Es entender que como personas no estamos solas, sino que somos interdependientes, formamos parte de un gran sistema.
Como aprendí en la Naturopatía, “el terreno lo es todo”: la biohabitabilidad para mí es entonces un cuidado radical de nuestro paisaje interior y del entorno compartido. Y este cuidado se diseña, se implementa y se cultiva cada día.
La Biohabitabilidad y la permacultura
Cada intervención en nuestro hogar, barrio o territorio puede restaurar la fertilidad del suelo, la disponibilidad de agua, la biodiversidad y mejorar la resiliencia comunitaria. No se trata de imponer soluciones universales, sino de observar el territorio, dialogar con su memoria, analizar nuestro presente y responder desde el respeto a su singularidad social, climática, cultural y social, y a la tuya propia. Así que… la respuesta favorita de la permacultura es: ¡depende! Cada diseño de Permacultura dependerá de su contexto sistémico.

Saberes para un futuro posible
Trabajamos con este enfoque holístico a través del marco “Saberes para un futuro posible”. Estos saberes conforman un mapa de acción que integra las tres éticas y los tres dominios antes mencionados y ofrece una estructura a seguir, identificando siete dimensiones de una permacultura, o de una biohabitabilidad, que recorremos con consultorías, diseños e implementaciones, formaciones y acompañamientos. Para honrar la conciencia de las personas originarias queremos usar la palabra “saberes” como acrónimo, como apoyo, para facilitar una reconexión con nuestra propia indígena del lugar.
1. S de la Soberanía Alimentaria
La alimentación está en el corazón de la biohabitabilidad. Cada decisión alimentaria regenera o degrada territorios. Cultivar huertos familiares, practicar agroecología y fortalecer redes de consumo local nos devuelve la soberanía sobre nuestra salud y sobre los paisajes que habitamos.
Si recuperamos aunque sea un 10% de nuestra capacidad productiva, como decía Bill Mollison, reducimos la dependencia del sistema degenerativo actual y reforzamos nuestra resiliencia.

2. A de Agua
El agua es vida, emoción, memoria y regulador climático. Sin ella no hay futuro habitable. Captar, almacenar y depurar agua de manera natural nos permite romper el ciclo degenerativo de sequías, inundaciones e incendios que hoy día marcan nuestras tierras.
Diseñar espacios que favorezcan el ciclo hidrológico natural convierte a cada hogar en un regulador vivo del agua, capaz de sostener la fertilidad y la biodiversidad. La biohabitabilidad, en este sentido, es inseparable de la rehidratación de territorios. Es urgente tomar responsabilidad por la huella impermeable de nuestro hogar e infiltrar esa agua en nuestro territorio cercano; la contaminación de agua potable con nuestras heces o con cloro debe de ser minimizada ya. La metodología 4X4 que hemos desarrollado nos ayuda en esta dimensión.
3. B de Bioconstrucción
Los materiales con los que construimos son nuestra tercera piel: determinan la salud del aire que respiramos y la huella ecológica de nuestro hogar. Bioconstruir es apostar por materiales locales, naturales y regenerativos, integrando la sabiduría tradicional con la innovación actual. Rehabilitando lo ya construido evitamos producir residuos y más emisiones.
Una vivienda concebida desde la bioconstrucción se convierte en extensión del ecosistema. Nos protege, pero también respeta los límites del territorio.
Como recordaba Bill Mollison, en climas templados, donde en el contexto hay que contar con condiciones climáticas de frío y de calor, al menos la mitad de la atención en los diseños de permacultura (los que diseñan el hábitat humano) debe de estar dedicada a la «zona 0», en las estructuras en las cuáles deben refugiarse las personas, hogares y edificios, y al uso óptimo de los recursos naturales como la luz solar y dirección del viento predominante. El reto está en no confundir habitar el contexto con aislarse: la verdadera resiliencia surge del equilibrio entre interior y exterior.
4. E de Energía
Bill Mollison también dijo: “Cosecha únicamente Sol”. Un diseño bioclimático que aproveche la luz, la sombra y la inercia térmica puede transformar un hogar sin depender de sistemas industriales intensivos. La clave, como en la naturaleza, es la eficiencia y la autosuficiencia progresiva.
Una estufa de masa térmica alimentada con biomasa cultivada en el propio jardín con aguas residuales fito-depuradas puede ser más regenerativa que una gran instalación fotovoltaica. Una lavadora compartida tiene mucho más sentido, dado que no estamos lavando ropa todo el día todos los días.
Desde el decrecimiento, el mensaje es claro: no necesitamos más infraestructuras, sino menos dependencia. La sintropía nos recuerda que la abundancia natural es posible. Vivir bien con menos es como podar un árbol: quitar lo superfluo para que lo esencial florezca con más fuerza. Es mandar mensajes de abundancia a nuestro entorno, minimizando nuestro uso energético personal.
5. R de Resiliencia personal y social
Biohabitar también significa cuidar de las personas. Los espacios luminosos, ventilados y acogedores contribuyen a nuestro bienestar físico y emocional. En nuestro “Paisaje Interior” es dónde más influencia tenemos. Diseñarlo con la permacultura, hará que el patrón se multiplique en nuestro hábitat.
Además, la biohabitabilidad representa instalar puertas en las vallas para abrirnos al vecindario, organizar compras a granel con otras familias, tejer relaciones de apoyo mutuo, compartir recursos y generar comunidad. La vivienda se convierte en un nodo comunitario para compartir y cooperar, sin olvidar la importancia de mantener espacios íntimos de cuidado personal, equilibrando lo común y lo privado.
6. E de Educación
¿Dónde y cómo creamos cultura? Principalmente en la escuela, el hogar y la comunidad. Pero, ¿qué es lo que más necesitamos aprender cuando llegamos a este mundo? La mayor maestra sigue siendo la naturaleza: observarla e interactuar con ella basta para aprender todo lo que necesitamos en nuestro paso por aquí.
Aprender haciendo y compartiendo en comunidad nos capacita colectivamente. Cada huerto, casa o río restaurado se convierte en una escuela viva donde cultivamos habilidades esenciales: alimentarnos, protegernos, colaborar, autoorganizarnos y cuidar de nuestro entorno, integrándonos plenamente en nuestro hábitat.
Cada diseño, construcción o rehabilitación de hogar, escuela, o aldea es también un proceso pedagógico. Incluir a la juventud en ellos cuánto antes, les preparará de la mejor manera para un futuro posible.

7. S de Sistémica
La biohabitabilidad no se detiene en las paredes de la vivienda. Se expande hacia barrios, pueblos y paisajes, donde los flujos de agua, energía, alimentos y relaciones se entrelazan. Pensar de forma sistémica nos ayuda a ver la casa como un fractal: lo que ocurre en lo pequeño se refleja en lo grande. Hagamos que nuestro hogar tenga un metabolismo lo más natural e interconectado posible, y estaremos en camino hacia una cultura más permanente.
Para ello, en un hogar regenerativo no se trata únicamente de “no dañar”, sino de mejorar activamente la vida a nuestro alrededor y de catalizar la transformación de toda una biorregión, inspirando a que la escala local se conecte con el cambio global. Del hogar al territorio, del territorio al planeta.
El Compromiso
Habitar es compromiso: elegir cada día entre repetir patrones degenerativos o cocrear futuros regenerativos.
Desde la permacultura recibimos ese acompañamiento que motiva, esa guía que nos indica el camino, entre presiones y tentaciones del sistema capitalista extractivista. Basándonos en las 3 éticas y en la observación y el análisis profundo de los 3 dominios podemos intervenir de la mejor manera, la manera más “natural”, en las 7 dimensiones nombradas. “Eco-habitar” se vuelve un acto de amor y cuidado colectivo, donde cada decisión consciente hace brotar el hábitat que queremos, el único sostenible en el tiempo, flexible y regenerativo.
Perfil autora:
Aline Van Moerbeke es Diplomada en Permacultura Aplicada, cofundadora de la asociación Permacultura Mediterránea y de la cooperativa La Casa Integral; es presidenta de la Academia de Permacultura Íbera, educadora acreditada por la Asociación Británica de Permacultura y facilitadora de la Dimensión Ecológica de Gaia Education. Colabora con el International Permaculture Collaborative Laboratory (CoLab), apoya las varias redes locales, europeas, globales de permacultura, cogestiona el permahub Can Cel en el Maresme, y es guía de senderismo.
La Casa Integral SCCL:
Somos una cooperativa de diseño de permacultura con tres ramas complementarias: un estudio de diseño (consultoría, diseño e implementación), un equipo pedagógico (formación y tutoría) y un espacio demostrativo, nuestro Permahub Can Cel en el Alt Maresme (Barcelona).
Nos motiva profundamente contribuir a la adaptación climática mediante el diseño hidrológico regenerativo: crear paisajes que retengan Agua, restaurar el ciclo pequeño y aumentar la resiliencia de ecosistemas y comunidades. Colaboramos con proyectos y personas que comparten una visión regenerativa del territorio, tanto en nuestras biorregiones —Alt Maresme y Mallorca— como en otros contextos.
Ofrecemos diseños, formaciones y consultorías sobre hidrología regenerativa, abordando la gestión de aguas pluviales, la depuración natural de aguas residuales domésticas, el Agua en el paisaje a distintas escalas y el diseño de piscinas naturales como refugios climáticos.
Caminamos hacia un futuro más verde y más azul, empezando hoy. Porque cada gota cuenta. https://lacasaintegral.org/
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