Sembrar un huerto es sembrar oportunidades

Publicado por Emprendimiento en

Por Aldo Farrugia

Hay proyectos que terminan cuando termina la jornada de voluntariado. Y hay otros que apenas comienzan.

Hoy quiero platicar sobre un proyecto que hemos estado haciendo este año en distintos estados de México. Plantar y sembrar huertos en casas hogares de niños y niñas que han sufrido violencia, abandono, situación de calle o distintos abusos.

Cada vez que un grupo de voluntarios llega a una casa hogar para construir un huerto urbano, no solo está sembrando semillas. Está sembrando conocimiento, hábitos, convivencia y la posibilidad de que niñas, niños y adolescentes descubran que la naturaleza también puede formar parte de su vida cotidiana.

En COMUNAL  creemos que el voluntariado debe dejar algo más que una fotografía. Debe dejar capacidades, herramientas y oportunidades que permanezcan mucho después de que los voluntarios regresen a casa.

Un huerto que transforma mucho más que un espacio

Nuestro programa de huertos urbanos reúne a colaboradores de distintas empresas con los beneficiarios de casas hogar para construir juntos espacios donde puedan cultivar alimentos.

Durante la jornada aprendemos sobre:

  • La importancia del cuidado del medio ambiente.
  • Cómo funciona un huerto urbano.
  • El valor de una alimentación más saludable.
  • La responsabilidad de cuidar un proyecto colectivo.
  • El impacto que tienen nuestras acciones sobre la naturaleza.

Al finalizar, el huerto permanece en la institución para que sean los propios beneficiarios quienes continúen cultivándolo, aprendiendo y cosechando los alimentos que ellos mismos ayudaron a sembrar.

Es un proyecto que no termina cuando acaba el voluntariado; comienza ese mismo día.

Sembrar un huerto

La educación ambiental suele enseñarse desde los libros. Pero pocas experiencias generan tanto aprendizaje como ensuciarse las manos con tierra, plantar una semilla y regresar semanas después para verla crecer.

Cuando un niño comprende que una lechuga, un jitomate o una hierba aromática requieren tiempo, agua, cuidado y paciencia, también entiende el valor del esfuerzo y de los procesos.

Los huertos enseñan algo que difícilmente se olvida: las cosas importantes no aparecen de un día para otro. Se cultivan.

En muchas casas hogar, un huerto representa también una oportunidad para complementar la alimentación de los beneficiarios con productos frescos.

Aunque no sustituye las necesidades alimentarias de una institución, sí ayuda a fortalecer hábitos saludables y a acercar a los niños al origen de los alimentos.

Además, el huerto se convierte en un espacio de convivencia donde todos participan, colaboran y comparten una responsabilidad común.

Porque cuidar una planta también es aprender a cuidar lo que compartimos.

Uno de los aspectos más valiosos del programa es la participación de colaboradores de empresas que deciden dedicar parte de su tiempo a construir algo con impacto duradero.

El voluntariado cambia cuando deja de ser una actividad simbólica para convertirse en una experiencia de aprendizaje mutuo.

Mientras los beneficiarios descubren nuevas herramientas para cuidar su entorno, los voluntarios también reflexionan sobre el privilegio de acceder a alimentos, el valor de la naturaleza y la importancia de involucrarse activamente en la solución de los desafíos sociales y ambientales.

No llegan únicamente a ayudar. Llegan a aprender, convivir y construir junto con la comunidad.

A lo largo de este programa hemos tenido la oportunidad de implementar huertos urbanos en casas hogar de:

  • Ciudad de México
  • Guadalajara
  • Monterrey
  • Tijuana

Cada ciudad representa una historia distinta, pero todas comparten el mismo objetivo: demostrar que pequeñas acciones, cuando se sostienen en el tiempo, pueden generar grandes cambios.

Vivimos en una época donde hablar de sostenibilidad implica mucho más que reciclar o reducir residuos.

También significa enseñar a las nuevas generaciones de dónde vienen los alimentos, cómo cuidar los recursos naturales y por qué nuestra relación con el planeta debe construirse desde la responsabilidad y la empatía.

Un huerto urbano no resolverá por sí solo los desafíos ambientales o alimentarios que enfrentamos.

Pero sí puede despertar la curiosidad de un niño, fortalecer una comunidad y recordarnos que el cambio, como cualquier cosecha, comienza con una semilla.

En COMUNAL creemos que las mejores iniciativas son aquellas que continúan dando frutos mucho después de haber terminado. Porque cuando sembramos juntos, no solo cultivamos alimentos: cultivamos conciencia, colaboración y oportunidades para el futuro.

Si quieres sumar a algun programa o acción de sostenibilidad no dudes en buscarnos.

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Aldo-Farrugia

El valor del altruismo, por Aldo Farrugia

Aldo Farrugia es un mexicano comprometido con el altruismo y la RS. Fundador y Director de Comunal, una agencia que promueve el impacto social mediante consultoría, marketing con causa y conferencias. También preside la Fundación Comunal, dedicada al fortalecimiento de organizaciones sin fines de lucro.

Con una formación en Mercadotecnia y certificaciones en Estrategia Comercial y Sostenibilidad, ha colaborado con más de 50 ONGs, enfocándose en ayudar a diversos grupos vulnerables, desde personas con discapacidad hasta pacientes con cáncer.

Busca transformar el individualismo en activismo, fomentando la empatía y la participación social entre los mexicanos. En 2023, desafió sus propios límites al correr el maratón de la CDMX a ciegas para apoyar a niños con retinoblastoma, logrando recaudar más de $500,000 mxn y obteniendo un Récord Guinness.

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