¿Qué tan lejos estamos de retirar el carbono que calienta el planeta?
La lucha contra el cambio climático suele centrarse en reducir emisiones, acelerar la transición energética y proteger los ecosistemas. Sin embargo, existe una realidad cada vez más evidente para la comunidad científica: disminuir las emisiones ya no será suficiente para evitar los peores escenarios climáticos. Además de contaminar menos, la humanidad deberá encontrar formas efectivas de limpiar parte del daño acumulado durante décadas.
En este contexto, las tecnologías capaces de extraer dióxido de carbono de la atmósfera han comenzado a ganar protagonismo. Aunque todavía representan una fracción mínima de los esfuerzos globales, diversos estudios advierten que su desarrollo será determinante para alcanzar los objetivos climáticos internacionales. La pregunta ya no es si serán necesarias, sino qué tan rápido podrán escalar para responder a una crisis que avanza con rapidez.
El enorme desafío de retirar el carbono antes de que sea tarde
Los investigadores coinciden en que los próximos cinco años serán decisivos para definir el papel de las tecnologías de eliminación de carbono. De acuerdo con una reciente evaluación científica, el mundo necesita desplegar estos sistemas a una velocidad comparable o incluso superior a la que experimentaron los paneles solares y los vehículos eléctricos durante sus etapas de expansión más acelerada.
De acuerdo con The Guardian, la urgencia responde a una realidad incómoda: los compromisos climáticos actuales no son suficientes. Los países han prometido eliminar miles de millones de toneladas de carbono en las próximas décadas, pero las trayectorias necesarias para limitar el calentamiento global a 1.5 °C exigen esfuerzos mucho mayores. Esta brecha entre las metas y las necesidades reales continúa ampliándose con el paso del tiempo.

William Lamb, científico del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, advierte que los compromisos existentes están lejos de alcanzar los volúmenes requeridos para estabilizar el clima. Sin una aceleración significativa, los efectos del calentamiento global seguirán intensificándose durante las próximas décadas.
¿Por qué retirar el carbono no sustituye la reducción de emisiones?
Los especialistas suelen utilizar una analogía sencilla para explicar el papel de estas tecnologías. Imaginemos una playa cubierta de basura. La forma más eficiente de resolver el problema es dejar de arrojar residuos al mar. Sin embargo, cuando la contaminación ya está presente, también resulta necesario recoger los desechos acumulados para restaurar el ecosistema.
Algo similar ocurre con el cambio climático. La prioridad sigue siendo reducir drásticamente el uso de combustibles fósiles y detener la destrucción de la naturaleza. No obstante, existen sectores económicos donde las emisiones son particularmente difíciles de eliminar por completo. En esos casos, la captura de carbono puede compensar parte del impacto residual.
Además, los modelos científicos contemplan que el planeta podría superar temporalmente el umbral de 1.5 °C antes de estabilizarse. En ese escenario, las tecnologías capaces de retirar el carbono serían fundamentales para disminuir posteriormente las concentraciones de gases de efecto invernadero presentes en la atmósfera.

Tecnologías prometedoras, pero todavía insuficientes
Actualmente, las máquinas que capturan dióxido de carbono directamente del aire y métodos como la producción de biocarbón apenas representan el 0.1% de las aproximadamente 2,200 millones de toneladas de CO₂ eliminadas cada año en el mundo. La gran mayoría proviene de soluciones basadas en la naturaleza, especialmente la restauración forestal.
Aunque las nuevas tecnologías han mostrado tasas de crecimiento cercanas al 40% anual, parten de una base extremadamente pequeña. Los investigadores señalan que apenas una quinta parte de la capacidad proyectada ha sido implementada durante los últimos años, lo que refleja la distancia entre las promesas y la ejecución.
A ello se suma otro desafío: no todos los métodos garantizan un almacenamiento permanente del carbono capturado. Algunas soluciones pueden revertirse con el tiempo debido a incendios forestales, degradación ambiental o cambios en el uso del suelo, lo que obliga a fortalecer la investigación y los mecanismos de monitoreo.

Retirar el carbono requiere más apoyo político y empresarial
El crecimiento de esta industria emergente depende en gran medida de políticas públicas estables, inversiones sostenidas y señales claras por parte del sector privado. Sin embargo, el informe identifica un panorama cada vez más frágil. Los cambios regulatorios y el debilitamiento de ciertas políticas climáticas han generado incertidumbre entre inversionistas y desarrolladores tecnológicos.
El caso de Microsoft ilustra esta situación. La compañía concentra la mayor parte de las compras de créditos asociados a nuevas tecnologías de eliminación de carbono. Sin embargo, la reciente pausa en algunas de sus adquisiciones generó preocupación sobre la dependencia excesiva del mercado respecto a un número reducido de actores corporativos.
Por otra parte, especialistas señalan que ningún país del G20 cuenta actualmente con objetivos jurídicamente vinculantes en materia de eliminación de carbono. Esta falta de compromisos sólidos dificulta la creación de un mercado estable y limita la capacidad de atraer inversiones a largo plazo para proyectos innovadores.
La ciencia es cada vez más clara: alcanzar los objetivos climáticos requerirá una combinación de acciones. Reducir emisiones, proteger ecosistemas y desarrollar tecnologías de captura de carbono deberán avanzar de manera simultánea. Apostar únicamente por una de estas estrategias no será suficiente para enfrentar la magnitud del desafío.
Hoy, la capacidad global para retirar el carbono sigue siendo limitada frente a lo que demanda el clima del planeta. Sin embargo, los expertos coinciden en que ampliar estas soluciones es indispensable para corregir parte del daño acumulado y abrir una ruta hacia la estabilización climática. La ventana de oportunidad aún existe, pero cada año de retraso hace que el esfuerzo necesario sea considerablemente mayor.