Colegas, lo que le preocupa a Xi Jinping debería preocuparnos también

Publicado por Emprendimiento en

Por Edgar López

El pasado fin de semana leí dos artículos sobre China —uno en The Economist, otro en el Financial Times. Uno sobre una campaña nacional para que los jóvenes lean más. Otro sobre espías y redes sociales. A primera vista no tienen nada que ver. Juntos plantean una preocupación que, a mi parecer, no es solo de China.

Y es que en China, millones de jóvenes han decidido, racionalmente, trabajar lo mínimo indispensable. No perseguir ascensos, no comprar casa, no seguir el guión que el sistema les propone. El fenómeno se llama tangping —lie flat en inglés, literalmente tumbarse— y no es una moda ni un capricho generacional.

Las cuentas ya no dan. Vivienda prácticamente inalcanzable en las grandes ciudades. Desempleo juvenil elevado. La cultura del 996 —trabajar de 9am a 9pm, seis días a la semana— normalizada como condición de éxito. Y al final del camino, un sistema que ya no garantiza el resultado que prometía.

Cuando eso pasa, la gente no necesariamente protesta. Simplemente se desconecta.

La respuesta de Xi: más narrativa, más control

Frente a eso, el gobierno ha respondido con dos movimientos que, leídos juntos, revelan una lógica muy clara.

El primero es la campaña de lectura. Xi la ha impulsado personalmente: nueva regulación, una semana nacional dedicada al tema, y apariciones en la revista teórica del Partido citando a Mao: “uno puede pasar un día sin comer, pero no sin leer”. El mensaje de fondo esclaro: más disciplina, más propósito, más cohesión. Vuelve a creer en el esfuerzo.

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The Economist

El segundo es el aparato de seguridad. El Ministerio advierte sobre influencers extranjeros que “erosionan la motivación” de los jóvenes y promueven el tangping como resistencia. No es el sistema el que falla, dice el gobierno. Son las fuerzas externas.

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Financial Times

Zanahoria ideológica. Palo ideológico.

Hay algo que vale la pena notar: la campaña de lectura promueve innovación y pensamiento profundo, pero filtra qué libros son correctos. No puedes pedir pensamiento disruptivo y al mismo tiempo controlar qué se puede pensar. Esa tensión no la resuelve ningún discurso.

Lo que esto revela

China tiene un problema real: una generación que perdió la fe en que el esfuerzo vale la pena. Y la respuesta del gobierno no está siendo atacar ese problema de fondo —la vivienda, el empleo, la movilidad social— sino intensificar la comunicación del modelo y señalar enemigos externos.

Hay una razón por la que esto sucede casi siempre así. Cambiar el modelo es costoso, lento y políticamente riesgoso. Cambiar el relato es inmediato, barato y controlable. Entonces el incentivo, casi siempre, empuja hacia la narrativa primero.

El problema es que la gente no es ingenua. Detecta cuándo el sistema cambia de verdad y cuándo solo cambia el discurso. Y cuando detecta la diferencia, la distancia entre ambos se vuelve más difícil de cerrar con palabras.

El tangping no es una declaración política. Es una respuesta silenciosa a esa distancia. Y los sistemas que no entienden eso seguirán respondiendo con más campañas, más encuadre, más narrativa —y seguirán sin resolver lo que genera el desenganche.

Mi lectura…

Llevo casi veinte años acompañando a empresas en sustentabilidad y responsabilidad social. Y al leer estos artículos no pude evitar reconocer el patrón. Porque no es exclusivo de los gobiernos.

Las organizaciones tienen su propia versión del lie flat. En el mundo de la sustentabilidad lo vemos todo el tiempo: el colaborador que ya no se identifica con los valores que proclama la empresa, la comunidad que dejó de participar en los programas sociales, el proveedor que cumple los requisitos ESG en papel pero no en práctica. No protestan. Simplemente se desconectan. Es el quiet quitting de la promesa de sustentabilidad.

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El Financiero

Y la primera respuesta de las organizaciones ante eso casi nunca es revisar el modelo. Es mejorar el reporte, relanzar la campaña de propósito, refinar el discurso de impacto.

La confianza no funciona así. No se comunica. Se construye con consistencia entre lo que se dice y lo que se hace, sostenida en el tiempo. Cuando esa consistencia existe, la comunicación la amplifica. Cuando no existe, ningún informe la reemplaza.

Lo que el caso de China deja ver es que este no es un problema de comunicación. Es un problema de diseño. Y resolverlo exige exactamente lo que el relato evita: cambiar algo real en el modelo.

Las organizaciones que entiendan eso —antes de que su propia versión del lie flat se haga visible— tendrán una ventaja que ningún reporte puede lograr.

Nada más… y nada menos.

Artículos de referencia: “Xi Jinping wants China to read more—as long as it’s the right books”, The Economist (abril 2026). “China’s young people warned of foreign influencers urging them to down tools”, Financial Times (2026).


Edgar

R con R, por Edgar López

Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.

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