El diablo viste a la Moda 2… o todo lo que está mal en el mundo

Publicado por Emprendimiento en

Devil Wears Prada 2 o ‘El diablo viste a la Moda 2’ es una vitrina — como la propia Andy lo repite constantemente — a todo lo que está mal en el mundo… incluido el marketing, la visión de la responsabilidad corporativa, el mundo empresarial y la sociedad misma… y lo hace en una crítica tan deliciosa que termina siendo culposamente divertida.

La secuela podría haberse apoyado cómodamente en la nostalgia y repetir la fórmula de su predecesora; tiene guiños, claro, pero su aporte más significativo no es ese sino la crítica sin disfraces a cómo los medios modernos están erosionando el alma de los contenidos, cambiando sustancia por clickbait y profundidad por videos de dopamina efímera.

Esto convierte a esta secuela en un producto inesperadamente valioso.

El mundo de hoy, lo «woke» y la crisis de medios con valor

La cinta arranca con Runway en medio de una crisis de relaciones públicas, tras publicar un artículo, sin la revisión de Miranda, sobre Speedfash, una marca de moda rápida que les mintió sobre las condiciones laborales en sus fábricas. Cuando la bomba estalla, la situación trae de vuelta a Andy al lado de su icónica ex-jefa, con la misión de recuperar la imagen de la marca usando su “expertise” editorial, que recién fue galardonada en premios al periodismo.

¿Una crisis por un artículo sobre una marca que maltrata a sus colaboradores? Suena un poco woke, ¿no? tal vez, pero lo que es un pretexto para arrancar la cinta, se mantiene como trasfondo.

En múltiples artículos hemos mencionado que el movimiento woke tiene aristas genuinamente valiosas. El problema no es su esencia, sino la sobreactuación: la corrección exagerada que lo arrinconó hasta el punto en que hoy se halla, donde gran parte de la población lo rechaza.

La crisis de los media «con valor» y la transformación de todo

Todo parece ideal para la reincorporación de Andy, pero al volver, se topa con una realidad incómoda: el periodismo de fondo —y los contenidos profundos en general— está en terapia intensiva. La audiencia consume temas ligeros, rápidos y baratos. El video aplasta a lo escrito. Los anunciantes dictan reglas. Y los clicks mandan sobre todo lo demás.

Nigel se lo dice tan crudo como es. Runway ya casi no es una revista: quedan unos pocos ejemplares impresos que nadie compra, y el negocio real es online. La profundidad está muriendo — y eso era antes de la IA, así que hoy es peor. Como dato: las noticias falsas circulan 7 veces más rápido que las verdaderas.

Lo interesante es que la película no se queda en los medios. Usa la imagen de un edificio histórico que el nuevo interés romántico de Andy —ignorando su valor cultural— pone a la venta a través de departamentos remodelados. Esto, como una alegoría de lo que está pasando en todas las industrias: todas están en disrupción debido al pragmatismo, la búsqueda de ganancias rápidas y la IA.

Los dientes de lo woke

Como dijimos, todo arranca con el preteexto de un tema que mucha gente descartaría como “woke”: los derechos laborales (en el artículo de Runway). Y puede parecer exagerado, pero piensa: ¿dejarías de comprar calzado, ropa, accesorios de tu marca favorita porque trata mal a sus colaboradores? En la teoría todos decimos sí, pero nadie lo hace. Sin embargo, estos temas tienen dientes y muy afilados.

Así que si la crisis de medios es la piedra angular de la cinta, hay un segundo tema que no pasa desapercibido: la responsabilidad corporativa. La película lo muestra con muchísima mordacidad, pero el mensaje es serio — fallar en estos temas tiene consecuencias reales.

¿Cómo lo hace? A través de situaciones que cualquier persona en una empresa reconocería: el lenguaje incluyente que no sabes si usar o no, la cultura body positive que no sabes si apoyar públicamente, o la palabra «suicidio» que alguien (incluso la directora) pronuncia en una junta y congela la sala. Son momentos jocosos en pantalla, pero en la vida real son minas que pueden hundir a una empresa o cuando menos meterla en una crisis justo como le sucede a Runway.

El Diablo viste a la moda 2 y la RSE

La solución corporativa: corten todo y reporten rentabilidad

La muerte del CEO del holding al que pertenece Runway viene a complicar todo. Su hijo, heredero del imperio y nuevo dueño de Runway —un junior sin pasión por la revista— tiene una idea “brillante” para evolucionar el negocio: traer a un escuadrón de consultores de negocio. De esos que llegan sin conocer la cultura del cliente, pero cuya fórmula favorita es recortar para ahorrar y —al menos en Excel— reportar rentabilidad y mejoras en la empresa.

Miranda los llama sin dudar: ¡sepultureros!

Lo sé, muchos dirán que esas consultorías tipo McKinsey tiene razón al proponer recortes y eficientar operaciones. ¿Para qué pagar un departamento editorial completo, con oficinas y sueldos, si puedes pagarle a unos cuantos influencers y llegar a una audiencia más grande? El argumento es válido en una hoja de cálculo.

El problema es que nos regresa al punto de partida: la muerte de la profundidad en un mundo donde lo que importa son los views y los clicks. Todo lo demás es gasto… incluyendo puestos de trabajo.

Como cereza envenenada del pastel, una traición se gesta y la otrora renombrada publicación está a punto de venderse en una operación que la hará perder la visión que siempre ha tenido… Lo irónico es que todos tratan de salvarla a su modo, lo que complica aún más el clímax, que exquisitamente se desarrolla en Milán y es aderezado con la icónica Lady Gaga que tiene un enfrentamiento sutil de poder a poder con Miranda. Una joya.

Es en este caos donde la cinta llega a su punto más alto. En medio de traiciones, pragmatismo e intereses cruzados, Miranda se detiene y le dice a Nigel —su mano derecha, el único que se ha mantenido íntegro desde el principio:

“En un mundo en el que todos gritan y se quejan y se quejan y meten la pata y tratan de encubrirlo… ahí estás tú. Siempre has estado tú.”

El Diablo viste a la moda 2 y la RSE

¿Qué es en esencia El Diablo viste a la Moda 2?

Un espejo. Sin filtros.

Complaciente, es cierto. Hilarante, sí. Un duelo de actuaciones entre cuatro diamantes del cine, correcto. Pero más allá de la superficie, la secuela de Devil Wears Prada es un escaparate a la sociedad actual, a la podredumbre de un sistema que nos ha vendido el vacío vestido de poder y lujo, disfrazado de significado.

Ya no existen los CEOs visionarios que se sentían realizados con construir algo, generar empleo, ofrecer al mundo valor y obtener en ello una ganancia justa. No. Hoy deben ser ostentosos y maximizar los beneficios cada trimestre o la junta los echa. Y en un entorno así de cortoplacista, los objetivos solo se alcanzan explotando a los trabajadores, engañando a los clientes, retrasando los pagos a los proveedores o, peor aún, todo a la vez. Esto a nivel empresarial.

Pero en la esfera social no estamos mejor. Las redes sociales nos han hecho banales. Nadie vale por lo que es, nadie se conforma con ser… hay que demostrar. Hay que aparecer en Instagram con bolsas de lujo o el outfit de moda, jugando golf, bebiendo en el mejor club de la ciudad o en un jet. Emily lo expresa perfecto: “el comercio minorista de lujo es el único sector de la moda que genera ganancias”, refririéndose a cómo hoy los objetos que mostramos son lo que nos “define”.

Vemos a la misma Emily acicalándose en un ritual de belleza, mientras pretende educar a sus hijos a distancia, haciendo clara mofa de un mundo que no sabe lo que es la paternidad responsable pero ha normalizado inyecciones y sueros de belleza para olas de personas, insatisfechas con su apariencia.

De modo que sí, el empaque es una maravilla por donde se le mire —actuaciones, guión, música, locaciones, comedia— pero detrás de ello, la crítica es dura a todos los niveles. Ovación de pie.

El diablo anda suelto…

Este artículo se publicó inicialmente en el sitio de Luis Maram.


Luis Maram, Marketing y sostenibilidad
Marketer, Speaker, Experto en Marketing y Reputación

Linkedin | Creo en el poder transformador de las marcas

Luis Maram es estratega digital especializado en desarrollo de contenidos orientados a visibilidad de marca, reputación y responsabilidad corporativa. Durante años ha acompañado a marcas en el diseño de acciones digitales que inspiran a sus audiencias, generan conexión y producen resultados concretos —desde el content marketing y el social media hasta la inteligencia artificial.

Es Director de Marketing y Media en Expok, donde lidera la estrategia digital de la empresa. Asimismo, edita uno de los blogs de estrategia de contenido y marketing digital más reconocidos de México, LuisMaram.com, y ha impartido más de un centenar de conferencias en México y el extranjero.

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