Celebrar 70.º años mirando hacia el futuro
En este año jubilar de la esperanza, empezamos la celebración de los 70 años del nacimiento de nuestra Cáritas América Latina y el Caribe. Sabemos que fue en noviembre de hace 70 años.
En la homilía de la canonización de San Martín de Porres, el primer patrono de Cáritas, San Juan XXIII resaltaba que él amaba a sus prójimos porque los consideraba verdaderos hijos de Dios y hermanos suyos. Y los amaba aún más que a sí mismos, ya que por su humildad los tenía a todos por más justos y por más perfectos que él. Disculpaba los errores de los demás, perdonaba las más graves injurias, pues estaba convencido de que era mucho más de lo que merecía por sus graves pecados. Sus actitudes le valieron por parte del pueblo el apelativo de Martín de la Caridad. Ahí tenemos una gran inspiración para todos los miembros de Cáritas, para que en primer lugar tengamos el amor de Dios Nuestro Señor sobre todas las cosas, y después el amor al prójimo, tal como Jesús lo enseña, tal como Martín lo vivió.
El inicio del año jubilar de Cáritas América Latina y el Caribe coincide con el año jubilar de la Iglesia, dentro del Jubileo de la Esperanza de este año santo. Con esperanza pues, vivamos este año jubilar de la Cáritas de América Latina y el Caribe. ¡Con esperanza, pero también con gratitud!
Gratitud a Dios nuestro Señor, porque sin Él nada sería posible de cuanto hacemos, de cuanto nos proponemos, de todas las realizaciones a lo largo de esos 70 años, y de lo que proponemos nosotros para el futuro. Ante todo, gracias a Dios nuestro Señor, que nos ha llamado a este servicio particular, a esa vocación. La Iglesia tiene la misión de comportarse como madre en medio del mundo.
El amor de madre tiene que ser manifestado particularmente en nuestra Cáritas Latinoamericana y del Caribe. Por eso le damos gracias a Dios por esta semejante vocación. También le damos gracias a la Caritas Internationalis, que ha caminado con nosotros, que está siempre atenta a nuestras necesidades, para darnos los subsidios y todos los elementos que necesitamos para continuar en esta unión de todos los miembros de las Cáritas en el mundo.
Nos toca ser el rostro amoroso de la Iglesia. Todos tenemos que amar. ¡Todos! Pero Cáritas como organización tiene esa gran responsabilidad de actuar el amor y hacerlo de veras, con sinceridad, con autenticidad. El rasgo de eclesialidad que debe haber en todas las Cáritas y en cada uno de sus miembros no solamente es cuestión de ortodoxia, es también cuestión de ortopraxis.
Por lo tanto, se espera que cada uno de los miembros de Cáritas sea un enamorado, una enamorada de Dios Nuestro Señor y, por supuesto, una persona comprometida por el prójimo, en el que reconoce a Cristo Nuestro Señor. En el pobre, en el migrante, en el preso, en el que está enfermo, el que sufre en cualquier forma y, por supuesto, los miembros de nuestros pueblos originarios.
Nuestro año jubilar es más que una celebración, es una renovación de nuestro compromiso y un repensar lo que Dios quiere de nosotros, Cáritas América Latina y del Caribe, para el futuro.
Mons. Gustavo Rodríguez Vega, arzobispo de Yucatán y presidente de Cáritas LAC