un futuro de inteligencia artificial más allá de la regulación » Enrique Dans
Mi columna de esta semana en Invertia se titula «Europa también puede crear inteligencia artificial» (pdf), y trata sobre la necesidad de romper con la narrativa que reduce el papel del continente a la producción de marcos regulatorios, ignorando el hecho de que cada vez más startups europeas están logrando atraer capital, talento y reconocimiento internacional.
El ejemplo más reciente es Black Forest Labs, una compañía alemana fundada en 2024 por el equipo que desarrolló Stable Diffusion. Con menos de cincuenta empleados y basada en Friburgo, negocia actualmente una ronda de entre doscientos y trescientos millones de dólares que podría situar su valoración en 4,000 millones. Sus modelos de generación de imágenes Flux rivalizan con los de Google o OpenAI, se integran en Adobe Photoshop, en aplicaciones de Meta y en la nube de Microsoft Azure, y han sido utilizados incluso por xAI para la generación de imágenes en Grok. Y además, son de código abierto.
Pero Black Forest no es un caso aislado. La francesa Mistral AI se ha convertido en referencia europea en modelos de lenguaje, captando financiación récord y colaborando con Black Forest para integrar herramientas de generación de imágenes en su aplicación Le Chat y apalancándose también en modelos de código y pesos abiertos. La neerlandesa Axelera AI desarrolla procesadores especializados para visión por ordenador en drones, medicina y automoción, y la suiza Corintis trabaja en refrigeración líquida para chips, un área crítica para reducir el consumo energético de la inteligencia artificial, con inversión de Intel y otros actores relevantes.
A estos esfuerzos privados se suma el impulso público: la Comisión Europea ha anunciado instrumentos como el Scale-up Europe Fund para cerrar la brecha de capital con Estados Unidos y China, además de programas de supercomputación y de acceso a infraestructuras comunes. Aunque la diferencia en escala sigue siendo enorme, empiezan a aparecer señales de que Europa puede jugar un papel relevante no solo en la creación de reglas, sino también en la de empresas capaces de competir globalmente.
Cuidado con los estereotipos: Europa no está condenada a regular mientras otros innovan. Empresas como Black Forest, Mistral, Axelera o Corintis, entre otras, muestran que el talento, la investigación universitaria y el capital riesgo europeo pueden converger para generar actores competitivos. La inteligencia artificial no será necesariamente un terreno en el que Europa tenga que resignarse a ser espectadora: puede, y debe, aspirar a ser protagonista. Y no, no es demasiado tarde.
