Regular el carbono en la construcción. Parte II
Esta es la segunda parte sobre la descarbonización que ya avanzábamos en el artículo ‘Regular el Carbono en la Construcción, parte I’ publicado en el número 78 de esta revista, la Unión Europea publicó, en el mes de marzo de 2023, el borrador de la nueva EPBD (Directiva de Eficiencia Energética en Edificios) que en estos momentos se encuentra en fase de aprobación final, y que, por primera vez, recoge la obligatoriedad de cómputo de CO2 en la construcción de edificios.
La normativa deberá ser adoptada por todos los países de la Unión Europea a partir de 2027 y exigirá la declaración de emisiones de carbono en kilogramos de CO2 por m2 de todos los nuevos edificios públicos.
Regulaciones de CO2 en Europa
Si bien esta regulación es un primer paso hacia la limitación de emisiones del sector, la realidad es que es una normativa poco ambiciosa y se queda corta para que el sector de la construcción se sitúe en la línea de los objetivos de reducción de emisiones establecidos en el Acuerdo de París. Según este acuerdo, la Unión Europea se comprometió a reducir, al menos, un 55% las emisiones en 2030 en relación a los valores de 1990.
En este sentido, numerosos países de la Unión Europea se han adelantado a la normativa y ya disponen de regulaciones de CO2 nacionales con obligatoriedad de cómputo y limitaciones progresivas, para conseguir reducciones del orden del 30 al 50% en 2030 y llegar a cero emisiones en 2050, superando los objetivos que recoge la EPBD.
Y es que es importante destacar que la EPBD tan solo establece la obligatoriedad de cómputo, pero no la limitación de emisiones en la construcción, es decir, por el momento la Unión Europea tan solo establece que mientras contemos CO2, podemos seguir emitiendo tanto como queramos.
¿Cuál es la situación de la descarbonizaciónen España?
El Gobierno ha lanzado una Ley de Cambio Climático en la que se prevé la utilización de materiales descarbonizados, pero todavía no hay una hoja de ruta específica por parte de la Administración que sitúe al sector de la construcción en la línea del cumplimiento de la inminente EPBD, ni mucho menos de los objetivos de reducción de emisiones del Acuerdo de París.
Nos encontramos en un momento en el que los profesionales del sector empiezan a adquirir conciencia del impacto que supone la construcción de los edificios en el medioambiente, numerosos colectivos como la Asociación AUS (Arquitectura y Sostenibilidad del Colegio de Arquitectos de Cataluña), el grupo de Sostenibilidad del CSCAE (Consejo Superior de Arquitectos de España que agrupa a numerosos colegios de arquitectura de nuestro país) o entidades como el GBCE (Green Building Council Spain) han iniciado una movilización activa mediante congresos, divulgación, jornadas y proyectos europeos en conjunto con Administraciones y asociaciones relevantes del sector con el objetivo de promover la implementación de una hoja de ruta de descarbonización a nivel estatal.
La hoja de ruta de descarbonización
¿Cómo debe ser esta hoja de ruta?
Diversos países como Dinamarca, Finlandia, Suecia, Países Bajos, Bélgica o Francia, entre otros, se encuentran en fases avanzadas de esta hoja de ruta de descarbonización ya en proceso de regulación de carbono en el sector de la construcción, y muchos de ellos con un calendario de limitaciones vigente para llegar a la neutralidad de emisiones en 2050.
Se trata de países que han seguido procesos de implementación que van desde los 5 hasta los 15 años (como es el caso de Francia), y de los que sin duda debemos tomar ejemplo para agilizar una hoja de ruta en nuestro país.
Si revisamos el camino seguido por todos ellos encontramos un patrón común que se puede resumir en 5 fases:
- Fase experimental – Benchmarking
- Regulación
- Bases de datos
- Análisis de ciclo de vida
- Baseline y calendario de limitaciones
1. Fase experimental – Benchmarking
Las hojas de ruta de descarbonización implementadas por distintos países europeos parten de fases experimentales que, básicamente, suponen empezar a contar emisiones en la construcción de edificios.
Para contar emisiones necesitamos los pasos tres y cuatro que son una base de datos de emisiones de los materiales y una metodología de análisis de ciclo de vida, pero como en esta primera fase experimental los pasos tres y cuatro no están definidos, se suelen utilizar bases de datos o metodologías genéricas, que normalmente salen de institutos tecnológicos o universidades que ya las tienen en desarrollo.
Esta fase experimental es extremadamente importante por tres motivos principales:
Sirven para testear herramientas
El hecho de iniciar el cómputo de CO2 a nivel nacional requiere que todo el sector de profesionales de la construcción utilice los datos de emisiones de CO2 y resto de impactos de cada uno de los materiales y sistemas de construcción utilizados en el edificio y que los contabilice en base a una metodología común.
Esto requiere un tremendo esfuerzo de estandarización a nivel nacional, por lo que suele tratarse de procesos en los que en fase experimental participan tan solo un grupo de profesionales de forma voluntaria, o bien se elige una serie de casos de estudio representativos que permitan testear herramientas de análisis de ciclo de vida y cómputo de carbono en construcción antes de que éstas se implementen a gran escala.
Saber cuánto CO2 emiten los edificios para tener un punto de partida
Es importante no perder de vista el foco, que es cumplir con el Acuerdo de París en cuanto a reducción de emisiones de CO2.
Esto significa que cada país dispone de un “Carbon Budget” o presupuesto de carbono para emitir de ahora a 2050 y que este presupuesto debe ser repartido entre cada uno de los sectores contaminantes del país, así que es necesario entender qué emisiones corresponden al sector de la construcción para entender la magnitud del problema.
Una vez disponemos del presupuesto de carbono del sector de la construcción disponible hasta 2050 debemos saber cuánto estamos consumiendo de este presupuesto cada año, es decir, cuánto emite la construcción de un edificio en nuestro país y cuántos edificios estamos construyendo cada año.
Contabilizar las emisiones de CO2 en la construcción de nuevos edificios de un país y ponerlo en contexto en el conjunto de emisiones restantes para cumplir los objetivos de reducción de las mismas, nos permite disponer de un punto de partida para establecer un calendario de limitación de emisiones con el objetivo de llegar a cero en 2050.
Concienciación del sector
Por último, es importante saber que esta fase experimental sirve para iniciar la concienciación y activación del sector.
En el momento en que se solicita al sector de la construcción de un país que inicie el cómputo de emisiones de los nuevos edificios, aunque sea de forma voluntaria, se inicia una revolución en el sector. Una revolución que supone la puesta en marcha de procesos, recursos e investigación.

2. Regulación del cómputo de CO2
Una vez terminada la fase experimental, es el momento de que las Administraciones publiquen las primeras regulaciones y se inicie la obligatoriedad de cómputo de CO2.
Esta regulación está necesariamente ligada al desarrollo de los pasos tres y cuatro definidos a continuación: una base de datos de emisiones de materiales de construcción pública y de libre acceso y una metodología estandarizada del análisis de ciclo de vida (ACV).
3. Base de datos de emisiones de materiales de construcción
Según un estudio de la consultora ARUP, se calcula que alrededor del 50% de las emisiones de un edificio, a lo largo de todo su ciclo de vida, corresponden a los materiales. Éstas se reparten en un 30% en la fase de construcción del edificio, y un 20% restante durante las sucesivas rehabilitaciones y el desmantelamiento al final de su vida útil.
Es por este motivo que las emisiones y el resto de impactos medioambientales derivados de la producción de materiales son datos esenciales para evaluar el impacto a lo largo del ciclo de vida de un edificio.
Poner sobre papel, en una base comparativa, los datos de emisiones de todos los materiales de construcción disponibles en un país es una tarea altamente controvertida, no solo porque sea necesario ponerse de acuerdo en cuanto a la metodología de cómputo y los impactos contemplados más allá del CO2, sino porque el mero hecho de disponer de tablas de datos de materiales públicas que permitan una comparación rápida y visual entre los materiales de mayor y menor impacto medioambiental supone una amenaza para las industrias productoras de materiales altamente contaminantes y de elevado impacto de carbono.
Es por este motivo que las industrias más contaminantes, que son las más perjudicadas en el proceso de descarbonización, disponen de lobbies de acción que actúan a nivel nacional y europeo intentando flexibilizar y retrasar la implementación de la regulación de cómputo y limitación de carbono mientras esperan que sus departamentos de I+D (Investigación y Desarrollo) desarrollen tecnologías que les permitan situarse en niveles competitivos en relación a las industrias descarbonizadas.
Más allá de esta consideración, actualmente la mayoría de bases de datos utilizadas por países con regulaciones de carbono en vigor se basan en dos tipos:
Recopilaciones de DAP
(Declaración Ambiental de Producto) o EPD por sus siglas en inglés (Environmental Product Declaration), son etiquetas ecológicas de tipo III verificadas por terceros con información detallada sobre el impacto ambiental de un material a lo largo de todo su ciclo de vida desde la extracción de materias primas hasta su disposición final, incluyendo consumo de recursos, emisiones, vertidos y gestión de residuos.
Se trata de declaraciones que pueden ser elaboradas para cada uno de los productos fabricados por una misma empresa o que pueden ser sectoriales, elaboradas por un conjunto de fabricantes de un mismo producto, por ejemplo, DAP sectorial de aislamiento de celulosa.
Datos genéricos
En este caso, la Administración genera una base de datos que puede ser de producción propia o elaborada por una entidad independiente con los datos de emisiones genéricas de cada uno de los materiales de construcción disponibles sin importar el fabricante o la procedencia, basado en baremos medios de emisiones del conjunto de materiales producidos por un sector. En el caso de optar por bases genéricas siempre se suele dar la opción alternativa de utilizar el dato de la DAP, puesto que en algunos casos puede ser más favorable.
Tanto en un caso como en el otro es preciso que la información proporcionada en la base de datos se encuentre constantemente actualizada.
4. Una metodología estandarizada de análisis de ciclo de vida (ACV)
Además, será preciso disponer de una metodología normalizada de análisis de ciclo de vida que deberá definir:
El alcance del ciclo de vida
Es decir, qué fases voy a tener en cuenta en el cómputo de las fases normalizadas. Entre otras decisiones, se debe valorar si se tendrá en cuenta el carbono operativo o únicamente el carbono embebido, si tendremos en cuenta el carbono negativo derivado de procesos como la carbonatación de la cal y el cemento o la reutilización de materiales al final de su vida útil, etc.
Software validado
Para llevar a cabo el cómputo. Se deberá definir el programa disponible para llevar a cabo el análisis del ACV y si éste podrá ser de código abierto o privado. Algunos países han desarrollado sus propios programas informáticos públicos y otros han elaborado una lista de programas desarrollados por entidades privadas que han sido validados por la Administración.

5. Calendario de limitaciones
Con todo este trabajo previo, estamos listos para poner en vigor el cómputo de limitaciones que debe ir necesariamente acompañado de la definición de un calendario de limitaciones de CO2 progresivas para llegar a la neutralidad en 2050 (o antes).
Para ello, será necesario partir de la línea base definida durante la fase experimental. Como referencia, los distintos países de la UE que ya han implementado regulaciones de descarbonización de la construcción están partiendo de líneas base de entre 600 y 700 kg CO2/m2 en ciclos de vida de referencia de 50 años.
Elementos del desarrollo de procedimientos para el carbono incorporado
| Desarrollo de procedimientos para carbono incorporado | |
| Base de datos | |
| Método y métricas del ACV | – Métodos de ACV estandarizados a nivel nacional siguiendo las normas ISO y EN. – Datos medioambientales sobre productos y materiales de construcción basados en la norma EN. Los datos deben ser específicos tanto de la industria como del producto. – Parámetros claramente definidos para los cálculos del ACV (incluido el alcance del ciclo de vida, los elementos de construcción, la vida útil de los edificios, el manejo del carbono biogénico y los materiales reutilizados y reciclados). – Métricas de informes (por m2 y per cápita). – Incluye requisitos de documentación ampliados, p. e. respaldados por el marco Level(s) o los libros digitales de registro de edificios. |
| Generación de datos | – Obligación o fuertes incentivos para realizar ACV para edificios nuevos. – Basado en requisitos de documentación ampliados de factores contextuales. – Obtener una muestra representativa de edificios nuevos para desarrollar una línea de base. |
| Recolección de datos en bases de datos y herramientas de software | – Recopilación centralizada de datos de ACV para edificios nuevos. – Base de datos central para calcular y comparar edificios futuros. – Apoyado por una herramienta de software para cálculos de ACV e ingreso de datos. – Alineado con un método nacional de ACV. – Datos abiertos a disposición de las partes interesadas. |
| Marco de desempeño | |
| Línea de base | – Línea de base/ valor de referencia de la forma de construcción del statu quo. – Calculado en base a los datos recopilados en los pasos 1-3. – Expresado en niveles de carbono incorporado por m2 y per cápita. – Actualizado periódicamente en función de datos sobre nuevos edificios. |
| Presupuesto de carbono | – Niveles de emisiones de carbono incorporados alineados con París. – Calculado en base a presupuestos globales ajustados a escala. – Expresado en presupuestos de carbono incorporado por m2 y per cápita. – Representar valores objetivo para la descarbonización que deberían alcanzarse lo antes posible. – Actualizado periódicamente en función de las revisiones del presupuesto global de carbono y el exceso sectorial. |
| Puntos de referencia y valores límite a lo largo de los itinerarios | – Dos conjuntos de valores de referencia a lo largo de dos itinerarios. – Valores de referencia voluntarios en una Ruta Alineada con París basada en el itinerario del presupuesto de carbono. – Valores límite en un camino rentable basado en un compromiso compartido por parte de la industria previa consulta. |
| Cuadro resumen extraído del informe TOWARDS EMBODIED CARBON BENCHMARKS IN EUROPE elaborado por la consultora Ramboll y el Instituto Build de la Universidad de Aalborg en Dinamarca y promovido por Laudes Foundation. |
Hacia una hoja de ruta de descarbonización en España
Si bien Europa ha hecho un gran avance con la implementación de la nueva EPBD, que esperamos entre en vigor a finales de este año o principios de 2024, sabemos que esto no es suficiente para descarbonizar el sector a tiempo, de acuerdo con los objetivos pactados en el Acuerdo de París, es por ello que numerosos países europeos han iniciado sus propias hojas de ruta mucho más exigentes y ambiciosas que la futura directiva.
En España no solo no disponemos de una hoja de ruta de descarbonización del sector, sino que debemos agilizar y poner en marcha regulaciones que nos permitan llegar a tiempo para implementar los cambios que exige la directiva europea en materia de cómputo de emisiones de carbono. Y es que debemos tener en cuenta que la mayoría de países con regulaciones en marcha han recorrido hojas de ruta de entre 5 y 15 años de duración (como es el caso de Francia).
Llegar a los objetivos de reducción de emisiones de carbono del Acuerdo de París
Sin duda, podemos aprovechar el conocimiento previo de nuestros socios europeos más avanzados e implementar una hoja de descarbonización a marchas forzadas para cumplir con la directiva EPBD e iniciar el cómputo de carbono, pero, aun así, cumplir la directiva sigue siendo insuficiente para llegar a los objetivos de reducción de emisiones de carbono del Acuerdo de París (reducción de emisiones de un 55% en 2030 en relación a los valores de 1990).
Si seguimos una política continuista que anteponga los intereses económicos de la industria a las recomendaciones científicas en las que se basa el Acuerdo de reducción de emisiones de París, podemos afirmar que las emisiones seguirán muy por encima del presupuesto de carbono disponible para esta década en nuestro país, alejándonos de la descarbonización del sector para 2050 y contribuyendo a acrecentar la crisis climática que amenaza la supervivencia en este planeta.
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El impacto de los materiales de construcción
Además, debemos tener en cuenta que, si bien la mayoría de directivas y regulaciones se centran en la descarbonización mediante el cómputo y limitación de carbono, es importante no perder de vista el hecho de que el impacto derivado de la producción y puesta en obra de los materiales de construcción va mucho más allá del carbono.
La nueva EPBD también se queda corta en la evaluación del impacto de la producción de materiales de construcción en relación a la contaminación del aire, la contaminación de las aguas, la utilización de recursos planetarios finitos o en relación al impacto sobre la salud de las personas y del medioambiente, entre otros.
Conclusión
Estos impactos sí se han tenido en cuenta en regulaciones como las que están en vigor en Dinamarca, que contemplan un total de nueve impactos sobre el medioambiente, sobre la salud de las personas y sobre el uso de recursos planetarios finitos.
Hacer frente a las múltiples crisis planetarias que afrontamos, supone considerar el impacto de la construcción, empezando por el más medible y cuantificable a corto plazo que es el cómputo de emisiones de carbono, pero sin perder de vista el resto de impactos asociados que agravan la crisis climática, de contaminación y de biodiversidad en la que estamos inmersos.
Perfiles
Jade Serra es arquitecta por la ETSAB (2009) con un programa de intercambio en TKK Helsinki (2007), completó su formación con un máster en Project Management en La Salle URL (2011) y un máster en bioconstrucción por el Instituto Español de Baubiologie (2015).
Slow Studio: Víctor Vergés y Jade Serra, son los fundadores detrás de un maravilloso equipo de profesionales conscientes y comprometidos con una arquitectura sostenible. Su labor se centra en la consecución de proyectos de mínimo impacto sobre la salud del medioambiente, sobre la salud de las personas y sobre el uso de recursos planetarios, trabajando a partir de diseños bioclimáticos que reducen a cero el consumo energético y que se construyen con biomateriales de mínima huella ecológica.
Artículo publicado en la revista EcoHabitar nº 79 en otoño de 2023
La primera parte puedes leerla aquí: Regular el carbono en la construcción (1)