El árbitro robótico » Enrique Dans
Es, sin duda, uno de los entornos más tradicionales del mundo: en sus ciento cuarenta y siete años de historia, el torneo de tenis de Wimbledon, el más antiguo del mundo y para muchos el más prestigioso, ha mantenido la exigencia de vestir de blanco a sus participantes, y unas rígidas normas de protocolo y tradiciones en todo lo relacionado con la práctica del tenis.
Ahora, el All England Lawn Tennis Club acaba de anunciar una serie de cambios operativos para 2025 que incluyen nada menos que la eliminación definitiva de los jueces de línea, una decisión radical tras haber estado ensayando la tecnología de Electronic Line Calling (ELC) durante el campeonato de 2024, una evolución del conocido «ojo de halcón«, adoptado en 2007, que los jugadores podían solicitar un cierto número de veces. Ahora, además, se incorporará una voz sintetizada que notificará los «out!», «fault!» or «foot fault» en el espacio de una décima de segundo. Así, sin discusiones ni interpretaciones, con la exactitud que solo una máquina bien calibrada puede llegar a tener, y que supera con mucho la que se puede alcanzar con los inexactos sentidos de un ser humano.
Los sistemas de este tipo se basan en la triangulación utilizando imágenes visuales y datos de tiempo proporcionados por una serie de cámaras de vídeo de alta velocidad situadas en diferentes lugares y ángulos alrededor del área de juego. Para el tenis, se utilizan diez cámaras: el sistema procesa rápidamente las transmisiones de vídeo de las cámaras y el rastreador de pelotas, y un modelo de datos que contiene un modelo predefinido del área de juego e incluye datos sobre las reglas.
En cada fotograma enviado desde cada cámara, el sistema identifica el grupo de píxeles que corresponde a la imagen de la pelota, y calcula para cada fotograma la posición de la pelota comparando su posición en al menos dos de las cámaras físicamente separadas en el mismo instante en el tiempo. La sucesión de fotogramas da lugar a un registro de la trayectoria de la pelota, predice su trayectoria futura, y dónde interactuará con cualquiera de las características del área de juego ya programadas en la base de datos. El sistema también puede interpretar estas interacciones para decidir infracciones de las reglas del juego, como en el caso de la falta de pie.
Este tipo de decisiones son, sin ningún tipo de duda, muy buenas para el deporte. Los árbitros son, con mucho, la mayor fuente de inexactitudes y problemas en el deporte. La definición de «árbitro«, «persona que en algunas competiciones, normalmente deportivas, cuida de la aplicación del reglamento, sanciona las infracciones o fallos y valida los resultados», se relaciona directamente con la de «arbitrariedad«, que tiene como sinónimos «parcialidad, veleidad, improcedencia, despotismo, tiranía». No sé si hay mucho más que añadir a eso.
Tengo claro que cuantas más funciones de las que hoy tiene un árbitro puedan ser asignadas a un conjunto de tecnología con cámaras, sensores y algoritmos, más mejorará la calidad de prácticamente cualquier deporte. En algunos, de hecho, la corrupción arbitral ha alcanzado un nivel tal, que se convierte no solo en permanente fuente de frustraciones para muchos deportistas y aficionados, sino además, en una influencia completamente ilegítima sobre los resultados, acompañada además en muchas ocasiones de una arrogancia extremadamente desagradable que nada tiene que ver con los valores fundamentales del deporte. Obviamente, falta mucho para esto: un juez de línea en tenis no es siquiera un árbitro… pero por algo se empieza.
Wimbledon ha dado un paso importante, y además, muy valiente. Esperemos que todos los demás deportes sigan ese mismo camino. Me muero de ganas de ver un partido de fútbol en el que las decisiones no las tome sobre el campo un tipo arrogante, propenso a abundantes errores humanos y potencialmente corrupto, sino, en su lugar, un buen conjunto de tecnologías objetivas que siempre funcionen de la misma manera, sin arbitrariedades. Espero sinceramente llegar a verlo algún día.
