A las puertas del colapso

Publicado por Emprendimiento en

De Banda Ache, tras el tsunami, aprende que, a pesar de toda la devastación, la economía se recuperó en muy poco tiempo porque el verdadero valor estaba en el conocimiento y este se salvó. Los pescadores que sobrevivieron no tenían barcas ni redes pero recordaban los sitios buenos, qué especies era fácil pescar en octubre o qué artes usar los días nublados. Los que habían tenido un chiringuito en la playa aún guardaban los contactos de los proveedores, y contaban con la experiencia de años de cocinar y de tratar clientes. Este intangible es mucho más valioso que un stand de madera.

De Glasgow aprende cómo cosas como el prestigio, la búsqueda de la innovación y la fuerza de los lazos de comunidad entre familias obreras llevaron a esta ciudad a ser puntera en el mundo en producción de barcos, pero también en creatividad y en cultura. Pero no supieron entender esos intangibles. Infravalorados, no los defendieron. Colapsaron. Y la industria primero y el tejido social después se vinieron abajo. Hoy es un lugar gris, con un paro altísimo y graves problemas de abuso de sustancias.

Las comunidades que medran son aquellas que se autorregulan

De Kinshasa aprende como la sustitución de economías tradicionales por grandes proyectos centralizados no puede funcionar porque los costes de implementar y controlar esos proyectos suelen ser tan altos en personal (cantidades enormes de funcionarios que no crean riqueza pero sí cobran un salario), en comunicación, transporte y luego mantenimiento, que para cuando se acaba la primera inversión ya ha comenzado su declive.

Que las comunidades que medran son aquellas que se autorregulan. Además establecen sus propias normas y todos están sujetos a ellas de igual manera. Que entre pares juzgan a los infractores y las penas que se imponen son proporcionadas. Cuando las leyes las redactan burócratas lejanos, ajenos a su realidad, y las imponen castas judiciales y policiales que saben que nunca van a sufrir su rigor, lo que produce es arbitrariedad, abuso de poder y corrupción. Échale unos años a eso y lo que tenemos es una ética de «sálvese quien pueda» , picaresca, destrucción de la comunidad y miseria.

Va a más sitios: Panamá, Japón, Nueva Orleans, Haití. En todos ellos encuentra el mismo patrón. Lo que hace a una economía vibrante y a un país próspero no es la presencia de minerales, sino intangibles que es preciso identificar, valorar y proteger. 

Una súbita pérdida de complejidad

Leí también varios libros de David Bollier. Discípulo de Elinor Ostrom, es el gran paladín actual de los Comunes. Y su planteamiento va mucho más allá. Donde Ostrom hablaba de bosques, pastos, agua, pesquerías y demás, Bollier habla del conocimiento, el lenguaje musical, el matemático, del método científico, de mitos y arquetipos, de cultura, del espacio virtual, la blogosfera, el lenguaje, las normas de educación (aquello de no comer con la boca llena, ni poner los codos encima de la mesa ni colarse en la fila), las reglas del ajedrez, el software libre y los contenidos liberados, entre otras muchas cosas. 

Es posible que estemos a las puertas de un colapso, y que no sea catastrófico como nos han contado, sino una súbita pérdida de complejidad. Y me queda claro que en lugar de acumular papel de wáter o invertir en un purificador de agua, vale más invertir en instrumentos musicales, en juegos y en pinturetas.

Acaparar epubs y mp3s y empezar a valorar esos intangibles que nos recuerdan que hemos llegado muy lejos, que nuestro capital es enorme y que tenemos todo lo necesario para salir de cualquier situación. Y hay que recuperar el espacio público. Decía Hannah Arendt que el espacio público es la arena donde se fomenta la expresión y se afirman las identidades individuales y grupales. El espacio público es lo que preserva La Humanidad y afirma la vida. Hoy los accesos a ese espacio, real o virtual están bajo control policial. El otro puede contagiarme, pero no es mi enemigo. Sin Comunidad no hay democracia.


Artículo publicado en la revista EcoHabitar nº66 Verano 2020


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