La IA generativa y las dinámicas competitivas » Enrique Dans
La presentación de Google del miércoles 14 pasó por los medios, a pesar de la enorme potencia de fuego de la cuarta compañía más grande del mundo por capitalización bursátil (tras Microsoft, Apple y Nvidia), bastante más desapercibida en general que la de OpenAI del día anterior, que además dio toda la impresión de haber sido puesta ahí estratégicamente para eclipsarla.
Que sí, que Google integrará Gemini 1.5 Pro en todo el resto de sus herramientas – lo menos que podíamos esperar – y que su Project Astra integra la voz y la cámara de manera que lo convierte en multimodal, es decir, puedes dialogar con él, enseñarle cosas, etc., pero en el imaginario colectivo, vuelve a quedar como lo que Google mostró al mundo después de que OpenAI ya se lo hubiera mostrado un día antes. Obviamente, Google puede tenerlo más fácil a la hora de aprovechar su base de usuarios, pero en muchos sentidos sigue siendo la compañía que, teniendo IA generativa ya desarrollada, renunció a sacarla al mercado hasta que llegó OpenAI con la suya, por miedo a que canibalizase sus otros productos. Es lo que tiene: cuando te dedicas a intentar evitar la canibalización, lo que consigues es que los mordiscos te los dé otro.
En cualquier caso, vista la dinámica competitiva entre estos dos gigantes – sin olvidar, por supuesto, a otras big tech como Microsoft, Amazon, Meta, etc. – y sus intenciones de seguir invirtiendo en una carrera alocada por ofrecernos más y más prestaciones y casos de uso, ¿qué panorama cabe esperar en el futuro? La pregunta se justifica mucho porque, en este momento, tenemos no solo a las big tech, sino a prácticamente cualquier compañía que se precie en cada una de las industrias del mercado dedicadas a aplicar la IA generativa a prácticamente todo lo que se les pueda ocurrir, y no solo aplicando los ChatGPT, Gemini y demás algoritmos producidos por las big tech, sino también tratando de desarrollar los suyos propios.
A menudo, se trata simplemente de aplicaciones de machine learning y de automatización avanzada aplicando el aprendizaje a partir de sus propios datos y relegando otras funciones, como la generación de lenguaje, etc., a simples RAG, Retrieval-Augmented Generation, sobre los modelos de esas big tech, pero no cabe duda que pueden tener su relevancia futura: después de todo, quien mejores datos tiene y más sabe de una industria en concreto suele ser un competidor en esa industria.
En el futuro cercano, ¿qué panorama veremos? ¿A unas big tech ambiciosas tratando de proponer aplicaciones ya no solo genéricas, sino cada vez más aplicadas por industrias? ¿Veremos a las grandes compañías de cada sector aplicando las herramientas que les traen las big tech, o más bien tratando de crear y perfeccionar las suyas, alimentándolas con cada vez más datos generados por su actividad? La competencia es un poderoso incentivo para la innovación y el desarrollo, y no cabe duda que las big tech han interpretado el actual panorama competitivo en torno a la IA generativa en modo «todos al ataque» y haciendo en general muy pocos prisioneros, pero me parecería muy peligroso que la nueva gran oleada tecnológica, destinada a cambiarlo prácticamente todo, siguiera en manos de unas pocas compañías cuya forma de hacer las cosas, además, ya conocemos demasiado bien.
Estoy convencido de que hay hueco para que las compañías líderes de cada sector – o en muchos casos, debido al dilema del innovador, las «no tan líderes» o incluso las startups de nueva creación y con su pizarra aún en blanco – puedan aplicar su conocimiento del negocio y su capacidad de generación de datos al desarrollo de algoritmos, primero de machine learning y de automatización avanzada con herramientas cada vez más sencillas, pero también a la algoritmia generativa. Estoy seguro de que veremos muchas grandes aplicaciones surgir de lugares insospechados, de sospechosos poco habituales que son capaces de entender las bases de esta revolución. Pero en ese sentido, la dinámica competitiva de las big tech puede funcionar también como un desincentivo, un «qué voy a hacer yo si estas compañías ya están donde están, muy lejos de mis modestas posibilidades».
Cuidado con la competencia. Es un vector muy poderoso, pero también tiene sus efectos secundarios. No pienses que porque una big tech sea capaz de hacer y de presentar aplicaciones interesantes, no hay lugar para que tú, en tu compañía, hagas también las tuyas. Obviamente, no se trata de reinventar la rueda y de crear algoritmos generativos capaces de hablar con propiedad… pero hay muchas más posibilidades, y muchas enormemente interesantes. No pienses que todo lo van a hacer las big tech de toda la vida. Hay mucha más vida ahí afuera.
